miércoles, 12 de octubre de 2011

20. En una tarde de lluvia


La impresora estaba a punto de terminar su trabajo. Cuando lo hizo, Sumire guardó todos los papeles en su mochila y se dispuso a regresar a la habitación de su amigo.
Shikamaru regresó. Sin parar de quejarse metió el paraguas en el paragüero, de poco le había servido, aún venía mas empapado y eso que parecía imposible. Se quitó las zapatillas y tiró de su coletero enganchándoselo en la muñeca. Estaba deseando darse una ducha y entrar en calor.
Al oír que entraba, Sumire se acercó a la escalera. Shikamaru subía rápidamente.
- ¡Ah! - chilló Sumire.
- ¡Por dios! - exclamó Shikamaru parándose en seco - ¿Qué te pasa?
- ¿Quién eres tú? - volvió a gritar.
- ¿Sumire, estás tonta? Soy yo.
Sumire abrió mucho los ojos ¿Quién era ese yo?
- ¡Que soy yo! - Shikamaru se cogió el pelo con las manos.
- ¿Shikamaru? ¿Eres tú? ¡Pero si no te conocía!
- ¿Tanto cambio?
- Te juro que me habías asustado.
Shikamaru terminó de subir las escaleras.
- Vengo muerto de frío, voy a darme una ducha, si no te importa.
- No, no, claro.
Sumire le miraba atónita ¿ese era Shikamaru? Pues ella pensaba que su pelo estaba siempre tieso y puntiagudo como su coleta y ahora resultaba que no ¿Ese era Shikamaru? Carai, con el pelo suelto y así, todo mojado, con la ropa pegada a su cuerpo estaba de lo más sexy ¿Pero que estaba pensando? "¡Por dios, Sumire, que es Shikamaru! Tú ya estás flipando".
Le vio meterse en el servicio y ella regresó a su cuarto. Iba a seguir cotilleando. Estuvo mirando las fotos del corcho. Después de varios minutos decidió que sería mejor bajar abajo, ella sola, despacito, así no le daría más trabajo.
Entre lo que había visto y lo que había leído se encontraba como atontada. Se imaginaba a aquel chico que había visto meterse en el baño diciendo aquellas frases que había leído, realmente te sentía atontada. Dejó una de sus muletas apoyada en la pared y se sujetó a la barandilla para disponerse a bajar, bajó un escalón pero como no estaba a lo que tenía que estar, el segundo escalón lo superó dando con su trasero en él y cayéndose la muleta.
- ¡Auh! - se quejó.
El golpe hizo salir a Shikamaru del baño.
- ¿Qué ha pasa…? ¡Sumire! ¿Otra vez en el suelo?
El chico iba envuelto en un albornoz blando. Sumire le miró y le hizo un gesto con los ojos de arriba abajo.
- ¿Qué? - se miró a si mismo - Perdona, voy a ponerme algo, tú no te muevas, ahí quieta, no te muevas, por favor.
Entró en su cuarto cerrando la puerta.
"Jo, ¿Cómo puedo ser tan patosa? Si es que no me sale nada bien".
Shikamaru no tardó en regresar ya vestido.
- A ver ¿Dónde ibas?
- Abajo.
- ¿Y por qué ibas abajo?
- No sé, quería demostrar que puedo bajar sola.
- Ya, ya veo, anda vamos.
Le ofreció su mano para levantarse y en cuanto esta estuvo de pie pasó uno de sus brazos por debajo de sus rodillas y otro por la cintura, levantándola. Sumire, sorprendida, se agarró a su cuello.
- Mira que sois problemáticas las mujeres.
Empezó a bajar lentamente las escaleras. Sumire le miraba, tenía el pelo mojado, cayéndole por los hombros, inconscientemente apoyó la cabeza en su hombro.
- Hueles a coco - dijo.
- Es el champú.
- Ahora no hueles a ciervo mojado, hueles a limpito.
- Es un alivio saber eso.
Shikamaru la llevó hasta el comedor y la depositó en el sofá.
- Y ahora estate quietecita, voy a terminar de adecentarme, sobretodo no te muevas, pon la tele si quieres, toma el mando.
- Shika ¿Desde cuando tienes unos brazos tan fuertes?
- Desde que te traje a caballito.
- ¡No te rías de mí!
- Te diré un secreto, pero no lo cuentes, mi padre me obliga a hacer ejercicio físico, es un pesado - Le guiñó un ojo y se marchó.
- ¡Ay! - suspiró viéndole marchar. De pronto se dio una torta a sí misma - ¡Sumire, espabila!
Encendió el televisor, una pareja se besaba en él, el recuerdo del dibujo de Sai apareció en su mente. Apagó el televisor.
- ¡Pues estamos buenos! - se quejó.
El gatito naranja llegó y se sentó delante de ella. Si no fuera porque era un gato, Sumire juraría que la estaba examinando.
- ¿Tu eres Kumiko?
La gatita de un salto se subió a las piernas de Sumire.
- No, baja, baja, que no sé como trataros.
Pero la gatita tenía sus propios planes y se acurrucó cómodamente.
Shikamaru regresó llevando la cesta, las muletas y la mochila de Sumire. Su pelo ya estaba seco.
- Ya parezco una persona - dijo - Toma tu mochila y las muletas y ahora vamos a cambiar esa venda.
- ¿Vas a cambiar la venda?
- Claro - Shikamaru se quitó algo de la muñeca.
¿Qué era eso? Sumire centró su atención en aquello… era un coletero "¡El enemigo! ¡Se va a volver a hacer la coleta!" Shikamaru se lo puso entre los labios y llevó sus manos al pelo empezando a recogerlo.
- ¡No! - gritó de improviso Sumire, el chico se detuvo desconcertado - ¡No, no, no! - decía mientras negaba rápidamente con la cabeza - ¡No, no!
Shikamaru frunció el ceño, los ojos de Sumire casi parecían suplicar. Sonrió, soltó sus manos del pelo y volvió a enganchar el coletero en su muñeca.
- Bueno - dijo.
Se arrodilló delante de Sumire. Encima de la ropa había unas vendas, esparadrapo y unas tijeras. Levantó la pierna de Sumire apoyándola en las suyas.
- Kumiko, baja de ahí - le dio una palmadita suave, el animalillo maulló y bajó al suelo, comenzando a restregarse por la espalda de Shikamaru - Estate quieta - La gatita trepó por encima de la pierna de Sumire y el pecho del chico hasta poner su cabecita delante de Shikamaru - Vale, vale, me estás clavando la uñas.
Shikamaru le dedicó unas caricias mientras la separaba de él.
- Ale, ya… a trabajar.
Y la depositó en el suelo, Sumire miraba la escena como hipnotizada.
- Es muy mimosa - dijo Shikamaru algo incómodo por el protagonismo que había cogido aquella escena.
- Estás mejor con el pelo suelto ¿Por qué te lo recoges?
- No lo sé, supongo que es la costumbre… es más cómodo.
Con la ayuda de las tijeras comenzó a retirar la venda hasta que no se veía rastro del barro.
- ¿Sabes lo que haces?
- Me vendado muchas patitas de ciervos, supongo que se le parecerá.
Sumire seguía observándose hipnotizada, si que era atento aquel chico. Definitivamente Akane estaba tonta cuando decía que era un antipático.
- ¿Dónde han ido tus padres?
- Tenemos unos terrenillos, nada importante, pero siempre hay que ir a echar un vistazo. Ya está… como nueva. Voy a poner la lavadora y preparar un té ¿Vienes conmigo a la cocina? Lo digo para que no estés sola.
- Ahora voy, ahora voy, es que tengo que llamar a alguien.
- Vale, la cocina está allí, pero procura no caerte.
Sumire quería llamar a Ten-Ten.
- ¿Hola? - la alegre voz de Ten-Ten sonó a través del aparato.
- Ten-Ten, soy yo, necesito que me ayudes - Sumire hablaba bastante bajito.
- ¿Te pasa algo?
- Estoy en casa de Shikamaru.
- ¿Y que haces allí?
- Es muy largo de contar, salí, me caí y él me trajo a su casa.
- ¿Y cual es el problema?
- Que tienes que venir a ayudarme.
- ¿Por qué? ¿Es que ha intentado algo?
- No, no es eso, es que… tienes que venir.
- Pero ¿Qué pasa?
- Que si no vienes estoy viendo que…
- ¿Qué? ¿Y sus padres?
- Estamos solos y se ha soltado el pelo y me ha cambiado la venda y me está lavando la ropa y he visto su dibujo y leído algunas cosas y…. ¡tienes que venir!
- De verdad que no te entiendo.
- ¡Que como no vengas estoy viendo que me enamoro de él!
- ¿Qué? - gritó Ten-Ten, tanto que se oyó por el salón - ¿Tú estás bien?
- ¡Qué vengas! Que mi cabeza está muy tonta.
- Mira, déjate de tonterías, no me voy a creer eso, que estamos hablando de Shikamaru, el chico más perezoso de Konoha ¿Recuerdas? Ese que se queja por todo y que dice que las mujeres somos muy problemáticas.
- No, si razón tienes razón pero… creo que lo he exagerado todo, me he dejado llevar un poco por mi imaginación-
- De todas formas yo vivo lejos de su casa ¿Por qué no avisas a Ino? ¿O a Chouji? Ellos viven cera, incluso Kiba.
- ¿Cómo voy a avisar a Kiba?
- ¿Y por qué no te vas de su casa?
- Porque mi ropa está en su lavadora.
- ¿Estás desnuda?
- Llevo un chándal de su hermana, so tonta.
- Pues no te preocupes. Shikamaru es tan perezoso que no intentará ni acercarse a ti, no te preocupes que con él estás a salvo, cualquier acto en tu contra le causaría muchos perjuicios posteriores y eso es… problemático. Es un pedazo de pan.
- Bueno, vale, pues ala, ya no quiero hablar contigo, me voy a tomar un té con él.
- Vale, ya me contarás - y colgó.
- Esta Ten-Ten no se ha enterado de nada, no me da miedo él, me doy miedo yo.
La cocina era bastante amplia y una de las zonas estaba habilitada como comedor con una gran mesa y sillas a su alrededor.
- Siéntate - habló Shikamaru al ver entrar a Sumire - Enseguida está listo el té. Bueno, he hecho té pero a lo mejor te apetece otra cosa.
- Té está bien. Pero te estás tomando muchas molestias por mí.
- No, a mi también me apetece algo caliente ¿Quieres unas pastas?
- Bueno ¿Qué vamos a hacer mientras se lava la ropa?
- No se ¿Juegas al shogi?
- Me temo que soy nula.
- ¿Al go?
- Tampoco se me da muy bien.
- Vaya pues… ¿al parchís? O podemos ver la tele. Toma tu té, cuidado que quema.
- Shikamaru ¿Tú escribes canciones?
Shikamaru arqueó una ceja.
- ¿Has estado cotilleando mis cosas?
- Ssssi, lo siento.
- Eres una chica mala ¿eh?
Sumire se puso roja como un tomate.
- No te preocupes, si me importara que lo vieras lo habría guardado, tampoco es un secreto.
- Pero yo no sabía que tú…
- Tampoco ha salido nunca el tema.
Se sentó enfrente de ella, al otro lado de la mesa.
- ¿Y compones la música?
- No. Soy negado para la música, no tengo ni pizca de oído musical. Suelo copiar las melodías, ya ves que penoso.
- Pero tocas la guitarra.
- Es muy complicado de explicar el método que sigo.
- ¿Y las letras?
- A veces, algunas de las que hay son traducciones de canciones que encuentro por ahí. Si has visto alguna algo subida de tono te diré que no es mía, son del hermano de Ino.
- ¿El también compone?
- Bueno, quiere hacerse el chulito delante de las niñas y viene por aquí a que le ayude, ya ves que cosa. El es el que suele componer la música y yo le ayudo "arreglándola" un poco como buenamente puedo, es un poco pesado, no se porqué piensa que se me da bien.
- ¿Te gusta tocar?
- A veces quiero expresar sentimientos y no puedo hacerlo de otra forma. La música es bella, que a mi no se me de bien no quiere decir que no la aprecie. Me gusta tocar, suelo fijarme mucho en los movimientos de las manos y trato de imitarlos. Si, podría decirse que cuando me sale bien me gusta tocar.
- ¿Por qué no me cantas algo, Shika?
- ¿Quieres que llueva más todavía?
- También he visto el dibujo de Sai, porque es el de Sai ¿verdad?
- Si, me lo regaló él, de pronto llegó y me lo dio.
- ¿No se lo pediste tú?
- No, me lo dio él, es raro porque no suele dar sus dibujos, ni dibujar para nadie, pero es que Sai es algo raro ya de por sí.
- Pues a mi me dio un dibujo mío.
- Eso será porque le gustas, pero yo no creo que le guste. Será por alguna razón extraña que haya leído vete tú a saber donde.
- ¿No será porque os ha visto besándoos?
- ¿A Akane y a mi? Imposible.
- Pues parece muy realista ¿Te ha visto besarte con otra chica?
Shikamaru pareció dudar un momento.
- Puede.
- Me… me… me han dicho que tu besas muy bien - No podía creer lo que acababa de decir.
- ¿Quién te ha dicho semejante cosa?
- Ino y Sakura.
- ¿Sakura?
- Me dijo que la besaste.
- ¡Anda, es verdad! Pero no creo que ella haya besado a tantos chicos como para comparar razonablemente.
- ¿Te había olvidado de que habías besado a Sakura?
- Será porque eso pertenece a un periodo de mi vida que quiero olvidar.
- ¿Y por qué la besaste?
- Ella me lo pidió.
- ¿Te gusta Sakura?
- No especialmente. Quiero decir que es mona y está bien y es simpática y todo eso pero… no.
- Y… Shikamaru… esto… ¿Tú me darías un beso a mi?
Shikamaru, que acababa de llevarse el vaso de ti a la boca, se quedó congelado tal cual. Sumire le miraba con los ojos muy abiertos. Shikamaru frunció el ceño tratando de analizar la pregunta ¿era retórica? La miró de reojo, la chica estaba a punto de estallar de lo roja que se había puesto.
- Te voy a dar un consejo - dijo después de lo que a Sumire le parecieron horas - No se digas eso nunca a un chico estando a solas con él en su casa.
- ¿Por qué?
- Tu solo hazme caso.
De pronto recordó que Sumire siempre andaba en su mundo y nunca caía en nada, le costaba comprender las indirectas y las directa.
- Bueno Shika, te he pedido un beso ¿Me lo vas a dar?
- ¿Dónde?
- ¿Dónde? Pues aquí mismo.
- No digo que dónde te beso ¿En la mano? ¿En la mejilla? ¿En la frente?
- No, no, me refiero a un beso como el del dibujo.
- Ah… ¿Y por qué quieres que te bese?
- Para saber que se siente, Ino me ha dicho que eres increíble.
- ¿Tú has besado antes a alguien?
- No, por eso quiero saber que se siente.
- Pues entonces deberías pedírselo a alguien que te guste, será más bonito.
- Esto no tiene nada que ver con el amor. Oye ¿Tan horrible sería besarme?
- No es eso, pero no puedes ir pidiendo a cualquier chico que te bese.
- ¡No se lo he pedido a cualquiera! Solo a ti. ¿Por qué no te imaginas que soy otra persona? Una chica que te guste, por ejemplo.
- ¿Eso te parecería bien?
- ¡Vaya excusa más tonta para rechazar a una chica! No eres muy caballeroso, claro, yo no soy Sakura.
- ¡Ahhhhh! ¡Mendokusei!
- ¿Qué tengo yo de malo? ¿Soy muy desagradable? ¿Doy asco? ¿Me huele el aliento?
- ¿No entiendes que yo no puedo ser tan cerdo contigo? Eres mi amiga, eres…
- Un bicho raro, es lo que soy. Si yo solo quiero saber que se siente, si no te voy a pedir más.
- Pero a lo mejor, después de darte un beso, yo quiero otro.
- ¿Y?
- Eres imposible. Shikamaru se levantó y salió.
Sumire se enfurruñó y se cruzó de brazos "Desde luego, para que te fíes de los chicos, cuando no quieres te acosan y cuando quieres, huyen. Tendrá razón Akane y este chico es tonto".
Después de un rato, Shikamaru se asomó por la puerta. De nuevo se había hecho su coleta.
- ¿Te has tranquilizado ya?
- Supongo que te pareceré patética.
- No - volvió a sentarse, llevaba un paquete de tabaco y un mechero que dejó en la mesa - No me interpretes mal, me ha gustado que me lo pidieras, a cualquier chico le gustaría, pero…
- Ya, ya, que se lo pida a otro.
- Dicho así suena fatal.
- Entonces me quedo con las ganas.
Shikamaru sacó un cigarrillo. Sumire le observaba mientras lo encendía. Toda su atención se centraba ahora en aquel cigarrillo, como Shikamaru aspiraba y luego, suavemente dejaba salir el humo en aquellas hondas que parecía querer rodearle.
- Perdona… a lo mejor te molesta, no me he dado cuenta ¿Lo apago?
- No. Me encanta verte fumar.
- Pues debes ser la única.
- ¿Por qué fumas?
- No sé, ahora porque me he puesto nervioso.
- ¿Tú te pones nervioso?
- A veces soy humano. A cualquiera le pone nervioso que una chica guapa te pida un beso, sobretodo si estás con ella en tu casa, a solas.
- ¿Yo te he puesto nervioso?
- Pues claro, y necesito mucha fuerza de voluntad para negarme, no creas. No es por ti, Sumire, no es porque tengas nada malo es solo que… no besaré nunca a ninguna chica más si no… es igual.
- Pero besaste a Ino el otro día.
- Eso fue distinto, lo hice solo por distraerlas, no pensé que fuera un beso - dio una larga calada - Cuando fumo pienso que me preocupa y es como si se fuese quemando y convirtiendo en humo con el cigarrillo.
- Pero no te tragas el humo.
Sonrió y aspiró de nuevo.
- Pero puedo hacerlo - y unos segundos después dejó salir el humo con un leve soplido - Pero me parece asqueroso meter humo en los pulmones.
- Eres un chico curioso, con teorías curiosas.
- Y besarme debe ser como lamer un cenicero ¿No lo habías pensado?
...
Temari había puesto una enorme cartulina en el suelo. Delante de ella, con unas tijeras en la mano, iba recortando fotos de varias revistas y luego cuidadosamente pegándolas, lo había con mucho detenimiento, pensado el lugar exacto donde debían ir.
Cualquiera que la viera pensaría que estaba realizando algún trabajo del instituto pero no, no era así, se trataba de un ejercicio que solía hacer cuando se encontraba intranquila o sentía que la ansiedad comenzaba a rondarle, porque sí, Temari era humana, no era ninguna supermujer con nervios de acero, ella en ocasiones también se sentía intranquila e insegura y esta era una forma de ayudarse a si misma, buscaba imágenes que reflejaban su estado de ánimo actual, las recortaba y formaba un collage con ellas y de esta manera, mientras se concentraba en buscarlas y en analizar como se sentía comenzaba a ordenar sus pensamientos y de alguna forma conseguía entenderse a sí misma.
Kankuro entró en la habitación y se quedó mirándola pensativo.
- ¿Algún problema? - le preguntó después de analizar las imágenes pegadas en la cartulina.
Temari dio un profundo suspiro.
- Estoy como intranquila.
- Eso ya lo veo ¿Por algo en particular?
- Si… bueno… son cosas.
- ¿Te serviría hablar con tu hermano?
- No creo, a lo mejor me pongo más intranquila. Pero no te preocupes, no es nada, ideas extrañas que de pronto se instalan en mi mente.
- Te preocupas demasiado, sea lo que sea seguro que tiene arreglo.
- Si… seguro. Tienes razón, si es un tontería.
Temari miró a su hermano, quizás le vendría bien hablar con alguien, estaba segura de que era una obsesión suya pero era algo que llevaba por dentro y parecía desquiciarla pero ¿Cómo se lo diría? Estaba segura de que Kankuro no lo comprendería, es más, se enfadaría, sus hermanos son muy exagerados para estas cosas, el haber crecido prácticamente solos, sin su madre y con aquel padre esquizofrénico les había vuelto muy suspicaces.
Pero debería hablar con alguien, estas tonterías se disipan cuando hablas con alguien que te ayuda a ver las cosas desde otro punto de vista. El problema que ella tenía es que, como no hablaba, como se lo guardaba dentro, no hacía más que darle vueltas y vueltas y lo magnificaba todo… si, debería hablar con alguien pero ¿Con quien? ¿Hinata? Tenía confianza con ella pero ¿llegaría a tanto? ¿Qué pensaría de ella? ¿Ten-Ten? Era una chica muy amigable y siempre parecía dispuesta a ayudar pero ¿tenía tanta confianza? ¿Shikamaru? Era un chico y además ya sabía lo que le iba a decir… ¿Neji? Imposible, era su amigo pero… no, imposible. ¿Y con Itachi?… ni pensarlo, eso solo la causaría más stress.
¿Por qué de pronto se sentía tan sola?
En la habitación de al lado, Gaara miraba melancólico caer la lluvia detrás de su ventana. Se entretenía mirando las gotitas resbalando por el cristal. En esos momentos le parecían que eran como las vidas de las personas, allí, resbalando, haciendo caminos, juntándose con otras.
La lluvia parecía tener un efecto horrible en Gaara, siempre que llovía se sentía así, decaído, sin fuerzas, parecía que le absorbiera toda su energía, se notaba que él era una persona de secano.
Oyó el timbre del teléfono pero no se movió, siguió mirando a través de la ventana. Al instante oyó la voz de Temari.
- ¡Gaara! - gritaba desde otra habitación - ¡Para ti! Es Neji.
Gaara acudió a atender a la llamada.
- ¿Si?
- Hola Gaara.
- Hola Neji, dime.
- Quería preguntarte si te importaría hacerme un favor.
- ¿Qué favor?
- Mañana vas a ir a ver el partido ¿no?
- Si, Naruto está muy pesado.
- Hinata y yo también íbamos a ir pero me ha surgido un asunto urgente y no puedo y ya sabes que irán los de 2-1.
- Si, claro, irán, es lógico, también juegan de su clase.
- Claro y a eso iba, Hinata quiere ir pero no me gusta la idea de que vaya sola.
- Entiendo.
- ¿Te importaría que pasase por tu casa y la acompañas?
- No, claro que no me molesta, supongo que insistirá mucho en ir ¿no?
- Pues si, y mira, no me quedo tranquilo si va sola, me da miedo que se encuentre con quien ya sabes.
- Tranquilo, iremos juntos. A mi tampoco me gusta la idea de que esté sola.
- Por lo menos hasta que encontréis a Sakura y a Ino.
- Que no te preocupes, Hinata no se quedará sola.
Cuando terminaron de hablar, Gaara colgó bastante desanimado.
- El segundo plato… eso es lo que soy… y siempre seré… el segundo plato… la opción de reserva… si no fuera porque es Naruto…
No hay cosa mas triste que estar enamorado de la chica que a su vez está enamorada de tu mejor amigo, a quien tú le debes tanto… bueno si, que tu mejor amigo, a su vez esté enamorado de otra chica y entonces tú ves, con todo el dolor de tu corazón como ignora a esa chica tan importante para ti, y no lo hace por maldad, no, solo es que no se da cuenta de la suerte que tiene, y tú, imbécil de ti, lo único que deseas es verla feliz, porque su sonrisa llena de calidez tu corazón y eres tan patético que solo quieres ayudarla… aunque te suponga dañarte a ti mismo.
Así es como Gaara veía su situación.
Suspiró ¿Y que iba a hacer? Si alguien en el mundo se merecía a una chica como Hinata, ese era Naruto.

19. Conociéndote un poco más


A Sumire el camino se le estaba haciendo larguísimo. Por fin, Shikamaru se paró frente a una casa y tocó el timbre.
- ¿Vives aquí?
Shikamaru pensaba que aquella había sido una pregunta bastante tonta; a él, sus piernas parecían no querer obedecerle más.
Un chica algo menor que Shikamaru, parecida a él, solo que con rasgos más femeninos, los ojos más grandes y el pelo muy largo y suelto, abrió la puerta.
- ¡Mamá! - gritó al verle allí, cargando con esa chica a la espalda - ¡Shika se ha encontrado algo!
- ¡Déjame pasar! - gruñó Shikamaru.
- ¡Vas a mojarlo todo, inútil!
- ¡Qué me dejes, pelmaza!
La chica se apartó y Shikamaru entró. Sumire bajó de su espalda y el chico se estiró.
- Gracias Shikamaru.
- ¡Mamá! - volvió a gritar - ¡Tu hijo ha secuestrado a una chica!
- ¿Qué pasa? - dijo un hombre que era como el clon de Shikamaru pero mayor y con una pequeña perilla, asomándose - ¡Por dios! ¿Qué te ha pasado?
- ¿A que viene tanto…? - su madre, que curiosamente se parecía a la muchacha, se acercó - ¿Dónde te has metido?
- Ella es Sumire - dijo Shikamaru tranquilamente - Es una compañera de clase, me la he encontrado en este lamentable estado.
- Buenas tardes, siento la molestia, su hijo ha sido muy amable y me ha ayudado.
- Pero hija ¿Qué te ha pasado? - añadió la madre alarmada - Pasa, pasa bonita, quítate ese chubasquero ¡pero si estás empapada!
- No, no mucho. Shikamaru se ha mojado más.
- Shikamaru ¡Tráele uno chándal tuyo!
- Señora yo no…
- O mejor, uno de Chiharu.
- ¡No! - gritó la hermana - ¡Que éste no entre en mi cuarto! Yo lo traigo.
- No, mejor no, que suba arriba, vamos.
Shikamaru se estaba quitando las zapatillas.
- Chiharu lleva el chándal al aseo de arriba, ¡vamos Shika, espabila, que es para hoy!
- Pero señora…
- Nada, nada, ahora mismo Shikamaru te sube arriba, te quitas esa ropa y te lavas un poco. Y tú - dijo dirigiéndose a su hijo - Por una lavadora con su ropa y luego la secadora ¿entiendes?
- Si… vale.
- ¿Cómo has dicho que te llamas, bonita?
- Sumire Sawanaguchi, señora.
- ¿Y que hacías en la calle con éste tiempo?
- Es que tengo que imprimir unas cosas.
- Shikamaru te las imprimirá ¿me escuchas?
- Siiiii - contestó pesadamente.
- Que le prepares algo calentito ¿me oyes? Y no la dejes marcharse hasta que deje de llover o mejor, la acompañas ¿y mis huevos? ¿Has traído los huevos?
- No me ha dado tiempo.
- ¿Cómo que no te ha dado tiempo?
Shikamaru optó por no contestar.
- Ya está - dijo Chiharu regresando - Te he dejado un chándal en el servicio.
- Pero es que yo…
- No te olvides de los huevos y date prisita que regalan unos flanes.
- Que si… ¡mendokusei!
- Y dale toallas limpias a esta chica.
Un gato de color naranja se acercó a Shikamaru y empezó a olisquear sus piernas. Chiharu le cogió en brazos.
- No te acerques a este, que te va a mojar.
- ¿Te has enterado de lo que tienes que hacer?
- Siiii. Toalla, lavadora, secadora, imprimir, huevos, flanes, algo calentito, acompañar…
- Y pórtate bien - añadió el padre.
- Y también te duchas - habló la hermana - que hueles a ciervo mojado.
- Bueno pues ¿nos vamos o qué? - preguntó el padre.
- Si, ya vamos - respondió la madre - Tú tranquila y descasa bonita y tú, ven y dame un beso.
- ¡Pero si ya nos hemos despedido! - se quejó el chico.
- ¡No me protestes! Estás empapado, cámbiate esa ropa o cogerás una pulmonía. ¡Y no te olvides de los huevos! ¿Eh?
- Ni de dar de comer a Kumiko - agregó la hermana dejando al gato en el suelo - ¡Y ni se te ocurra entrar en mi cuarto!
- Que sí, que vale, ala… largaos.
- Y limpia todo esto hermanito, que mira como lo estás poniendo.
Shikamaru abrió la puerta de la calle.
- Largaos de una vez
- ¿Sabes lo que tienes que hacer, no?
- ¿Otra vez? Que siiiii.
- Y no te olvides de los huevos.
- Que nooooo.
- Volveremos el domingo por la tarde.
- Pasarlo bien.
- ¡Y no toques mis cosas! Adiós asqueroso - se despidió la hermana.
- Si, yo también te echaré de menos.
- Y da de comer a Kumiko.
- Vamos, no te quedes ahí, sube a esta chica arriba.
- ¿Os vais o no?
Sumire estaba alucinada, no había podido decir ni una frase completa.
- Adiós Yo soy Chiharu, la hermana de éste inútil, encantada ¿eh?
- ¡Vamos! - dijo finalmente el padre - O no llegaremos nunca. Que pesadas sois las mujeres ¡por dios!
Por fin todos salieron y Shikamaru cerró la puerta.
- Mi familia - dijo con tono de suplicio - Bueno, sube a mi espalda otra vez.
- No, no, mejor me marcho.
- ¡No digas tonterías! ¿Y lo que tienes que imprimir? Venga, la impresora está arriba.
- Yo no quería molestarte.
- No es molestia, además tengo que lavar tu ropa.
- No hace falta, yo imprimo eso y me voy.
- Ah no, mi madre lo descubriría.
- ¿Cómo lo va a descubrir?
- Mi madre lo descubre todo, venga, arriba.
Sumire volvió a apoyarse en la espalda de su compañero, esta vez la notó húmeda y fría.
- Estás helado, te noto tiritar.
- No es nada, enseguida entraré en calor.
Shikamaru la dejó en la puerta del servicio.
- Pasa, voy a darte una toalla limpia - abrió un armario sacando de él una tolla y una cesta - Lávate un poco.
Sumire miraba su venda manchada de barro.
- Luego te la cambio, no te preocupes, mira, el chándal de mi hermana, hecha tu ropa en esta cesta y déjala en la puerta ¿vale?
- Shikamaru, estoy pasando mucho apuro.
- No te apures, dame tu mochila, la voy a dejar en mi cuarto es… - se alejó para abrir una de las puertas - Es ese. ¡Ah! Te voy a subir las muletas ¿De acuerdo?
- Gracias Shika.
Shikamaru pasó por su cuarto y encendió su ordenador, un pequeño portátil, luego salió y se dirigió a otra habitación, parecía un despacho y allí encendió la impresora. Bajó a por las muletas y las subió, Sumire ya había dejado la cesta con su ropa en la puerta. Tocó esta con los nudillos.
- ¿Sumire?
- Si, dime.
- Mira, voy a salir a por los huevos de mi madre, te dejo sola un rato.
- Bueno, no importa.
- En mi habitación hay un ordenador, te lo dejo encendido, la impresora está en la habitación del fondo, la última del pasillo, tenemos red inalámbrica así que puedes pedir la impresión sin problemas, tiene papel pero no se si tienes que imprimir mucho.
- No te preocupes. Muchas gracias por todo.
- Te dejo las muletas aquí fuera.
- Vale, gracias.
- No creo que tarde demasiado.
- No te preocupes por mí Shika-kun, estoy bien.
Shikamaru analizó si cambiarse o no de ropa, no, mejor lo haría al regresar, después de una ducha calentita. Se puso las zapatillas, estaban heladas y asquerosamente húmedas. En fin, pondría la lavadora cuando volviese, así metería también su ropa. Salió fuera, el aire golpeando su ropa mojada le hizo sentir un frío intenso, casi doloroso "¡Que tarde más problemática! " Pensó.
...
Después de terminar todo lo que tenía pendiente, Sasuke acompañó a Akane hasta la salida. Por el camino se cruzaron con su madre.
- ¿Te vas ya?
- Si señora, ya he puesto a Sasuke al día.
- ¿Te ha gustado el pastel?
- Muchísimo, estaba delicioso ¿sería muy impertinente por mi parte pedirle la receta?
- ¡No, por dios! Se la daré a Sasuke para que te la entregue. Espera un momento, no te vayas, por favor.
La madre de Sasuke se marchó bastante deprisa, cruzándose por el camino con el padre.
- ¿Ya te marchas? Tenias que haberme avisado Sasuke para poder despedirla.
- No se moleste señor, por favor.
- ¿Vives muy lejos?
- Bueno pues no se, vine en autobús con su sobrino, la verdad, no se si sabré volver. Sakura me ha hecho un plano pero no entiendo nada ¿Me podrías decir donde cojo el autobús, Sasuke?
- Sasuke, acompáñala, no podemos permitir que se pierda.
- Oh, no hace falta, solo…
- Insisto. Además hace muy mala tarde, mi hijo no sería un caballero si te dejara ir sola ¿verdad?
- Si padre. No es molestia Akane, yo te acompaño.
- Coge mi paraguas, es más grande y os cubrirá mejor.
- Pero yo ya tengo…
- Señorita Akane, no me haga insistir, los Uchiha somos muy soberbios.
- Ya vuelvo - decía la madre - Toma querida, ponte esto.
La señora Uchiha llevaba una gabardina en las manos.
- Pero…
- Póntela, está lloviendo a mares.
- Señora Uchiha, gracias por su amabilidad - Akane se puso la gabardina.
- Te queda perfecta. Espero verte más veces por aquí, Akane.
- Muchas gracias por todo, señores Uchiha.
- Cuídala Sasuke.
- El gusto ha sido nuestro, jovencita.
Decidieron ir andando. Sasuke llevaba la cartera y el paraguas.
- Déjame llevar a mí el paraguas hombre, me siento como una inútil.
- Cuando me canse te la doy ¿vale?
- Peor para ti, a veces hay resaber compartir las cargas, aunque puedas tu solo con todo.
- ¿Eso ha sido una metáfora?
- Ha sido algo ¿A que me ha quedado bien?
- A mis padres les has caído bien.
- ¿Tu crees? Deben pensar que soy un ser raro, seguro.
- Y a todo esto ¿Dónde vives?
- Tengo que ir primero a casa de Jisei, he quedado con ella para hacer los deberes, si no los hago hoy tengo el presentimiento de que no los haré.
- ¿Y eso?
- Mañana voy a tener un día movidito.
- ¿Si ganamos vendrás a celebrarlo con nosotros?
- No creas, si me gustaría, pero va a ser imposible.
Así, paseando y charlando llegaron hasta la esquina donde se habían citado el domingo anterior.
- Bueno Sasuke, ya no me acompañes más, no hace falta. La casa está allí, has sido todo un caballero, tu padre puede estar orgulloso.
- Bueno no insistiré, mañana nos vemos.
- Ajá - Akane abrió su paraguas - Tengo un permiso y puedo ir en el autobús, así que forma casi parte del equipo.
- Nos traerás suerte. Toma tu cartera.
- Gracias por todo Sasuke ¡Hasta mañana!
Akane se alejó por el mismo camino que hacía a penas cinco días la había visto acercarse. Sasuke se dispuso a girarse cuando alguien chocó con él.
- Lo siento, yo… ¿Sasuke?
- ¿Iruka-sensei? ¿Estás bien?
- Si, es que no veía por donde iba con esta lluvia. ¿Qué haces por aquí en una tarde tan mala?
- Aozora me ha llevado los deberes y yo la he acompañado, ella no sabía volver.
- Vaya, muy amable de tu parte… y típico de ella. Yo he venido a ver a unos amigos ¿Listo para el gran partido?
- Esperamos hacerlo bien.
- Estupendo. Bueno, que tengáis suerte y paséis a la final.
- ¿Y esta gabardina tan chula? - preguntaba Jisei mientras la examinaba.
- Es de la madre de Sasuke, me la ha dejado.
- Uy, uy, uy ¿Así que tu suegra te presta ya la ropa, eh?
- ¿Quieres que le cuente lo que has dicho a Sakura?
- Creo que no ¿Y como es su madre?
- Es una señora guapa, elegante, con mucha clase.
- Parece que te ha gustado.
- Si, es amable y dulce y tiene una casa… con un jardín… y un salón…. Y…
- ¿Y su padre?
- Serio, muy formal, así como Sasuke.
Sonó el timbre de la casa.
- Ya voy yo - se oyó decir a Kisuke.
- Huele bien - decía Jisei llevándose la gabardina a la cara - ¿Y que te han dicho?
- Me han preguntado por mis padres.
- Claro, seguro que querían saber que clase de familia es la tuya, hay que saber con quien se emparenta uno.
- Hoy estás algo tontita ¿no?
- Hola, buenas tardes - saludó Iruka entrando.
- Iruka-sensei, buenas tardes - habló Jisei.
Iruka se acercó a ella, pegando casi la nariz a la de la chica.
- I-ru-ka - dijo lentamente - Te he dicho que me llames solo Iruka.
- Vale, Iruka - respondió Jisei algo nerviosa.
- Es que no sabe separar su vida privada del instituto - dijo Akane.
- ¿Y tú si, listilla?
- Claro, cuando le veo en el instituto le odio, pero ahora solo le tengo manía, es que me recuerda a uno de mis profesores, no es nada personal.
- Vale, me acabas de golear - dijo Iruka.
- Tú a la pulga no la hagas ni caso - intervino Kisuke.
Kisuke era alto, moreno, con el pelo muy corto y los mismos ojos negros que Jisei.
- Ya está el listo que todo lo sabe abriendo la boca - comentó Akane.
- ¿Qué hacéis? ¿Los deberes? - preguntó Iruka.
- Si - respondió Akane - Los que mi odioso profesor de Biología, que se cree que es el único del instituto, nos ha puesto.
- Ese débese un negrero - afirmó Iruka.
- ¡Ya te digo!
- Bueno, no venía a invitaros a comer mañana, es que el martes es mi cumpleaños.
- ¿Cuántos cumples? - interrogó Kisuke.
- 26
- Jo, que viejo eres - habló Akane - ya tienes más de un cuarto de siglo, sensei.
- Los profesores de Biología son muy rencorosos ¿lo sabías?
- Tú a la pulga ni caso - intervino Kisuke
- Bueno ¿vendréis a comer?
- ¿A la pulga también la invitas?
- Jisei - habló Akane - Abre la ventana que se os ha colado un moscardón.
- Si ella quiere, está invitada.
- Gracias Iruka, te lo agradezco como si fuera.
- Lo digo en serio.
- Mañana tengo que ir al partido y luego haré de niñera con mi hermano pequeño, imposible.
- Oye, antes me he encontrado con Sasuke en la calle ¿Te ha acompañado y todo?
- Han venido los dos juntitos, los dos bajo el paraguas - se burló Jisei - ¿No es bonito?
Akane le lanzó una mirada asesina.
- ¿La pulga y un Uchiha están saliendo?
- ¿Conoces a Sasuke?
- Todo el mundo conoce a los Uchiha.
- ¿Estás saliendo con Sasuke?
- He ido a llevarle los deberes, los mismos que intentamos hacer.
...
Sumire terminó de ponerse el chándal que le habían preparado y abrió la puerta.
- ¿Shikamaru? ¿Te has ido ya?
La habitación de Shikamaru era un cuarto amplio y a juicio de Sumire extrañamente vacío, un armario, un sinfonier, la cama, un escritorio con una silla de apariencia comodísima y ya está. Encima de la cama reposaba una guitarra y su mochila, en el escritorio estaba el ordenador, varios papeles y cuadernos, una carpeta, lápices. En las paredes no había cuadros, ni fotos, solo un corcho en un rincón, eso si, plagado de fotos pinchadas en él. Era lo que se decía una habitación estoica. Sumire cogió su mochila y sacó el pen-drive, se sentó frente al ordenador, en él, un fondo de pantalla de un cielo con blancas nubes le daba la bienvenida. Introdujo el pen-drive y esperó a que el ordenador lo reconociese mirando las papeles que había encima del escritorio "Sueño de una noche de verano" se podía leer en uno de ellos y el nombre de cada uno de la clase, "Vaya, Shikamaru está haciendo sus deberes".
Abrió la carpeta, había un dibujo, era como el dibujo de su foto que había hecho Sai, si, ¿Se lo había hecho uno a Shikamaru? No, no era igual, el que ella había visto los protagonistas estabas a escasos milímetros el uno del otro, a punto de besarse, pero en ese si se estaban besando, y por el gesto dibujado, muy apasionadamente.
- ¡Ala! - exclamó Sumire - ¡Menudo beso!
Sintiéndose como si estuviera espiando a esa pareja, cerró de golpe la carpeta, mejor no seguir mirando.
El ordenador dio un pitido. Y había reconocido el pen-drive. Abrió los archivos y pidió la impresión.
Ahora abrió el cuaderno, en el había partituras de canciones, algunas con la letra escrita debajo de los signos, hojas sueltas con lo que parecía poesías escritas atropelladamente. Miró la guitarra.
- Shikamaru escribe canciones… increíble - Cogió una de las hojas y leyó - ¡Que bonita! ¡Ay, que bonita!
Arrancó una hoja en blanco el cuaderno y copió lo escrito en una de las hojas. Rápidamente la guardó en la mochila. Luego dirigió su interés al ordenador ¿Qué tendría este muchacho? Buscó la carpeta de "mis documentos", estaba protegida por contraseña.
- Ummmh… a ver como piensa esta chico… probemos con "cielo"
Acceso denegado.
- "Nubes"
Acceso denegado.
- ¿Pero que le gusta? Ver el cielo, las nubes, el cielo, vaguear… mirar el cielo…. El cielo…. Las nubes… "kumo" "aoi" "sora"… ¡Ya está!- Triunfante tecleo su idea y dio al enter. La carpeta de abrió - Desde luego, que panolis sois los hombres.
Tenía muchas subcarpetas, canciones, fotos, pero la que llamó la atención de Sumire fue una llamada "Cartas que nunca entregaré" Sumire no pudo evitar echar un vistazo, había bastantes documentos de texto, todos nombrados con una fecha, abrió uno al azar y le echó un vistazo, aquello parecía una carta dirigida a nadie en particular, casi era una diario. Lo cerró asustada.
- ¡Increíble! - murmuró.
Abrió el último de ellos y leyó ¿sería parte de una novela? Decidió mandarlo a la cola de impresión. Cerró todos los documentos y cogió su mochila.
- ¡Serás idiota, Shikamaru! ¿Pues no me he emocionado? Vale Sumire, ya, tranquila, ve a recoger las hojas, no vaya a ser que se atasque la impresora.
...
Sasuke no regresó directamente a su casa, antes pasó por la cafetería donde por las tardes trabajaba Karin ayudando a sus padres. Allí, sentados en una mesa, aburridos, sin hablarse, estaban Juugo y Suigetsu.
- ¡Sasuke-kun! - se acercó melosa a él Karin en cuanto le vio entrar - ¿Cómo es que has venido?
- Quería tomar un café ¿Puede ser? - respondió secamente.
- Claro, siéntate, ahora mismo te lo llevo.
Sasuke se acercó a la mesa de sus amigos.
- ¿Cómo es que te han dejado salir? - preguntó Suigetsu.
- Tenía que acompañar a alguien.
No tardó en aparecer Karin con una taza de café, por supuesto, al gusto de Sasuke. Se sentó a su lado.
- ¿Qué haces? - inquirió Suigetsu - ¿Y tu trabajo?
- Hay poca gente, mi padre me deja tomarme un descanso para estar al lado de mi Sasuke-kun.
- ¡Petarda!
- ¿Tienes algo que decir, inútil?
- Ya, ya… todos sabemos lo que quieres tú de Sasuke ¿A que sí?
- ¿Te parto la boca? - amenazó levantando un puño.
-¡No empecéis! - gruñó Juugo tensando todos los músculos de la cara.
Los dos le miraron casi con miedo. Juugo era un chico tranquilo, hablaba poco y no solía meterse con nadie, pero a veces, cuando algo le molestaba, solía mostrar una faceta totalmente distinta, violenta y bastante agresiva.
- Déjalo Juugo - habló Sasuke.
Juugo le miró y pareció tranquilizarse, relajando el rostro. No se sabía muy bien por qué pero Sasuke parecía tener el don de apaciguarle. En realidad es que él necesitaba creer que así era, siempre se había sentido muy solo e incomprendido, ese carácter suyo no era bien recibido, él único amigo que había tenido en su vida era Kimimaro, pero ahora sus caminos se había separado, no es que ya no fueran amigos, no, seguían siéndolo, muy buenos amigos, solo era que no coincidían tanto.
- Hay una chica en mi clase que me interesa - continuó hablando Sasuke.
- ¿No será la pelirrosa de las narices? - habló molesta Karin.
- No me refiero a Sakura.
- ¿Entonces te gusta otra? - preguntó sarcástico Suigetsu - ¡Chúpate esa, Karin!
- ¿Qué tienes que decir tú desgraciado? ¿Quieres que te recuerde las calabazas que te dio la rubia?
- ¿Eso a que viene ahora?
- ¿No será la rubia, Sasuke?
- ¿Quién? ¿Te refieres a Ino? No, no es ella.
- Lástima, me hubiera gustado que se la restregaras por los morros al cantamañanas éste.
- ¿A ti te gusta Ino?
- La verdad es que está muy bien…
- Cada vez que la ve se pone como una moto - añadió Karin.
- ¿Igual que tú cuando ves a Sasuke?
- ¡Cierra esa boca si no quieres que te la parta! Pero le dio unas calabazas como catedrales ¡Cómo me reí!
- El caso es que quiero que algún día venga con nosotros - les ignoró Sasuke - Quiero que me conozca, que sepa como soy.
- Pues claro Sasuke - habló Juugo - Si es amiga tuya…
- Eso es lo que quiero, que sea mi amiga.
Karin guardó silencio. No le gustaba aquello, no le gustaba nada, pero no diría nada, conocía bien a Sasuke y sabía que los celos y sentimientos de posesión no eran bien recibidos por él, a Sasuke no le gustaba sentirse atado emocionalmente a nadie y menos que le agobiasen ¿Quién sería esa chica?
- Sasuke - dijo al fin - ¿La conocemos?
- Supongo. Es una compañera de clase.
- ¿No será por la que amenazaste a Zenko? - se aventuró Suigetsu - Me lo imaginaba. No está mal, a mi me gustan las rubias pero no le haría ascos.
- Ten cuidado con lo que dices - habló bastante serio Sasuke.
¿Así que era esa cabeza de calabaza? Bueno, no era demasiado especial, sería cualquier capricho de Sasuke, cavilaba Karin, no había problema, ella era una chica paciente, sabía esperar, dejaría que Sasuke se divirtiese todo lo que quisiera, que probase cosas nuevas, al final, se cansaría y ella estaría allí, esperándole. Pero el que fuese paciente no quería decir que fuese tonta o que no lo sintiese.
Karin sentía por Sasuke una atracción que no era capaz de controlar ni de explicar, era algo que la dominaba y la impedía razonar, para ella Sasuke era más que cualquier chico normal y era consciente de lo que le pasaba y también era consciente de que esa atracción podía llegar a dominarla si no conseguía controlarla, por eso le daba toda la libertad que él quisiera, porque si se dejase llevar por sus impulsos puede que Sasuke la apartase de él.
De cualquier forma lo que peor llevaba Karin era el tema de Sakura, por ahí no podía, no la soportaba ¿Quién se creía que era esa niña? Siempre se comportaba como si ella fuese la única amiga de Sasuke, la única con derecho a conocerle ¿Qué se pensaba? ¿Qué Sasuke no tenía más amigos que ella y el rubito? Es que no podía con ella, le molestaba todo, su pelo rosa, sus ojos verdes, su cara de niña buena, su manera de hablar, sus lagrimitas… no, no la soportaba, cada vez que la veía pegada a Sasuke le entraban ganas de tirarla del pelo y…
Respiró hondo, tenía que tranquilizarse, se alteraba demasiado con ese tema ¿Pero que se había creído la niñata esa? Sasuke iba a ser suyo, ya podían ir olvidándose todas esas tontas de él.
- ¿Sabes que te pareces a ella? - comentó burlón Suigetsu.
- ¿Qué dices? ¿Qué yo me parezco a esa? - gritó enfurecida - ¡Ni en el blanco de los ojos, fíjate lo que te digo!
- Pero las dos tenéis gafas y el pelo así…
- ¡No compares! ¡Yo no tengo el pelo color calabaza!
- ¿Estáis listos para el partido de mañana? - preguntó Sasuke.
- Listos y en forma - contestó Suigetsu.
- He invitado a Sakura y a Ino, espero que si nos juntamos seáis amables con ellas.
Karin se sintió más que molesta ¿Por qué las invitaba a ellas? ¿Qué se traía Sasuke entre manos?
- Eso díselo a ésta.
- ¡Tú te callas! Yo haré lo que Sasuke-kun me pida, y si quiere que sea amable, lo seré.