miércoles, 12 de octubre de 2011

19. Conociéndote un poco más


A Sumire el camino se le estaba haciendo larguísimo. Por fin, Shikamaru se paró frente a una casa y tocó el timbre.
- ¿Vives aquí?
Shikamaru pensaba que aquella había sido una pregunta bastante tonta; a él, sus piernas parecían no querer obedecerle más.
Un chica algo menor que Shikamaru, parecida a él, solo que con rasgos más femeninos, los ojos más grandes y el pelo muy largo y suelto, abrió la puerta.
- ¡Mamá! - gritó al verle allí, cargando con esa chica a la espalda - ¡Shika se ha encontrado algo!
- ¡Déjame pasar! - gruñó Shikamaru.
- ¡Vas a mojarlo todo, inútil!
- ¡Qué me dejes, pelmaza!
La chica se apartó y Shikamaru entró. Sumire bajó de su espalda y el chico se estiró.
- Gracias Shikamaru.
- ¡Mamá! - volvió a gritar - ¡Tu hijo ha secuestrado a una chica!
- ¿Qué pasa? - dijo un hombre que era como el clon de Shikamaru pero mayor y con una pequeña perilla, asomándose - ¡Por dios! ¿Qué te ha pasado?
- ¿A que viene tanto…? - su madre, que curiosamente se parecía a la muchacha, se acercó - ¿Dónde te has metido?
- Ella es Sumire - dijo Shikamaru tranquilamente - Es una compañera de clase, me la he encontrado en este lamentable estado.
- Buenas tardes, siento la molestia, su hijo ha sido muy amable y me ha ayudado.
- Pero hija ¿Qué te ha pasado? - añadió la madre alarmada - Pasa, pasa bonita, quítate ese chubasquero ¡pero si estás empapada!
- No, no mucho. Shikamaru se ha mojado más.
- Shikamaru ¡Tráele uno chándal tuyo!
- Señora yo no…
- O mejor, uno de Chiharu.
- ¡No! - gritó la hermana - ¡Que éste no entre en mi cuarto! Yo lo traigo.
- No, mejor no, que suba arriba, vamos.
Shikamaru se estaba quitando las zapatillas.
- Chiharu lleva el chándal al aseo de arriba, ¡vamos Shika, espabila, que es para hoy!
- Pero señora…
- Nada, nada, ahora mismo Shikamaru te sube arriba, te quitas esa ropa y te lavas un poco. Y tú - dijo dirigiéndose a su hijo - Por una lavadora con su ropa y luego la secadora ¿entiendes?
- Si… vale.
- ¿Cómo has dicho que te llamas, bonita?
- Sumire Sawanaguchi, señora.
- ¿Y que hacías en la calle con éste tiempo?
- Es que tengo que imprimir unas cosas.
- Shikamaru te las imprimirá ¿me escuchas?
- Siiiii - contestó pesadamente.
- Que le prepares algo calentito ¿me oyes? Y no la dejes marcharse hasta que deje de llover o mejor, la acompañas ¿y mis huevos? ¿Has traído los huevos?
- No me ha dado tiempo.
- ¿Cómo que no te ha dado tiempo?
Shikamaru optó por no contestar.
- Ya está - dijo Chiharu regresando - Te he dejado un chándal en el servicio.
- Pero es que yo…
- No te olvides de los huevos y date prisita que regalan unos flanes.
- Que si… ¡mendokusei!
- Y dale toallas limpias a esta chica.
Un gato de color naranja se acercó a Shikamaru y empezó a olisquear sus piernas. Chiharu le cogió en brazos.
- No te acerques a este, que te va a mojar.
- ¿Te has enterado de lo que tienes que hacer?
- Siiii. Toalla, lavadora, secadora, imprimir, huevos, flanes, algo calentito, acompañar…
- Y pórtate bien - añadió el padre.
- Y también te duchas - habló la hermana - que hueles a ciervo mojado.
- Bueno pues ¿nos vamos o qué? - preguntó el padre.
- Si, ya vamos - respondió la madre - Tú tranquila y descasa bonita y tú, ven y dame un beso.
- ¡Pero si ya nos hemos despedido! - se quejó el chico.
- ¡No me protestes! Estás empapado, cámbiate esa ropa o cogerás una pulmonía. ¡Y no te olvides de los huevos! ¿Eh?
- Ni de dar de comer a Kumiko - agregó la hermana dejando al gato en el suelo - ¡Y ni se te ocurra entrar en mi cuarto!
- Que sí, que vale, ala… largaos.
- Y limpia todo esto hermanito, que mira como lo estás poniendo.
Shikamaru abrió la puerta de la calle.
- Largaos de una vez
- ¿Sabes lo que tienes que hacer, no?
- ¿Otra vez? Que siiiii.
- Y no te olvides de los huevos.
- Que nooooo.
- Volveremos el domingo por la tarde.
- Pasarlo bien.
- ¡Y no toques mis cosas! Adiós asqueroso - se despidió la hermana.
- Si, yo también te echaré de menos.
- Y da de comer a Kumiko.
- Vamos, no te quedes ahí, sube a esta chica arriba.
- ¿Os vais o no?
Sumire estaba alucinada, no había podido decir ni una frase completa.
- Adiós Yo soy Chiharu, la hermana de éste inútil, encantada ¿eh?
- ¡Vamos! - dijo finalmente el padre - O no llegaremos nunca. Que pesadas sois las mujeres ¡por dios!
Por fin todos salieron y Shikamaru cerró la puerta.
- Mi familia - dijo con tono de suplicio - Bueno, sube a mi espalda otra vez.
- No, no, mejor me marcho.
- ¡No digas tonterías! ¿Y lo que tienes que imprimir? Venga, la impresora está arriba.
- Yo no quería molestarte.
- No es molestia, además tengo que lavar tu ropa.
- No hace falta, yo imprimo eso y me voy.
- Ah no, mi madre lo descubriría.
- ¿Cómo lo va a descubrir?
- Mi madre lo descubre todo, venga, arriba.
Sumire volvió a apoyarse en la espalda de su compañero, esta vez la notó húmeda y fría.
- Estás helado, te noto tiritar.
- No es nada, enseguida entraré en calor.
Shikamaru la dejó en la puerta del servicio.
- Pasa, voy a darte una toalla limpia - abrió un armario sacando de él una tolla y una cesta - Lávate un poco.
Sumire miraba su venda manchada de barro.
- Luego te la cambio, no te preocupes, mira, el chándal de mi hermana, hecha tu ropa en esta cesta y déjala en la puerta ¿vale?
- Shikamaru, estoy pasando mucho apuro.
- No te apures, dame tu mochila, la voy a dejar en mi cuarto es… - se alejó para abrir una de las puertas - Es ese. ¡Ah! Te voy a subir las muletas ¿De acuerdo?
- Gracias Shika.
Shikamaru pasó por su cuarto y encendió su ordenador, un pequeño portátil, luego salió y se dirigió a otra habitación, parecía un despacho y allí encendió la impresora. Bajó a por las muletas y las subió, Sumire ya había dejado la cesta con su ropa en la puerta. Tocó esta con los nudillos.
- ¿Sumire?
- Si, dime.
- Mira, voy a salir a por los huevos de mi madre, te dejo sola un rato.
- Bueno, no importa.
- En mi habitación hay un ordenador, te lo dejo encendido, la impresora está en la habitación del fondo, la última del pasillo, tenemos red inalámbrica así que puedes pedir la impresión sin problemas, tiene papel pero no se si tienes que imprimir mucho.
- No te preocupes. Muchas gracias por todo.
- Te dejo las muletas aquí fuera.
- Vale, gracias.
- No creo que tarde demasiado.
- No te preocupes por mí Shika-kun, estoy bien.
Shikamaru analizó si cambiarse o no de ropa, no, mejor lo haría al regresar, después de una ducha calentita. Se puso las zapatillas, estaban heladas y asquerosamente húmedas. En fin, pondría la lavadora cuando volviese, así metería también su ropa. Salió fuera, el aire golpeando su ropa mojada le hizo sentir un frío intenso, casi doloroso "¡Que tarde más problemática! " Pensó.
...
Después de terminar todo lo que tenía pendiente, Sasuke acompañó a Akane hasta la salida. Por el camino se cruzaron con su madre.
- ¿Te vas ya?
- Si señora, ya he puesto a Sasuke al día.
- ¿Te ha gustado el pastel?
- Muchísimo, estaba delicioso ¿sería muy impertinente por mi parte pedirle la receta?
- ¡No, por dios! Se la daré a Sasuke para que te la entregue. Espera un momento, no te vayas, por favor.
La madre de Sasuke se marchó bastante deprisa, cruzándose por el camino con el padre.
- ¿Ya te marchas? Tenias que haberme avisado Sasuke para poder despedirla.
- No se moleste señor, por favor.
- ¿Vives muy lejos?
- Bueno pues no se, vine en autobús con su sobrino, la verdad, no se si sabré volver. Sakura me ha hecho un plano pero no entiendo nada ¿Me podrías decir donde cojo el autobús, Sasuke?
- Sasuke, acompáñala, no podemos permitir que se pierda.
- Oh, no hace falta, solo…
- Insisto. Además hace muy mala tarde, mi hijo no sería un caballero si te dejara ir sola ¿verdad?
- Si padre. No es molestia Akane, yo te acompaño.
- Coge mi paraguas, es más grande y os cubrirá mejor.
- Pero yo ya tengo…
- Señorita Akane, no me haga insistir, los Uchiha somos muy soberbios.
- Ya vuelvo - decía la madre - Toma querida, ponte esto.
La señora Uchiha llevaba una gabardina en las manos.
- Pero…
- Póntela, está lloviendo a mares.
- Señora Uchiha, gracias por su amabilidad - Akane se puso la gabardina.
- Te queda perfecta. Espero verte más veces por aquí, Akane.
- Muchas gracias por todo, señores Uchiha.
- Cuídala Sasuke.
- El gusto ha sido nuestro, jovencita.
Decidieron ir andando. Sasuke llevaba la cartera y el paraguas.
- Déjame llevar a mí el paraguas hombre, me siento como una inútil.
- Cuando me canse te la doy ¿vale?
- Peor para ti, a veces hay resaber compartir las cargas, aunque puedas tu solo con todo.
- ¿Eso ha sido una metáfora?
- Ha sido algo ¿A que me ha quedado bien?
- A mis padres les has caído bien.
- ¿Tu crees? Deben pensar que soy un ser raro, seguro.
- Y a todo esto ¿Dónde vives?
- Tengo que ir primero a casa de Jisei, he quedado con ella para hacer los deberes, si no los hago hoy tengo el presentimiento de que no los haré.
- ¿Y eso?
- Mañana voy a tener un día movidito.
- ¿Si ganamos vendrás a celebrarlo con nosotros?
- No creas, si me gustaría, pero va a ser imposible.
Así, paseando y charlando llegaron hasta la esquina donde se habían citado el domingo anterior.
- Bueno Sasuke, ya no me acompañes más, no hace falta. La casa está allí, has sido todo un caballero, tu padre puede estar orgulloso.
- Bueno no insistiré, mañana nos vemos.
- Ajá - Akane abrió su paraguas - Tengo un permiso y puedo ir en el autobús, así que forma casi parte del equipo.
- Nos traerás suerte. Toma tu cartera.
- Gracias por todo Sasuke ¡Hasta mañana!
Akane se alejó por el mismo camino que hacía a penas cinco días la había visto acercarse. Sasuke se dispuso a girarse cuando alguien chocó con él.
- Lo siento, yo… ¿Sasuke?
- ¿Iruka-sensei? ¿Estás bien?
- Si, es que no veía por donde iba con esta lluvia. ¿Qué haces por aquí en una tarde tan mala?
- Aozora me ha llevado los deberes y yo la he acompañado, ella no sabía volver.
- Vaya, muy amable de tu parte… y típico de ella. Yo he venido a ver a unos amigos ¿Listo para el gran partido?
- Esperamos hacerlo bien.
- Estupendo. Bueno, que tengáis suerte y paséis a la final.
- ¿Y esta gabardina tan chula? - preguntaba Jisei mientras la examinaba.
- Es de la madre de Sasuke, me la ha dejado.
- Uy, uy, uy ¿Así que tu suegra te presta ya la ropa, eh?
- ¿Quieres que le cuente lo que has dicho a Sakura?
- Creo que no ¿Y como es su madre?
- Es una señora guapa, elegante, con mucha clase.
- Parece que te ha gustado.
- Si, es amable y dulce y tiene una casa… con un jardín… y un salón…. Y…
- ¿Y su padre?
- Serio, muy formal, así como Sasuke.
Sonó el timbre de la casa.
- Ya voy yo - se oyó decir a Kisuke.
- Huele bien - decía Jisei llevándose la gabardina a la cara - ¿Y que te han dicho?
- Me han preguntado por mis padres.
- Claro, seguro que querían saber que clase de familia es la tuya, hay que saber con quien se emparenta uno.
- Hoy estás algo tontita ¿no?
- Hola, buenas tardes - saludó Iruka entrando.
- Iruka-sensei, buenas tardes - habló Jisei.
Iruka se acercó a ella, pegando casi la nariz a la de la chica.
- I-ru-ka - dijo lentamente - Te he dicho que me llames solo Iruka.
- Vale, Iruka - respondió Jisei algo nerviosa.
- Es que no sabe separar su vida privada del instituto - dijo Akane.
- ¿Y tú si, listilla?
- Claro, cuando le veo en el instituto le odio, pero ahora solo le tengo manía, es que me recuerda a uno de mis profesores, no es nada personal.
- Vale, me acabas de golear - dijo Iruka.
- Tú a la pulga no la hagas ni caso - intervino Kisuke.
Kisuke era alto, moreno, con el pelo muy corto y los mismos ojos negros que Jisei.
- Ya está el listo que todo lo sabe abriendo la boca - comentó Akane.
- ¿Qué hacéis? ¿Los deberes? - preguntó Iruka.
- Si - respondió Akane - Los que mi odioso profesor de Biología, que se cree que es el único del instituto, nos ha puesto.
- Ese débese un negrero - afirmó Iruka.
- ¡Ya te digo!
- Bueno, no venía a invitaros a comer mañana, es que el martes es mi cumpleaños.
- ¿Cuántos cumples? - interrogó Kisuke.
- 26
- Jo, que viejo eres - habló Akane - ya tienes más de un cuarto de siglo, sensei.
- Los profesores de Biología son muy rencorosos ¿lo sabías?
- Tú a la pulga ni caso - intervino Kisuke
- Bueno ¿vendréis a comer?
- ¿A la pulga también la invitas?
- Jisei - habló Akane - Abre la ventana que se os ha colado un moscardón.
- Si ella quiere, está invitada.
- Gracias Iruka, te lo agradezco como si fuera.
- Lo digo en serio.
- Mañana tengo que ir al partido y luego haré de niñera con mi hermano pequeño, imposible.
- Oye, antes me he encontrado con Sasuke en la calle ¿Te ha acompañado y todo?
- Han venido los dos juntitos, los dos bajo el paraguas - se burló Jisei - ¿No es bonito?
Akane le lanzó una mirada asesina.
- ¿La pulga y un Uchiha están saliendo?
- ¿Conoces a Sasuke?
- Todo el mundo conoce a los Uchiha.
- ¿Estás saliendo con Sasuke?
- He ido a llevarle los deberes, los mismos que intentamos hacer.
...
Sumire terminó de ponerse el chándal que le habían preparado y abrió la puerta.
- ¿Shikamaru? ¿Te has ido ya?
La habitación de Shikamaru era un cuarto amplio y a juicio de Sumire extrañamente vacío, un armario, un sinfonier, la cama, un escritorio con una silla de apariencia comodísima y ya está. Encima de la cama reposaba una guitarra y su mochila, en el escritorio estaba el ordenador, varios papeles y cuadernos, una carpeta, lápices. En las paredes no había cuadros, ni fotos, solo un corcho en un rincón, eso si, plagado de fotos pinchadas en él. Era lo que se decía una habitación estoica. Sumire cogió su mochila y sacó el pen-drive, se sentó frente al ordenador, en él, un fondo de pantalla de un cielo con blancas nubes le daba la bienvenida. Introdujo el pen-drive y esperó a que el ordenador lo reconociese mirando las papeles que había encima del escritorio "Sueño de una noche de verano" se podía leer en uno de ellos y el nombre de cada uno de la clase, "Vaya, Shikamaru está haciendo sus deberes".
Abrió la carpeta, había un dibujo, era como el dibujo de su foto que había hecho Sai, si, ¿Se lo había hecho uno a Shikamaru? No, no era igual, el que ella había visto los protagonistas estabas a escasos milímetros el uno del otro, a punto de besarse, pero en ese si se estaban besando, y por el gesto dibujado, muy apasionadamente.
- ¡Ala! - exclamó Sumire - ¡Menudo beso!
Sintiéndose como si estuviera espiando a esa pareja, cerró de golpe la carpeta, mejor no seguir mirando.
El ordenador dio un pitido. Y había reconocido el pen-drive. Abrió los archivos y pidió la impresión.
Ahora abrió el cuaderno, en el había partituras de canciones, algunas con la letra escrita debajo de los signos, hojas sueltas con lo que parecía poesías escritas atropelladamente. Miró la guitarra.
- Shikamaru escribe canciones… increíble - Cogió una de las hojas y leyó - ¡Que bonita! ¡Ay, que bonita!
Arrancó una hoja en blanco el cuaderno y copió lo escrito en una de las hojas. Rápidamente la guardó en la mochila. Luego dirigió su interés al ordenador ¿Qué tendría este muchacho? Buscó la carpeta de "mis documentos", estaba protegida por contraseña.
- Ummmh… a ver como piensa esta chico… probemos con "cielo"
Acceso denegado.
- "Nubes"
Acceso denegado.
- ¿Pero que le gusta? Ver el cielo, las nubes, el cielo, vaguear… mirar el cielo…. El cielo…. Las nubes… "kumo" "aoi" "sora"… ¡Ya está!- Triunfante tecleo su idea y dio al enter. La carpeta de abrió - Desde luego, que panolis sois los hombres.
Tenía muchas subcarpetas, canciones, fotos, pero la que llamó la atención de Sumire fue una llamada "Cartas que nunca entregaré" Sumire no pudo evitar echar un vistazo, había bastantes documentos de texto, todos nombrados con una fecha, abrió uno al azar y le echó un vistazo, aquello parecía una carta dirigida a nadie en particular, casi era una diario. Lo cerró asustada.
- ¡Increíble! - murmuró.
Abrió el último de ellos y leyó ¿sería parte de una novela? Decidió mandarlo a la cola de impresión. Cerró todos los documentos y cogió su mochila.
- ¡Serás idiota, Shikamaru! ¿Pues no me he emocionado? Vale Sumire, ya, tranquila, ve a recoger las hojas, no vaya a ser que se atasque la impresora.
...
Sasuke no regresó directamente a su casa, antes pasó por la cafetería donde por las tardes trabajaba Karin ayudando a sus padres. Allí, sentados en una mesa, aburridos, sin hablarse, estaban Juugo y Suigetsu.
- ¡Sasuke-kun! - se acercó melosa a él Karin en cuanto le vio entrar - ¿Cómo es que has venido?
- Quería tomar un café ¿Puede ser? - respondió secamente.
- Claro, siéntate, ahora mismo te lo llevo.
Sasuke se acercó a la mesa de sus amigos.
- ¿Cómo es que te han dejado salir? - preguntó Suigetsu.
- Tenía que acompañar a alguien.
No tardó en aparecer Karin con una taza de café, por supuesto, al gusto de Sasuke. Se sentó a su lado.
- ¿Qué haces? - inquirió Suigetsu - ¿Y tu trabajo?
- Hay poca gente, mi padre me deja tomarme un descanso para estar al lado de mi Sasuke-kun.
- ¡Petarda!
- ¿Tienes algo que decir, inútil?
- Ya, ya… todos sabemos lo que quieres tú de Sasuke ¿A que sí?
- ¿Te parto la boca? - amenazó levantando un puño.
-¡No empecéis! - gruñó Juugo tensando todos los músculos de la cara.
Los dos le miraron casi con miedo. Juugo era un chico tranquilo, hablaba poco y no solía meterse con nadie, pero a veces, cuando algo le molestaba, solía mostrar una faceta totalmente distinta, violenta y bastante agresiva.
- Déjalo Juugo - habló Sasuke.
Juugo le miró y pareció tranquilizarse, relajando el rostro. No se sabía muy bien por qué pero Sasuke parecía tener el don de apaciguarle. En realidad es que él necesitaba creer que así era, siempre se había sentido muy solo e incomprendido, ese carácter suyo no era bien recibido, él único amigo que había tenido en su vida era Kimimaro, pero ahora sus caminos se había separado, no es que ya no fueran amigos, no, seguían siéndolo, muy buenos amigos, solo era que no coincidían tanto.
- Hay una chica en mi clase que me interesa - continuó hablando Sasuke.
- ¿No será la pelirrosa de las narices? - habló molesta Karin.
- No me refiero a Sakura.
- ¿Entonces te gusta otra? - preguntó sarcástico Suigetsu - ¡Chúpate esa, Karin!
- ¿Qué tienes que decir tú desgraciado? ¿Quieres que te recuerde las calabazas que te dio la rubia?
- ¿Eso a que viene ahora?
- ¿No será la rubia, Sasuke?
- ¿Quién? ¿Te refieres a Ino? No, no es ella.
- Lástima, me hubiera gustado que se la restregaras por los morros al cantamañanas éste.
- ¿A ti te gusta Ino?
- La verdad es que está muy bien…
- Cada vez que la ve se pone como una moto - añadió Karin.
- ¿Igual que tú cuando ves a Sasuke?
- ¡Cierra esa boca si no quieres que te la parta! Pero le dio unas calabazas como catedrales ¡Cómo me reí!
- El caso es que quiero que algún día venga con nosotros - les ignoró Sasuke - Quiero que me conozca, que sepa como soy.
- Pues claro Sasuke - habló Juugo - Si es amiga tuya…
- Eso es lo que quiero, que sea mi amiga.
Karin guardó silencio. No le gustaba aquello, no le gustaba nada, pero no diría nada, conocía bien a Sasuke y sabía que los celos y sentimientos de posesión no eran bien recibidos por él, a Sasuke no le gustaba sentirse atado emocionalmente a nadie y menos que le agobiasen ¿Quién sería esa chica?
- Sasuke - dijo al fin - ¿La conocemos?
- Supongo. Es una compañera de clase.
- ¿No será por la que amenazaste a Zenko? - se aventuró Suigetsu - Me lo imaginaba. No está mal, a mi me gustan las rubias pero no le haría ascos.
- Ten cuidado con lo que dices - habló bastante serio Sasuke.
¿Así que era esa cabeza de calabaza? Bueno, no era demasiado especial, sería cualquier capricho de Sasuke, cavilaba Karin, no había problema, ella era una chica paciente, sabía esperar, dejaría que Sasuke se divirtiese todo lo que quisiera, que probase cosas nuevas, al final, se cansaría y ella estaría allí, esperándole. Pero el que fuese paciente no quería decir que fuese tonta o que no lo sintiese.
Karin sentía por Sasuke una atracción que no era capaz de controlar ni de explicar, era algo que la dominaba y la impedía razonar, para ella Sasuke era más que cualquier chico normal y era consciente de lo que le pasaba y también era consciente de que esa atracción podía llegar a dominarla si no conseguía controlarla, por eso le daba toda la libertad que él quisiera, porque si se dejase llevar por sus impulsos puede que Sasuke la apartase de él.
De cualquier forma lo que peor llevaba Karin era el tema de Sakura, por ahí no podía, no la soportaba ¿Quién se creía que era esa niña? Siempre se comportaba como si ella fuese la única amiga de Sasuke, la única con derecho a conocerle ¿Qué se pensaba? ¿Qué Sasuke no tenía más amigos que ella y el rubito? Es que no podía con ella, le molestaba todo, su pelo rosa, sus ojos verdes, su cara de niña buena, su manera de hablar, sus lagrimitas… no, no la soportaba, cada vez que la veía pegada a Sasuke le entraban ganas de tirarla del pelo y…
Respiró hondo, tenía que tranquilizarse, se alteraba demasiado con ese tema ¿Pero que se había creído la niñata esa? Sasuke iba a ser suyo, ya podían ir olvidándose todas esas tontas de él.
- ¿Sabes que te pareces a ella? - comentó burlón Suigetsu.
- ¿Qué dices? ¿Qué yo me parezco a esa? - gritó enfurecida - ¡Ni en el blanco de los ojos, fíjate lo que te digo!
- Pero las dos tenéis gafas y el pelo así…
- ¡No compares! ¡Yo no tengo el pelo color calabaza!
- ¿Estáis listos para el partido de mañana? - preguntó Sasuke.
- Listos y en forma - contestó Suigetsu.
- He invitado a Sakura y a Ino, espero que si nos juntamos seáis amables con ellas.
Karin se sintió más que molesta ¿Por qué las invitaba a ellas? ¿Qué se traía Sasuke entre manos?
- Eso díselo a ésta.
- ¡Tú te callas! Yo haré lo que Sasuke-kun me pida, y si quiere que sea amable, lo seré.

martes, 6 de septiembre de 2011

18. La mitad de un corazón confuso


El viernes amaneció lloviendo. Akane detestaba los días de lluvia y más si eran viernes, los viernes nunca traían nada bueno, todo lo desagradable que le había pasado había comenzando un viernes, una enfermedad, una riña, una mala noticia… siempre pasaban cosas raras los viernes, le traían mala suerte y más si llovía, ese ambiente triste y melancólico que se formaba era odioso. Para empezar bien un viernes lluvioso, Neji le había dicho:
- Hoy llevarás tú los deberes al Uchiha.
- ¿Yo? ¿Por qué yo?
- Tú eres la subdelegada ¿no?
- Pero yo se los llevo a Shino y tú a Sasuke, en eso quedamos. A ti te coge más cerca su casa.
- Ayer me pidió que se los llevaras tú, dice que quiere hablar contigo. Mira, no sé que historia os traéis entre manos pero resolverla pronto y no me metáis a mi, yo no quiero saber nada.
- Esta bien, se los llevaré
Y es que Neji era una persona a la que era imposible no hacer caso, te miraba con esos ojos y ese gesto tan serio y formal que cuando te decía "tírate por un puente" tu contestabas "¿por qué lado?" Por eso era ideal para ser el delegado, porque nadie cuestionaba sus "proposiciones".
"Desde luego que ya podía Sasuke haberme dicho ayer lo que quería" pensó Akane "Ayer vino al ensayo… está tonto este chico" Shino y él estaban cumpliendo la sanción impuesta por Tsunade por amenazas a otro alumno, dos días de expulsión, pero habían venido al ensayo, eso era extraescolar"ya ves, ganas de tocar las narices que tiene el Uchiha, menuda tontería, ya podría valer con decirle los deberes y lo que tuviera que estudiar por teléfono, pero no… ganas de tocar las narices con tanta formalidad que tiene el Hyuga también"
Al salir de clase decidió ir directamente a casa de Sasuke, sería más sencillo que ir hasta su casa. Le había pedido a Sakura que le indicase como ir, ésta le había dibujado, con toda su buena intención, un plano que Akane comprendía a duras penas "No, si me perderé, fijo" pensaba. También le había dicho que podía coger un autobús que le dejaría muy cerca de su casa. Pensando que debería hacer, si vivir la aventura de perderse o coger el autobús, llegó a la parada, en la que parecía esperar el autobús un chico de 2-1 llamado Tobi. Tobi no era un estudiante cualquiera, no, era otro Uchiha, concretamente era primo de Sasuke y tenía muchos rasgos común de la familia como el pelo y los ojos negros y profundos. Como que era el primo de Sasuke seguro que le ayudaría y le indicaría si allí se cogía ese condenado autobús.
- Perdona Tobi.
- ¡Akane-chan hola! - contestó alegremente.
Bien sabía Akane que debía evitar relacionarse con los alumnos de 2-1 pero es que Tobi era Tobi, él no era como los demás, por lo menos no lo parecía. Tobi era un chico alegre que parecía pasar por la vida a su aire. El daba la impresión de ser amigo de todo el mundo e intentaba caer bien. No parecía que iba a dar problemas y Akane no sabía porqué exactamente estaba en la clase de 2-1, sería porque era amigo de Deidara porque por otra cosa no parecía.
- Perdona Tobi, pero es que tengo un problema.
- Tobi te ayuda, dime.
- ¿Para aquí el autobús para ir a casa de Sasuke?
- ¿Akane-chan quiere ir a casa de mi primo?
- Tengo que llevarle los trabajos de hoy.
- ¡Ah, Tobi recuerda! Sasuke-kun está sancionado ¿se los vas a llevar tú?
- Si, me ha tocado.
- Pues si, aquí para el autobús. Tobi también lo va a coger ¿vamos juntos, verdad?
- Pues te lo agradezco porque no tengo ni idea de cómo ir.
Tobi era todo un personaje, siempre se le veía alegre y tenía esa manía de hablar de él mismo en tercera persona. Parecía algo simplón e inocente, incapaz de matar una mosca, claro que vete tú a saber, a lo mejor era el peor de todos.
- ¿Cómo es que no le lleva los deberes Sakura-chan?
- Eso me pregunto yo, tenía que habérselos dado a ella ¿Cómo no se me ocurrió?
- Akane-chan ¿No fue por defenderte a ti que han expulsado a mi primo?
- Si, supongo que es parte de mi responsabilidad… puff.
- Tobi no entiende.
- No, ni yo, no sé ni lo que digo, odio esta lluvia, me pone de mal humor.
- ¿Por qué mi primo se puso así?
- ¿Así, como?
- Tan violento solo por lo que Zaku te dijo.
- ¡Y yo que sé! Se cree caballero andante o algo así.
- ¿No será que a mi primo le gusta Akane-chan?
- No, que va, es que él es así.
- Tobi comprende por qué a Sasuke le gusta Akane, tiene una buena parte trasera.
- ¿Me estás mirando el culo?
- Tobi se disculpa… ¡lo siento!
- Desde luego… no me esperaba algo así de ti. Pues te voy a decir una cosa: tu parte trasera tampoco está mal.
- ¿Akane-chan le ha mirado el trasero a Tobi? ¿A Akane le gusta el trasero de Tobi?
Akane se echó a reír cuando vio la cara de sorpresa que había puesto el chico,
- Ya viene el autobús.
Subieron y se sentaron en dos asientos que había libres.
- Akane-chan no se parece a Sakura-chan
- No, Sakura te habría puesto un ojo morado.
- Tobi no se refiere solo al carácter, es en todo. Es raro que a Sasuke le gusten dos chicas tan distintas.
- Ah, pero eso es porque yo no le gusto.
- Tobi no cree eso, Tobi sabe muchas cosas.
La expresión del rostro de Tobi cambió radicalmente, de gesto algo bobalicón y alegre pasó a tener un rictus sarcástico en los labios y mirada entre perversa y mal intencionada. A Akane le produjo una mala sensación.
- Ayer vi como mi primo le pedía a su madre que hoy preparara un pastel, un pastel de chocolate - también el tono de su voz había cambiado, ya no parecía infantil.
- ¿Y?
- Sasuke no es de los que piden cosas así, a no ser que hoy esperase a alguien especial. No creo que sea al Hyuga y puesto que vas tú, supongo que es a ti a quien espera.
- Quizás espere a otra persona, quizás él no sabe que soy yo quien le lleva los deberes, quizás haya invitado a alguien.
- No, no. Sasuke nunca invita a nadie.
- Pues quizás ahora sí, a lo mejor ha cambiado, las personas tenemos esa mala costumbre.
De nuevo el chico volvió a poner su cara de simpleza.
- Tobi sabe muchas cosas, pero Tobi es un buen chico y no hablará de Sasuke-kun.
La casa de los Uchiha era una mansión grandiosa, o al menos para Akane, que solo había visto casas como esa en la televisión.
- ¡Bendita chavola! - exclamó - Ya sabía que nos Uchiha estabais bien servidos pero esto es exagerado.
Un pitido indicó que la puerta se iba a abrir. Lentamente una de las puertas de la verja comenzó a abrirse. Akane siguió a Tobi, la entrada en la casa era un bonito jardín.
- Carai… esto es increíble… igualito que mi terraza.
Una señorita vestida de doncella les abrió la puerta principal.
- Buenas tardes Madara-sama - dijo al ver a Tobi.
- Buenas tardes ¿está mi primo, verdad?
- Si, ahora le aviso.
- No deja, ya lo hago yo.
- Madara, cielo - dijo una señora acercándose a él y besándole la mejilla - ¡Cómo me alegro de verte!
- Hola tía Makoto, he venido a acompañar a esta señorita, trae los deberes de Sasuke.
- Buenas tardes, señora Uchiha - saludó respetuosamente Akane.
La madre de Sasuke era una señora muy elegante y guapa, se veía que tenía mucho estilo, nada más verla Akane se quedó deslumbrada por la clase que se veía que tenía, era una señora, señora, a parte, tenía ese gesto dulce y amable tan encantador.
- Encantada ¿Eres compañera de Sasuke?
- Si señora.
- Pasad por aquí… deja allí el paraguas, voy a decir que le llamen, está en su cuarto.
- Yo le aviso, tía.
Tobi se adelantó. Ahora Akane caía en que le habían llamado Madara, claro, ese era su nombre, pero siempre le llamaban Tobi, decía que Madara era el nombre de su padre, estaba tan acostumbrada a llamarle Tobi que ahora le resultaba de lo más extraño que le llamaran Madara, no le pegaba.
Siguió a la madre de Sasuke hasta un gran salón. Sentado en un sillón se encontraba un hombre vestido con un kimono, leyendo el periódico, por su físico, Akane pensó que sería el padre de su compañero.
- Pasa y siéntate bonita - dijo la madre.
- Con permiso.
- Buenas tardes. El padre levantó la vista y la miró.
- ¿Cómo te llamas? - preguntó la madre.
- Aozora, Akane Aozora, señora.
- Pues encantada, siéntate, siéntate.
Akane, algo intimidada se sentó en el sofá, un gran sofá franqueado por dos sillones, en uno de los cuales estaba el señor Uchiha.
- ¿Le traes tú los deberes? - preguntó el padre.
- Si, si señor, yo se los traigo, quizás he venido muy pronto ¿les he molestado?
- No, por supuesto que no pero ?cómo es que no has venido el chico Hyuga?
- ¿Neji? Ah, es que tenía cosas que hacer esta tarde y no iba a poder. Me ha pedido que los trajera yo.
- ¿Tú eres la subdelegada de la clase?
- Pues si, soy yo.
- Debe ser duro ser la subdelegada de un Hyuga.
- Pues no crea, es tan eficiente que él solo se vale para todo.
- Enseguida baja - dijo Tobi regresando - Es que va a ponerse guapete.
- Por supuesto - repuso el padre - Siempre ha que recibir a las visitas correctamente.
- ¿Quieres tomar algo? - le preguntó ahora la madre, intrigada como estaba, pues era la primera vez que una chica que no fuera Sakura, entraba en su casa.
- No, gracias señora, estoy bien.
Mientras Akane pensaba que por qué no se la tragaba la tierra, Itachi entró en el salón.
- Hola - dijo sin mucho entusiasmo.
Llevaba la chaqueta colgada de un hombro y la soltó sobre el otro sillón.
- Hola primo - saludó Tobi.
El padre de Sasuke se limitó a mirarle de soslayo, la madre le saludó con un beso.
- Hola Itachi ¿Qué tal todo?
Itachi se fijó en Akane y se sentó a su lado.
- Buenas tardes, Itachi-san.
- Hombre Aozora ¿Cómo tú por aquí?
- He venido a traer los deberes de Sasuke.
- ¿Conoces a la compañera de Sasuke? - preguntó el padre.
- Es difícil no conocer a Aozora, está metida en todas partes… pertenece al consejo de clubs, como yo.
- ¿Te gusta participar en el instituto? - dijo después de un rato el padre.
- Pues es una forma de mantenerme ocupada.
- Bueno, yo me voy a marchar - dijo Tobi
- Pasa por la cocina y que te den un trozo del pastel que hecho.
- Gracias tía… Akane-chan, ya no veremos…
Akane estaba realmente incómoda y lo que más le incomodaba era la presencia de Itachi y de este, su mirada, era una mirada vacía, en la que no se podía ver ningún tipo de sentimientos, no era una mirada fría, que eso ya sería algo, no era totalmente vacía.
- ¿A que se dedican tus padres? - preguntó de nuevo el señor Uchiha.
Así comenzó una incómoda conversación que a Akane más bien le parecía un interrogatorio sobre su vida familiar y escolar.
- Aozora tiene una vida muy estresada - habló Itachi - Necesita un novio que la relaje.
Itachi se había acercado a Akane para clavar su mirada oscura y vacía en sus ojos.
- ¡Aléjate de ella! - se oyó en voz alta a Sasuke.
Itachi le miró con pesadez y dando un suspiro se levantó. Sasuke se había acercado hasta quedar delante de la chica y frente a él. Itachi le miró y golpeó la frente de su hermano con el dedo corazón.
- Estúpido hermano pequeño - musitó.
Eso era algo que Sasuke no soportaba, apretó con fuerza los puños, Itachi se alejó lentamente.
- Por cierto - dijo volviéndose - No tengas miedo, nunca intentaría ligarme a una niña, no te la voy a quitar y deberíais saber, padres, que ella es la razón por la que vuestro hijo amenazó e hirió a otro alumno - Y sin más, se marchó.
- ¡No le hagáis caso! Ella no tuvo nada de culpa.
Ahora ya si que, Akane, quería que cayese un rayo sobre la casa.
- ¿Fuiste tu la chica a la que defendió?
- Hubiera defendido a cualquiera, no está bien amenazar como él lo hizo a una chica.
- Claro Sasuke - habló dulcemente la madre - Tú hiciste lo que te indicó su conciencia.
Akane se levantó.
- Esto, Sasuke, yo, si quieres te digo…
- Vamos a mi cuarto - Sasuke agarró la cartera de Akane - Mamá ¿quieres subirnos un trozo del pastel que has hecho?
- Por supuesto ¿Qué queréis beber?
- ¿Refresco? ¿Zumo? ¿Batido? - interrogó Sasuke.
- Yo es que no quería molestar…
- No digas tonterías, no es molestia alguna - dijo amablemente la madre - mira, te voy a dar un zumo de varias frutas que he hecho yo misma, si te gusta lo llamaré el "zumo especial Uchiha"
- Anda, ven por aquí.
- Hasta luego señor Uchiha.
Akane miraba todo con gran admiración.
- Vaya casa que tienes - susurró - Debe costar una barbaridad mantenerla limpia.
- ¿Cómo es tu casa?
- Creo que tu salón es más grande que mi casa.
- Anda, pasa Cenicienta, este es mi cuarto de estudio.
Seguía lloviendo. No solamente no llovía menos, si no que encima se había levantado viento. Y allí estaba Sumire, plantada en medio de la calle, con sus muletas y un chubasquero enorme aguantando el chapuzón. Caminaba un poquito y se paraba a descansar otro poquito.
- Vamos Sumire, esto no es nada - se animaba a si misma - Y queda poco.
¿Qué hacía que se encontrase en aquella situación? La maldita fotocopiadora y su enorme bocaza. Su hermana la había llamado pidiéndole que imprimiese un trabajo que había hecho en el ordenador y que necesitaba para mañana a primera hora, vale, eso era fácil, podía hacerlo, solo había que imprimirlo, pero no, la fotocopiadora se había quedado bloqueada y no le daba la gana de imprimir nada. Lo había intentado de todas las formas que sabía, apagando, reiniciando y hasta desinstalando la fotocopiadora… nada, no había forma. Y encima estaba sola en casa, el pánico se adueñó de ella ¿cómo podía pasarle todo lo malo? Además le había dicho a su hermana que lo dejara todo en sus manos, que ella la ayudaría… ¡qué rabia la daba! Tuvo una idea: pasaría el documento al pen-drive, iría a un local de esos que tienen ordenadores y te imprimen lo que sea. Cogió una mochila y se puso el primer chubasquero que encontró, evidentemente era de su padre, bueno, daba igual, bastante difícil era moverse con la muletas como para buscar y se dispuso a la gran hazaña del día.
Caminó otro poquito. Pasó un coche salpicándola. Unos nichos corrían huyendo de la lluvia, uno de ellos tropezó con una de sus muletas haciéndola perder el equilibrio.
- ¡Lo siento! - decía mientras seguía corriendo.
Cayó de rodillas de lleno en un charco.
- ¡Mierda! - gritó tirando las muletas - y se sentó frustrada sobre sus piernas - ¡Mierda!
Los ojos se le llenaron de lágrimas ¿es que todo le tenía que pasar a ella?
- ¿Qué haces en el suelo, criatura?
Se pasó las manos por los ojos, en lugar de secarse las lágrimas de los mojó aún más. Parpadeó, delante de ella había un par de piernas.
- Sumire ¿te encuentras bien?
El dueño de aquellas piernas se acuclilló delante de ella.
- Te estás empapando.
- ¡Shikamaru! - exclamó llorosa al reconocer a su compañero.
- Anda, venga que te ayudo ¿qué te ha pasado?
Shikamaru llevaba un paraguas, pero ayudar a Sumire a levantarse con una sola mano era complicado.
- ¿Qué haces tú por aquí? - le preguntó.
- Mi madre me ha mandado a comprar. Es muy problemática, como este paraguas.
Shikamaru cerró el paraguas y lo dejó en el suelo.
- ¡Pero te vas a mojar!
- Me estorba.
Por fin Sumire se vio otra vez en pié.
- ¿Y tu? ¿Dónde vas con la que está cayendo y esas pintas?
- Necesito imprimir una cosa, es muy importante para mi hermana, ella cuenta conmigo.
- ¡Ah…. mendokusei! - Shikamaru recogió su paraguas del suelo - Anda, vamos a mi casa.
- Pero yo necesito imprimirlo.
- Vale, vale, en mi casa tenemos impresora.
- Pero no hace falta, yo se donde me lo imprimirán.
- Pues con las muletas vas a tardar un montón. Anda, sube a mi espalda que te llevo… venga, en mi casa podrás secarte un poco.
- No, no, no quiero ir a tu casa, quiero imprimir…
- ¡Pero que problemáticas sois las mujeres! Vamos ¿No ves que me estoy empapando?
- Pues abre el paraguas.
- No, no puedo llevarte a ti y al paraguas y las muletas, vamos, sube de una vez o te cojo como a un saco. Trae las muletas ¿No ves que estamos perdiendo el tiempo?
Llena de vergüenza Sumire se subió a su espalda.
- Agárrate fuerte que yo no puedo sujetarte.
- ¿Está muy lejos tu casa?
Shikamaru no contestó. Sumire se encontraba incómoda, la lluvia caía de lleno sobre Shikamaru empapando su ropa y haciendo que fuese pegándose a su cuerpo, incluso su coleta ya no parecía tan tiesa como de costumbre. Shikamaru no hablaba, caminaba todo lo deprisa que el peso y el estorbo de esas muletas que iban chocando con todo le dejaban.
Sasuke había llevado a Akane hasta su habitación de estudio.
- ¿Tienes un cuarto solo para estudiar? - decía totalmente asombrada.
- ¿Tu dónde estudias?
- Yo no tengo ni un cuarto para dormir sola.
- Siéntate aquí - le ofreció una silla frente a su escritorio y él se sentó a su lado - ¿Sois muchos de familia?
- Demasiados… Creo que les he dado una mala imagen a tus padres.
- ¿Y eso? No lo creo.
- Es que tu padre me ha preguntado en que trabajaba mi padre.
- Perdónale, seguramente no quería se indiscreto.
- No es eso, es que le he dicho que tenía dos padres y me ha mirado raro. Mis padres que se divorciaron y se volvieron a casar.
- Bueno mi padre entiende esas cosas, es muy tradicional pero lo entiende. Oye ¿tienes hermanos?
- Más de los que quisiera.
La madre de Sasuke subió llevando una bandeja con dos trozos de pastel y una jarra lleva de un líquido anaranjado.
- ¡Que buena pinta tiene esto! - dijo Akane cuando se hubo marchado mirando el pastel de chocolate con ojos brillantes.
- Mi madre es muy buena cocinera - decía Sasuke mientras servía el zumo
- ¿Tu madre cocina?
- Pues claro ¿Qué creías?
- Vista tu casa, que tendríais un chef particular.
- Pues no, mi madre es la que cocina.
- ¡Ahhhhhh! ¡Que bueno está!
- Sabía que te gustaría.
- Eres malo, esto no se le hace a una golosa como yo. Por cierto ¿Qué querías decirme? Neji dijo que querías hablar conmigo ¿No podías habérmelo dicho ayer?
- No - abrió uno de los cajones y sacó un sobre - Sería para mí un honor que aceptaras esta carta.
Akane le miró dubitativa. Sasuke se levantó y volvió a ofrecerle la carta, esta vez sin atreverse a mirarla a los ojos.
- Por favor, acéptala.
- ¿Me has escrito una carta?
- Es la mejor forma que se para decirte lo que pienso y que nada me interrumpa.
Mientras pensaba que ya podía habérsela dado el lunes en el instituto, Akane cogió el sobre.
- Gracias. Si quieres puedes leerla ahora pero no hace falta que me respondas de inmediato.
¿Qué hacia? ¿La leía ahora o esperaba a estar en su casa? Vaya dilema… si la leía de inmediato Sasuke la observaría y eso la iba a poner nerviosa, pero la curiosidad que sentía era tremenda y a lo mejor en su caso no podía leerla tranquilamente… de todas formas tendría que darle una respuesta. La leería en ese momento.
Al ver que Akane abría el sobre, Sasuke se alejó, acercándose a uno de los ventanales de la habitación y miró al exterior, no quería incomodarla.
Akane leyó la carta con mucha atención. No era una carta muy larga, tampoco es que hubiera mucho en que extenderse para decir lo que decía, era la carta típica de un chico poco hablador aunque de sentimientos intensos. La leyó dos veces, tenía que asegurarse de no malinterpretar nada. De vez en cuando Sasuke giraba la cabeza y la miraba tratando de averiguar que decían sus gestos.
Cuando terminó de leerla, la dobló de nuevo e introdujo en el sobre.
- Sasuke - dijo levantándose, éste te giró - Me siento muy halagada pe…
- Ya - interrumpió el chico mostrando bastante un gesto de decepción - Imagino lo que vas a decir.
- Vamos a hacer una cosa - Akane se acercó a él y le agarró la mano - Primero aclara tus sentimientos hacia Sakura, después, cuando estés seguro, sobretodo de ti mismo, vuelve a dármela, si es que sigues pensando igual.
Levantó la mano de Sasuke y puso el sobre en ella.
- Mi carta es sincera.
- Y yo no lo dudo, pero no puedo aceptar la carta escrita con medio corazón y encima lleno de confusión.
- Crees que soy un crío caprichoso ¿verdad?
- ¡No! Creo que los sentimientos son complicados ¿Por qué no empezamos por ser amigos?
- ¿Querrías ser mi amiga?
- ¿Por qué no iba a querer ser tu amiga? ¿No crees que antes de nada deberíamos conocernos?
- Eso es lo que más deseo: conocerte. Pero ¿tú amigos me aceptarían?
- ¡Eh, que nosotros no somos una secta o algo así! Mis amigos son mis amigos y ellos me aprecian o eso creo, a lo mejor tú les caes mal o no, cualquiera puede venir con nosotros ¡que no somos un grupo secreto cerrado a nuevos integrantes! Eso sí, sin secretos, Sakura, Naruto y los demás deberían saberlo, no creo que fuera normal que salieses con nosotros y se lo ocultaras a ellos.
- Claro, sin secretos, yo tengo derecho a ir con quien quiera. Y tú también ¿no? También alguna vez podrías venir con nosotros.
Akane le sonrió y Sasuke sintió como si algo dentro de él lo celebrase.
"uff, parece que voy capeando el temporal" pensó Akane.
- Hablaré con Sakura, eso ya lo tenía decidido pero necesitaba decírtelo.
Sasuke estaba satisfecho, no había sido tan horrible, esperaba una reacción peor por parte de Akane, quizás que se enfadase u ofendiese, pero no, Akane no estaba enfadada, ni parecía molesta.
- Lo único es que lo haré a mi manera, no quiero apresurarme en nada, tengo que hacer las cosas bien.
- Claro, tú a tu ritmo… Por cierto, allí hay dos trozos de pastel que se están deprimiendo y yo me muero por ese chocolate.
- ¿Vendrás mañana al partido?
- Claro, espero que ganéis, tengo que hacer un buen artículo.
- Si meto algún gol te lo dedicaré.
Sasuke no se sentía mal, al contrario, quizás ahora podría conocerla mejor y también hacer que ella le conociese, quizás ella era la persona capaz de romper esa concha que le recubría.