jueves, 4 de diciembre de 2014

212. Sensaciones confusas

- La verdad es que me dan un poco de pena – comentaba Shizune viendo las caras de consternación que mostraban los alumnos tras la noticia de Tsunade.
- Ha sido una verdadera guarrada – afirmaba en voz baja Tsunade – Pero, así son las cosas, son órdenes de Danzou.
- ¿Y no has podido hacer nada para convencerle? – cuestionaba Anko.
- Nada. No había nada que hacer. Cuando esos viejos se ponen cabezotas no quieren escuchar a nadie y menos aún entrar en razones.
- Todavía tienen suerte de que nos les imponga un castigo más duro – declaraba Ebisu.
- Si, cierto. Al principio querían expulsarlos, decían que eran demasiado conflictivos y que el instituto no necesita alumnos así. Costó mucho convencerles. Pero yo confío mucho en estos chicos, han cambiado y a pesar de sus diferencias sé que van a conseguir hacer algo bueno.
- Te veo muy convencida – comentó Ebisu.
- Claro – respondió Tsunade viendo como Naruto se subí encima de uno de los bancos y llamaba la atención de sus compañeros a gritos – Tienen a Naruto.
- ¡Atención! – gritaba Naruto - ¡Que todo el mundo me escuche!
- A ver ¿Qué te pasa ahora? – se quejaba Zaku.
- Me pasa que no entiendo por qué os estáis poniendo tan nerviosos, ttebayo, si no ha cambiado nada.
- ¿Cómo que no ha cambiado nada? – gruñó Zaku - ¡Todo ha cambado, estúpido!
- ¿Es que te has vuelto más tonto de lo habitual? – gritaba también Sakon.
- ¡Que todo el mundo se calle! – gritó a su vez Sakura – Aunque sea una tontería todo el mundo tiene derecho a dar su opinión. Habla Naruto.
- Gra-Gracias, Sakura-chan… creo. Lo que quiero decir es que todos hemos trabajado duro durante estos meses para preparar unas representaciones y la cosa sigue igual, tenemos que representar algo.
- Eso ya lo sabemos, Naruto – apuntó Kiba – La cosa es que nos hemos estado preparando para otra cosa distinta a la que se nos pide que hagamos.
- Ya lo sé, ttebayo, pero es lo mismo. Nos han cambiado la obra y a vosotros las canciones pero es lo mismo ¿no? Vamos, somos nosotros ¿No vamos a ser capaces de hacerlo? Aún nos quedan dos meses, es mucho tiempo y ya sabemos cómo hacerlo ¿no? ¿De veras no vamos a ser capaces de hacerlo en dos meses?
- En eso tiene razón – le apoyó Tobi – La base ya la tenemos.
- Además – continuó Naruto – Que contamos con los mejores, ttebayo. Tenemos a Sasori como uno de los directores y todos sabemos que Sasori hace películas.
- No, Naruto – rectificó Sasori – Solo hago cortos y video domésticos.
- ¡Qué más da! ¡Vas a ser director de cine, ttebayo! Esto es como dirigir una película ¿No?
- Además Sasori es muy talentoso – añadió Konan – Todos sabemos cómo amas el arte y las cosas bien hechas y esto será como una película.
- Y tenemos también a Deidara – intervino Stella -  No nos olvidemos de Deidara y su “explosión artística”. Seguro que hace de esto todo un espectáculo.
- ¡Pero si Deidara ha desaparecido! – se quejó Kiba.
- Si, pero va a volver – anunció Konan – Además, en cuanto sepa lo que pasa va a querer participar, a él le encantan estas cosas.
- Vale, nosotros aportamos a Sasori y Deidara – habló Suigetsu - ¿Y el otro grupo, qué?
- Ellos tienen a Sakura – habló Sasori – Y a Neji. Ellos son ordenados, organizados, cosa que no somos nosotros y sin contar con que se apoyan unos a otros incondicionalmente.
- Seguramente nos enseñarán a confiar en nuestros compañeros y trabajar en equipo – añadió Konan.
- ¿Qué quieres decir? – protestó Ukon - ¿Qué nosotros no trabajamos en equipo?
- Lo que pasa es que seguimos sin confiar los unos en los otros – contestó Stella – Si, cooperamos pero no nos fiamos y ellos saben confiar los unos en los otros y se ayudan sin pedir nada a cambio.
- Lo importante – interrumpió Naruto – Es que podemos hacerlo. Todos tenemos cosas buenas, solo tenemos que intentarlo, no es tan difícil y si trabajamos juntos será divertido.
- Para empezar tenemos que decidir que musical vamos a hacer – propuso Kankuro – Será mejor que dejemos de quejarnos y empecemos de una vez.
- Eso es – confirmó Temari – Cuanto antes decidamos el musical antes podremos comenzar a trabajar en ello.
- ¡Es que es muy difícil! – se quejó Sumire - ¡Hay montones de musicales!
- Pues habrá que empezar a descartar – declaró Shikamaru – Vamos a empezar a quitar los que no podemos hacer de ninguna forma.
- ¿Cómo cuáles? – pareció burlarse Ukon.
- Pues podemos por empezar descartando “Jesucristo Superstar” – respondió Shikamaru – Es una ópera rock donde todo son canciones, no hay nada de actuación y creo que deberíamos compaginar ambas cosas ¿no?
- Buena idea, ttebayo ¿Veis? ¡Ya tenemos algo! ¡Venga! Vamos a descartar todos los que sean solo canciones.
- Tenemos que buscar algo alegre y divertido – propuso Sumire.
- Cierto – secundó la idea Stella – Lo importante es que divirtamos al público y llamemos su atención, que se lo pase bien.
- Si proponemos algo serio o demasiado solemne lo mismo se aburren – opinó Karin.
- Pues venga, ya tenemos más opciones para descartar – se animó Kiba.
- También habría que tener en cuenta, creo, la cantidad de gente que actúe – habló Juugo – Quiero decir que por ejemplo “La pequeña tienda de los horrores” es estupendo y divertido pero tiene pocos personajes ¿No creéis?
- Salvo la canción de introducción en la que se podría hacer una coreografía, el resto queda reducido a unos pocos – confirmó Jisei – Pero los musicales con grandes coreografías también pueden ser una opción ¿no? Así participaría todo el mundo.
- ¿Veis? – comentaba Tsunade a los profesores – Ya empiezan a trabajar juntos. Esto va a ir bien ¿Quién se queda hoy para ayudarles?
- Yo – contestó Anko – Me toca a mí.
- Pues no te olvides de aconsejarles. Nosotros nos vamos a ira ya.
- ¡Mirad! – señaló de repente Shizune al exterior – Un coche de policía… y viene hacia acá. Creo que ha pasado algo ¡Ay Dios mío! ¿No iba hoy Jiraiya a hablar con Orochimaru?
- Vamos a no ponernos nerviosos Shizune. Seguro que no es nada – habló Tsunade saliendo al encuentro de los policías que habían detenido el coche y salían de él.
 - Shikamaru, un momento – se acercaba a él Sai mirando detenidamente la lista de los musicales que podían realizar – Creo que tengo una idea.
- Pues suéltala.
- Es que aquí hay un musical que creo que cumple todos los requisitos. Es entretenido, cuenta una historia, tiene canciones, se pueden hacer coreografías.
- ¿Cuál?
- ¡Shikamaru! – gritó Sumire - ¿Y si hacemos “Mamma mía”? Es muy divertida y tiene canciones muy bailonas.
- ¿Es esa la que me decías? – preguntó Shikamaru a Sai.
- No, yo me refería a “Hair”. Kankuro, Sumire, Ayumi  y yo fuimos a verla hace poco y nos gustó bastante, las chicas incluso lloraron.
- Las chicas son raras – comentó Shikamaru – Si lloran, les gusta, no hay cosa más problemática.
- Voy a decirles a Sumire y Kankuro que vengan, a ver ellos que opinan.
- No te preocupes, si he visto la película y creo el musical es igual pero en película. Puede ser una buena opción – dijo mirando fijamente la lista de musicales – Además el vestuario no nos supondría grandes problemas, es prácticamente lo mismo que habíamos planeado.
- Solo tendríamos que conseguir los uniformes militares, o algo que pudiese pasar por eso.
- Realmente es muy buena opción. Voy a proponerlo – se dirigió al banco donde se había subido Naruto pero sin hacerlo él - ¡A ver! ¡Atendedme un momento! ¡Tenemos una propuesta! – todos dejaron de charlar entre ellos y le miraron atentamente – Estupendo… Bien, Sai me ha propuesto el primer musical candidato.
- ¿Y a ti quien te ha nombrado nuestro líder? – gruñó Jirobo – Nosotros no tenemos nada que ver contigo, ya tenemos nuestro director y no es un perdedor patético como tú.
- ¿Por qué no cerrarás la boca de una vez? – comentó Chouji como si fuese para él mismo.
- ¿Qué dices, gordito? ¡Habla en voz alta que no ese te oye! – se burló Jirobo.
- ¡Eh! – gritó Tayuya - ¡Deja de meterte con ellos, gordo de mierda! que no sé por qué le llamas tanto “gordo, gordo”, como si tu no lo fueras.
- ¿Ahora te vas a poner de su lado? – dijo en todo cínico Kidomaru.
- ¡Me pongo del lado que me sale de los huevos!– volvió a gritar Tayuya.
- ¡Vale, vale, vale! – terció Konan – Vamos a dejar esto ya, no estamos aquí para discutir entre nosotros. No hemos decidido quienes serán los directores, pero de momento Sai se ha dirigido al suyo, que es el representante de los de teatro, así que, habla Shikamaru.
- Espera – interrumpió Zaku – Tiene razón Jirobo. Mejor empezamos por decidir quiénes van a ser los directores.
- Mendokusei… - se lamentó Shikamaru – Está bien, vamos a decidirlo. De momento yo no me ofrezco voluntario para ser director de nada.
- No te escaquees tan rápido, muñeco – habló Tsuchi – Tu ya eres el director del grupo de teatro y tienes que seguir siéndolo.
- En eso tiene razón – observó Neji – Es que tú fuiste elegido por los profesores. Recuerda  lo dijo Anko cuando nos informó de la sanción, que era una de las condiciones que ponían, que tú y Akane fuerais los directores.
- Pero las cosas han cambiado ahora – le contradijo Ten-Ten.
- Pero, aunque hayan cambiado, las condiciones eran esas - concluyó Neji.
- Vale, así no llegamos a ninguna parte – se quejó Jisei – Lo lógico será que elijamos a un director de cada grupo. Nosotros elegimos a Shikamaru… lo siento, chaval.
- Parece razonable – opinó Konan – Nosotros elegimos a Sasori.
- ¡No corras tanto! – se quejó esta vez Dosu – Kabuto era nuestro director.
- ¡Y Sasori también! – gruñó Karin – Kabuto no está y Sasori ha sido un buen director, además, ya se ha dicho antes, es muy bueno montando espectáculos.
- Entonces está decidido – argumentó Kimimaro con seriedad – Los directores serán Shikamaru y Sasori. A nosotros también se nos obligó a aceptar como directores a Kabuto y Sasori, Kabuto no está pero Sasori si, él lo ha estado haciendo todo este tiempo, es ridículo cambiar ahora.
Kimimaro se había puesto tan serio que nadie se atrevió a decir nada en contra.
- Ahora hay que elegir a los ayudantes – propuso Kiba - ¿No?
- No – le contestó rotunda Tayuya – No me jodas, tío, al final nos vamos a pasar el tiempo discutiendo mamadas. Los ayudantes los elegían los directores ¿no?
- Cierto – confirmó Shikamaru – Eso es cosa nuestra. Supongo que tendremos que elegir uno cada uno, es lo justo. Pues los míos son bastante buenos los dos, la verdad, no se a cuál elegir.
- Yo te ayudo en eso – habló Sasori – Me gustaría que mi ayudante fuese Sakura.
- ¡No mames, tío! – gruñó Ukon – La pavirosa esa es del otro grupo.
- Sakura es muy eficiente, disciplinada, ordenada y yo confío en ella.
- Eso es porque es tu novia, no te jode – refunfuñó Tsuchi.
- Si Sasori dice que es eficiente es porque es eficiente – rectificó Fatora - ¿Alguna vez Sasori ha dicho algo sin motivo o dejándose llevar por sus emociones? – Sasori la miró con condescendencia.
- En realidad Fatora tiene razón – dijo – No he sido yo mucho de hacer cosas llevado por mis sentimientos. Pero lo importante es que Sakura vale para esto.
- Pero ella es del otro grupo – se quejó Zaku.
- ¿Qué otro grupo? – habló Juugo – Ahora todos somos un mismo grupo y tenemos que colaborar para que esto salga bien, así que empezaremos por esto.
- Por mi está bien – opinó Kimimaro – Pienso que hay que buscar lo que más nos convenga y si lo que nos conviene es la actitud de Sakura para ayudar a organizarlo todo pues, que lo haga Sakura.
- Es que si no es Sakura – intervino Karin - ¿Quién va a ser? ¿Quién se ofrece voluntario? Venga, esos voluntarios, a ver ¿Dónde están? ¿Qué? No veo muchas manos. Ahora no ¿Verdad? Mucho protestamos pero cuando se trata de dar la cara y trabajar bien que se lo dejamos a Sakura.
- Por cierto – interrumpió Ten-Ten - ¿Y Sakura quiere? Porque nadie le ha preguntado a ella.
- Yo estoy dispuesta a hacerlo pero solo si no ocasiona discusiones entre nosotros.
- Pues entonces está decidido – sentenció Sasuke.
- ¡Chicos! – se acercaba rápidamente hacia ellos Shizune – Perdonad un momento- Tenéis que dejarlo por hoy.
- ¿Ya? – preguntó Naruto – Pero estamos decidiendo cosas, dattebayo.
- Lo siento pero tenemos que cerrar el instituto. Ha surgido una cosa y nos tenemos que marchar. Venga, id saliendo. Por cierto ¿Habéis decidido los días que vais a ensayar?
- ¿Cómo que los días que vamos a ensayar? – se extrañó Lee.
- Sí, claro. Cada grupo ensayabais días distintos, ahora tendréis que ensayar los mismos.
- A mí no me gustaba ensayar los viernes – declaró Suigetsu.
- Si, los viernes es un mal día – afirmó Tobi – Es mejor hacer planes para salir.
- Nosotros ensayábamos los martes y jueves – declaró Gaara.
- Ya está – se quejó Dosu - ¿Vamos a elegir todo lo vuestro?
Y empezaron de nuevo a discutir.
- Mendokuseeeeei – se lamentó Shikamaru – Esto va a ser muy problemático.
- Bueno que nos tenemos que ir – cortó Shizune – Seguir discutiendo fuera. Vamos.
Mientras salían Jisei observó a Shizune y a los otros profesores. Algo había pasado y algo muy grave porque sus auras estaban completamente alteradas.
- Antes de irnos – habló en voz alta Sakura en las puertas del instituto. Shikamaru iba a decirnos una propuesta ¿Cuál es el musical que querías proponernos?
- ¡Tía, que ya hemos terminado! – protestó Sakon – Ya nos lo dirá mañana
- Pero si nos lo dice ahora podremos ir pensando si nos convence o no – explicó Sakura.
Aún estuvieron un rato discutiendo sobre los días que ensayarían y sobre si era conveniente decidir cuanto antes el musical.
Al final hubo cuatro propuestas iniciales para que empezaran a valorarlas, cuatro propuestas que habían llamado la atención por ser conocidas y por sus canciones porque por alguna razón había que empezar. Estas propuestas fueron,  “Hair”, “Fama”, “Grease” y “Mamma mía”.
Era bastante tarde y Jiraiya sabía dónde encontrar a Tsunade. Hacía horas que había desaparecido y Nawaki estaba preocupado por ella, tenía que haber ido a cenar a su casa pero después de lo que había pasado no se extrañaba de su ausencia, aun así le preocupaba donde podría estar y lo que estuviera haciendo.
Si, allí estaba, en la pequeña taberna que solían frecuentar hacía muchos años ya, por lo menos a Jiraiya le parecía que habían pasado muchos años, toda una vida.
- Quizás ya has bebido demasiado – dijo sentándose en tu taburete a su lado – Póngame lo mismo que a la señorita – pidió al camarero.
- ¿Ya te ha dejado libre? – preguntó Tsunade con voz arrastrada.
- No estaba prisionero. Solo querían tomarme declaración y hacerme unas preguntas ya que fui yo quien encontró el cadáver.
- ¿Y no piensan que te lo has cargado tú?
- ¡Que cosas dices! No. Pero como encontré su cuerpo pues tenía que hacer una declaración. Además no tenía a nadie, estaba solo y he tenido que ocuparme del sepelio.
- ¿Tu? Qué ironía.
- ¿Y qué iba a hacer? De pronto me dio pena que le enterrasen en la fosa de los pobres… Ha muerto solo, como una rata y por muy malo que fuese nadie merece morir así.
- ¿Se sabe ya de que ha… muerto?
- Mañana le hacen la autopsia pero parece ser que todos los indicios apuntan a una sobredosis.
- Que cosa tan rara. No pega con él. Yo creo que se metió en algún lio y… se lo han cargado.
- Quien sabe – dijo alzando los hombros – Es lo que pasa por hacer cosas malas ¿Y tú como lo llevas? Pareces bastante deprimida.
- Es que no me lo puedo creer. No… me lo puedo creer… éramos… alguna vez fuimos amigos ¿Te acuerdas? ¿Dónde han quedado nuestros sueños? Mira lo que ha sido de nosotros… Es duro darte cuenta de… nuestras equivocaciones y de repente me han asaltado un montón de recuerdos… ¿Quién iba a decirnos a nosotros que un día irías a su casa y… encontrarías a Orochimaru muerto? Aún no me lo puedo creer.
Haku se despertó sobresaltado por el ruido de la puerta y parpadeó varias veces mientras sus ojos se habituaban a la penumbra.
- ¿Te he despertado? – preguntó en voz baja Misaki.
- ¿Te encuentras mal?
- No, es solo que no consigo dormirme – contestó sentándose en la cama que ocupaba desde hacía unas semanas.
- ¿No puedes dejar de pensar en tu madre? – cuestionó Haku levantándose para ir a sentarse a su lado.
Tras la misteriosa ausencia de Misaki al instituto, Haku decidió que, siguiendo los consejos de Shikamaru, debía hablar con algún profesor, solo que en lugar de acudir a los profesores, contó sus dudas y sospechas a la persona en la que más confiaba, a su muy querido tío, la persona a la que más admiraba y respetaba, Zabuza Momochi.
Haku sabía que siempre podía contar con Zabuza, fuese lo que fuese, se tratase del tema que se tratase, Zabuza siempre iba a estar ahí para él, como lo estuvo cuando comenzaron sus dudas sobre su orientación sexual y como le ayudó a aceptarse a sí mismo.
Zabuza le escuchó y comprendió sus miedos y al día siguiente fue él quien se presentó en el instituto para hablar con Kakashi.  Según Zabuza, Kakashi y él habían sido compañeros también cuando iban al instituto, no es que fueran los  mejores amigos del mundo pero pertenecieron al mismo club de karate y ambos eran muy buenos, así que fueron seleccionados para representar al instituto en unos campeonatos nacionales y tantos entrenamientos y competiciones terminaron por unirlos en una especie de camaradería.
Esa misma tarde cuando Zabuza llegó a su casa con un gran paquete, fue directo a la habitación de Haku y le dijo “Todo está solucionado pero ahora necesitamos hacer hueco”
Zabuza no hablaba demasiado y Haku no se atrevió a preguntar porque seguro que sus razones tenían. El paquete era una cama plegable y cuando Haku más intrigado estaba llamaron a la puerta y allí estaban, Kakashi junto a Misaki y una maleta.
Desde entonces Misaki había estado viviendo allí pero eso sí, sin que nadie lo supiese. Nadie podía saberlo. Su madre había huido de Orochimaru, había decidido que ya no iba a aguantar más aquella vida pero tenía miedo a las represalias de Orochimaru, a que la obligara a volver o a que decidiese que necesitaba un “castigo”, así que Kakashi la había llevado a una casa de acogida donde se suponía que estaría a salvo y días después llevó a Misaki, no fuera a ser que Orochimaru le utilizase para hacerla daño y era el lugar en el que consideraban que estarían más a salvo.
Pero Orochimaru era inteligente y tenía muchos contactos y no iba a tardar en descubrirlos. Tras hablar con Zabuza y contarle lo que sucedía, ambos, Zabuza y Kakashi habían decidido que Misaki estaba más protegido en casa de Zabuza.
- Deberías dejar de leer esa carta – sugirió Haku al darse cuenta de que Misaki tenía la carta que le había escrito su madre, arrugada de tanto apretarla.
- Es que es lo único que me queda de mi vida. Mi madre se ha ido, ha desaparecido y solo me ha dejado esta carta pidiéndome perdón por haber sido mala madre ¿Y yo que tengo ahora? No tengo nada, solo esta carta, al menos antes tenía una madre y ahora que empezábamos a conocernos y entendernos va y se va.
Haku suspiró y pasó su brazo por los hombros de Misaki. Pobre Misaki, sí que estaba bastante afectado por todo lo que había pasado. No era la muerte de Orochimaru, claro que no, a fin de cuentas nunca le trató bien, así que no debía importarle mucho que le encontraran muerto pero su madre… había desaparecido, había abandonado la casa de acogida donde estaba refugiada y ahora nadie sabía nada de ella.
- ¿Qué voy a hacer? ¿Dónde voy a ir? ¿De qué voy a vivir?
- No debes pensar eso ahora – le acarició el pelo. Quería decirle que no tenía que preocuparse, que podía quedarse allí el tiempo que necesitase, que sus tíos no iban a echarle y que además él le protegería de todo pero sabía que eran ideas que a Misaki le resultarían absurdas.
- A veces pienso que ha sido mi madre quien ha matado a Orochimaru.
- ¡Pero como dices eso!
- ¿Qué no? ¿Por qué no? Lo mismo volvió con él y consiguió mierda de esa y le convenció de… lo mismo…
- ¡Deja de pensar en eso! ¡Qué ideas más retorcidas tienes!
- No son tan retorcidas. Orochimaru tenía muchos enemigos y pueden habérselo cargado o lo mismo fue mi madre, que siempre ha sido una loca y por eso ha desaparecido.
- Que tonterías que dices. No creo que tu madre tuviese la sangre fría necesaria para hacer eso. Anda, anda y no pienses cosas raras. Tu madre se ha ido precisamente porque le tenía miedo y porque quería comenzar una nueva vida.
- Sin mí.
- Lo mismo un día de estos, cuando sepa que ha muerto Orochimaru, regresa.
- ¿Tú crees?
- Pues no sería tan raro.
- ¿Y si no regresa que hago yo? Tengo que empezar a buscarme un trabajo, tengo que…
Haku veía a Misaki tan angustioso y él tenía tantas ganas de calmarlo… No lo pensó, simplemente lo hizo.
Pegó sus labios a los de Misaki.
Ambos se quedaron petrificados y sin saber qué hacer.
No sabían si sentían miedo, vergüenza o qué.
Haku iba a separarse avergonzado de haber hecho aquello cuando una de las manos de Misaki le sujetó del cuello y le obligó a permanecer allí.
La noticia de la muerte de Orochimaru no tardó en ser conocida por los alumnos. Para algunos, la mayoría, solo era una noticia más y mostraban interés según el grado de morbosidad de casa uno. Para otros fue una noticia impactante por lo imprevista. Había quienes no se lo creían o lo que aun creyéndosela parecían consternados. Pero había otros a los que la noticia les afectó para bien o para mal.
Los que habían sido pupilos de Orochimaru no salían de su asombro. Para la mayoría esa noticia era solo una mentira y se negaban a darle crédito. Había que tener en cuenta que Orochimaru habría sido muchas cosas, habría jugado con las leyes, sus actividades eran de lo más sospechosas y cosas peores que se contaban de él, pero, para esos chicos había aparecido en el momento más crucial de sus vidas y les había proporcionado una razón para vivir.
No importaba lo que Orochimaru fuera o lo que les utilizaba, ahora, tras saber la noticia de su fallecimiento, lo único que eran capaces de recordar era aquel lugar al que pudieron llamar hogar… quizás solo fuese una ilusión, un espejismo, pero… el recuerdo estaba ahí.
Al terminar las clases, la mayoría de los exalumnos de Orochimaru, acudieron al tanatorio para despedirse del que fuera su mentor. Los había que realmente sentían tristeza, otros parecían ir más bien para poder creérselo y quizás otros para asegurarse y celebrarlo.
No eran los únicos en ir. Algunos de esos alumnos atraídos por el morbo también iban, aunque a ellos no les afectaba en absoluto. Y luego estaban los que iban porque ahora sentían que tenían que acompañar a sus nuevos amigos y de alguna manera darles apoyo o simplemente estar a su lado por si les necesitaban.
Tal era el caso de Fatora, que acompañó a Karin, Suigetsu y Juugo, Jisei, que quería ir por si Kimimaro la necesitaba, Stella, que no pensaba abandonar a Tayuya, Naruto o Sumire. Y si iban Naruto o Sumire, también irían Kiba, Shino, Ten-Ten o Sakura… al final fueron casi todos.
Tayuya no se había atrevido a entrar a la sala. Se había sentado en uno de los bancos de fuera y Stella la acompañaba. Había frio y Tayuya miraba como su aliento salía en forma de vaho de su boca.
- No hace falta que entres si no quieres – habló Stella después de un rato de silencio.
- No… Tengo que entrar… es solo que… no sé cómo tengo que sentirme. Es que mi relación con Orochimaru es… complicada.
- No era una buena persona, así que si no te sientes demasiado triste creo que no es tan malo.
- Ya sé que no era buena persona, que hacía cosas como darnos a probar drogas, que nos utilizaba y que siempre que nos ayudaba era porque esperaba conseguir algo a cambio… solo que yo… me es difícil… ahora ha muerto y no puedo dejar de recordar que a mí me ayudó, que de no ser por la casa que cedió para que fuese nuestra “Ciudad de los muchachos” yo… yo no sé qué habría sido de mí.
- Es lo que suele suceder – habló Kimimaro de pronto sentándose a su lado – La gente muere y de repente solo se hablan cosas buenas.
- Hace frio aquí fuera ¿no? – comentó Jisei que había llegado detrás de Kimimaro - ¿Por qué no entramos dentro?
- Ve tú si quieres, Jisei, ahora voy yo –sugirió Kimimaro.
- Vale. Si, mejor voy, no vaya a ser que Sumire se meta en algún lio. No me gusta el aura de Zaku cuando la mira y ella es muy inocentona.
- Tampoco olvides, Tayuya – continuó hablando Stella - que gracias a él conociste la cocaína y fumabas porros y que tomaste cosas que a saber qué efectos secundarios te han dejado.
- ¿Tú sabes cómo terminé yo en la Ciudad de los muchachos?
- Si, me lo contó tu madre. Robaste un vestido y te pillaron. Tampoco creo que por robar un vestidito haya que colgarte la etiqueta de delincuente.
- No, pero podía haber sido una delincuente, a saber cómo hubiera terminado.
- O no. Creo que eso de que eras una delincuente en potencia y que podías haber terminado atracando joyerías es una exageración de Orochimaru para asustar a tus padres. Tayuya, conozco a tu familia, no tienes una mala familia de esas de las que salen gente que van a ser delincuentes seguros. Tus padres son buenas personas, algo exagerados y crédulos, eso sí y de eso de aprovechó Orochimaru, les llenó la cabeza de miedos.
- En eso Stella tiene toda la razón – opinó Kimimaro – Todos estábamos muy confundidos con Orochimaru. A mí me costó bastante darme cuenta y reconocerlo. Al principio, cuando nos clausuraron la “Ciudad” yo me sentí muy mal, pensé que se me habían cerrado todas las puertas y que no iba a poder superarlo.
- Pero es que tú estabas enfermo y necesitabas la medicina de Orochimaru – alegó Tayuya.
- O no – sonrió Kimimaro – Como ves, he sobrevivido sin su medicina milagrosa. Todos estábamos muy engañados por Orochimaru, era muy listo y sabía cómo manipularnos y hacer que nos sintiésemos en deuda con él. Tú nunca has sido una mala chica, mal hablada, si, no tenías buenos modales, eras bruta, grosera, desagradable a veces…
- Si querías decir algo bueno de ella creo que no lo estás consiguiendo – comentó Stella casi riendo – Perdona, es que me ha hecho gracia.
- Ahora que lo pienso – prosiguió Kimimaro ignorando el comentario de la chica - quizás esos malos modales los habías aprendido conviviendo en la Ciudad, y esa forma de hablar lo mismo fue fruto de las malas influencias.
- Da igual – habló Tayuya - lo importante es que Stella tiene razón y mis padres no me habían educado para ser una delincuente, al contrario, me habían enseñado que no se robaba.
- Entonces – interrumpió Stella -¿por qué robaste ese vestido?
- ¿Sabes por qué robé ese vestido? Porque era precioso y a todo el mundo le gustaba y yo quería…
- ¿Verte preciosa?
- No, qué va. Lo que quería era ser como las demás. Verás, yo nunca he tenido tantas cosas como tú, mi padre gana muy poco, es mayor y tiene un trabajo que le dieron por “humanidad” y mi madre trabaja limpiando casas como la tuya.
- Y ya te he dicho que no lo considero mal, ni nada de eso.
- Si, ya sé que es un trabajo honrado pero no es  a eso a lo que me refiero. Quiero decir que mi madre tampoco gana demasiado y ahorra hasta el último yen. Ella es muy ahorrativa, mucho, tiene miedo a que el día de mañana no pueda trabajar y que mi padre… buah, que lo ahorra todo. Yo nunca he tenido las cosas que tenían las demás en el momento en el que las demás lo tenían, quiero decir que cuando algo estaba de moda mi madre nunca me lo compraba, siempre esperaba a finales de temporada, cuando lo rebajaban de precio.
- Pero tú tienes ropa muy bonita, que he ha hecho tu madre, que yo la he visto.
- Si pero yo… tenía 12 años y quería vestir como las demás niñas y cuando por fin me la compraba resultaba que ya estaba pasada de moda y entonces me sentía siempre fuera de lugar y cuando terminamos primaria en el colegio hicimos unas fiesta y todas mis compañeras iban a   llevar vestidos nuevos y bonitos y yo… ya sé que es una tontería pero vi ese vestido en el escaparate de la tienda y sentí que si iba con ese vestido a la fiesta  yo sería como las demás y… no pude evitarlo, fue como si algo me poseyese y… tenía que llevármelo, total, tampoco parecía que se fueran a dar cuenta…
- Pero se dieron cuenta… Ay Tayuya, con todo lo rebelde que siempre has parecido y resulta que te gustaban los vestiditos, como a todas ¿Y cómo fue que Orochimaru terminó metido en todo ese asunto?
- Pues porque cuando la dependienta de la tienda me llamó la atención yo me asusté mucho y le dije que me había dejado el dinero en casa y que luego pasaría a pagarlo. Me obligaron a dar mi dirección y me dijeron que si en una hora no estaba allí el dinero me denunciarían y yo… solo se me ocurrió acudir a Zaku.
- ¿A Zaku?
- Si porque no podía pedirle el dinero a mi madre y sabía que Zaku había… que antes Zaku birlaba carteras y que estaba con un tío que le ayudaba.
- Orochimaru – sentenció Kimimaro.
- Bueno, ya te puedes imaginar el resto.
- No le debemos tanto a Orochimaru como creemos – habló Kimimaro.
Lo de Kimimaro era distinto a lo de Tayuya. Él estaba dolido con Orochimaru, se había sentido utilizado por él y luego abandonado porque Sasuke se convirtió en su favorito. Él no era como los demás que seguían a Orochimaru, él no era como Zaku o Tayuya, él no era un delincuente de poca monta, ni uno de esos violentos a los que Orochimaru daba apoyo y refugiaba en su casa "la ciudad de los muchachos", él estaba allí con consentimiento de sus padres, es más, fue su madre quien insistió en que siguiera a Orochimaru.
- Kimimaro - llamó su atención Stella al verle levantarse del asiento - ¿Puedo hacerte una pregunta?
- ¿Me vas a preguntar que tengo en contra de Orochimaru?
- Si, eso mismo. Siempre dices que es un manipulador y yo estoy de acuerdo contigo pero tú eras del grupo de Orochimaru y me contaron que una vez Lee y tú tuvisteis un encontronazo.
- Y también lo tuve con Naruto y con Gaara. Sí, no estoy orgulloso de mi actitud pero en mi defensa diré que Kabuto me había llenado la cabeza de ideas paranoicas y las pastillas que tomaba no me ayudaban en nada.
- Entonces es cierto que te drogabas.
- Pero sin yo saberlo, que es lo triste. Se suponía que eran medicinas... Orochimaru supo ganarse mi confianza, se implicaba conmigo, me ayudaba a hacer los deberes, me explicaba lo que no entendía e incluso me enseñó a jugar al baloncesto, también me acompañaba al hospital cada vez que tenía alguna revisión y me llevaba a pescar; para mí era más padre que mi propio padre y empecé por esforzarme en ser lo que Orochimaru esperaba de mí y cuando me pedía que le ayudase con los nuevos medicamentos que estaba investigando por supuesto que me ofrecía como voluntario porque ¿Cómo iba a hacerle daño un hombre tan bueno como Orochimaru?
- ¿Medicamentos?
- Si... medicamentos... - Kimimaro dio un largo suspiro - No sé si sabes que yo tengo una naturaleza un poco débil. De pequeño siempre estaba enfermo, bueno y también influía el que mi madre era un poco... bastante, hipocondríaca.
- O sea que era una exagerada y demasiado protectora – intervino Tayuya.
- Era muy exagerada y muy protectora. Es verdad que yo me constipaba mucho y que los catarros se me agarraban siempre al pecho pero es que ella ponía el grito en el cielo cada vez que me oía toser. Cuando nací tuve un neumotórax, que no sé muy bien lo que es pero que los médicos dijeron que era porque había respirado muy fuerte al nacer... supongo que alguna explicación tuvieron que dar que fuera entendible para mis padres, el caso es que mi madre se culpó, ya sabes cómo son las madres.
- Y desde entonces se dedicó a protegerte de todo, es entendible – sonrió Stella.
- Mi madre es muy histérica, yo creo que por esa razón mi padre y ella terminaron divorciándose, cosa que aún le hizo sobre protegerme más. Yo enfermaba con mucha facilidad, virus que pasaba a mi lado, virus que se quedaba conmigo, creo que todo era un círculo vicioso, enfermaba, me debilitaba, me entraba la anemia y como estaba débil volvía a enfermarme y así una y otra vez.
- Entonces será mejor que entremos – sugirió Stella – No vayas a acatarrarte y  yo me sienta culpable.
Akane, sentada en una de las mecedoras que había en el salón de la casa de los Nara, arropada con una manta, miraba aburrida la televisión aunque no veía gran cosa porque se había quitado las gafas, la molestaban demasiado.
Sacaba una de las manos de debajo de la manta y cogía uno de los pañuelos de papel de la caja que tenía al lado para sonarse enérgicamente.
- ¡Maldito constipado! – gruñía con ojos llorosos.
Ya era mala suerte haberse resfriado, con lo bien que podía estar pasándoselo con Ino y haciendo cosas interesantes y allí estaba, casi encadenada a ese sillón, porque con lo insistente que era la familia de Shikamaru a ver quién era la valiente que se atrevía a levantarse.
Para que no se le hiciera tan aburrida su estancia, la abuela se había empeñado en enseñar a Akane a hacer una manualidad que ella encontraba entretenida y relajante, hacer punto. Y la verdad es que a Akane le interesó pero quizás era porque los ojos no dejaban de llorarle o porque se le caía el moquillo continuamente, el caso es que no conseguía concentrarse ni que le saliera bien.
Impaciente como era para todo, Akane terminó por dejarlo a un lado, estaba claro que no se encontraba en situación de hacer punto y era una lástima porque los colores de las lanas eran bien bonitos y le apetecía hacer unos patuquitos para sus bebés.
El sonido de su móvil parecía activarla. Se incorporó como movida por un engranaje y agarró el teléfono y aún se puso más contenta cuando vio quien la llamaba.
- ¡Shika! ¿Cómo estás? – casi gritó.
- Bien, bien ¿Y tú y mis renacuajos?
- Fatal. Nos hemos constipado, estoy fatal, llena de mocos y me siento inútil.
- Eso te pasa por dormir medio desnuda.
- Y a ti bien que te gusta. Además tengo muchos gases y me duelen los riñones y tu hijo no para de patearme.
- Mendokusei, tú vas a tener de todo ¿Qué te falta por padecer?
- Pues de momento no tengo almorranas ¿Has ido al entierro?
- El entierro es mañana pero no, no he podido ir al tanatorio porque me ha llamado el doctor, el ginecólogo.
- ¿Por qué? ¿Pasa algo? Ya… no me lo digas, me ha vuelto a dar el azúcar alto en los análisis.
- Si, eso mismo. Es un rollo, calabacita, pero te tienen que hacer otros análisis la semana que viene.
- ¿Otra curva?
- Lo siento. Pero mira el lado positivo, el domingo vendrás conmigo a Kenosha y pasarás aquí la semana, podrás ver a tus amigos.
- Si, eso es cierto y estoy deseando ver a todo el mundo.
- Pues entonces ya sabes, ve preparando la maleta.
- Oye, Shika… anda, dímelo – habló en tono mimoso.
- ¿El que?
- Ya lo sabes… es que estoy muy sensible y tus renacuajos y yo queremos oírlo.
Shikamaru chasqueó la lengua.
- ¿Por qué? Si no me dices por qué no te lo digo.
Shikamaru alzó la vista y vio delante de él a Chouji y Ryuko que esperaban a que y le miraban sonriendo con malicia. Al verlos se giró dándoles la espalda y se alejó unos pasos.
Chouji y Ryuko sonrieron aún más.
- Nunca me habría imaginado lo tiernito que puede ponerse Shikamaru – comentaba Ryuko.
- Chisst, que te va a escuchar.
- ¿Qué voy a escuchar? – habló de improviso Shikamaru acercándose de nuevo – Anda, dejad de hacer manitas y vámonos antes de que nos congelemos.
- ¿No se lo has dicho a Akane? – preguntó Ryuko.
- ¿El qué?
- Lo de la prueba que te ha dicho el ginecólogo que tienen que hacerle.
- ¿La amniocentesis? No, no se lo he dicho.
- ¿Y por qué no? – cuestionó Chouji – Deberías habérselo dicho.
- Es que no quiero ponerla nerviosa. Ya sabéis como es, es una exagerada, seguro que empieza a darle vueltas a todo y a pensar que le pasa algo malo o a asustarse por si la van a hacer daño o cosas así y si se pone nerviosa la tensión se le dispara, que es algo que no necesitamos.
- En eso tienes razón – afirmó Chouji – No necesita ponerse nerviosa pero cuando llegue a la clínica y le digan lo que le van a hacer te va a matar.
- Mendokusei, creo que ya encontraré el mejor momento para decírselo.
- Pero no le pasa nada malo ¿verdad? – preguntó Ryuko.
- No… no… solo es para ver la madurez de los pulmones de los bebés… es que ya está de seis meses y… por si acaso.
Ryuko miró a Shikamaru no muy convencida con la respuesta y es que, la cara del chico no transmitía tranquilidad y no era para menos; desde que el médico le dijo que había que hacer esa prueba a Akane, Shikamaru empezó a tener miedo, por más que le aseguró que era solo por precaución y que no había peligro, él no podía dejar de pensar en que algo podría ir mal ¿y si le pasaba algo a Akane? ¿Y si le pasaba algo a alguno de sus niños? Según Asuma eso era ser padre: estar siempre angustiado por si pasaba algo… que problemático era todo.

sábado, 22 de noviembre de 2014

211. La noticia que no gustó a nadie

Jisei respiró profundamente. Estaba sobre su manta para el yoga, con la habitación en penumbra, haciendo una de las cosas que hacía cuando ponía la manta en el suelo, meditar. Abrió los ojos lentamente y volvió a respirar profundamente.
Estaba relajada y era el momento adecuado para echar las cartas. Cuando Jisei se encontraba muy confusa o llena de demasiadas preguntas internas, siempre acudía a sus cartas en busca de consejo.
Tomó su baraja y comenzó a mezclarlas muy despacio, concentrándose en lo que deseaba saber. Cortó las cartas con la mano derecha haciendo tres montoncitos y los volvió a unir sin seguir ningún orden.
Una a una fue sacando las primeras cartas, dándoles la vuelta y colocándolas en el suelo formando una estrella. Dejó las cartas que le sobraban a un lado y se concentró en las figuras que habían salido.
Había muchas cosas que quería consultar.
Aquellas habían sido unas vacaciones de invierno inolvidables para algunos, cruciales para otros. Jisei notaba todos esos cambios y novedades que habían influido en sus compañeros y se sentía abrumada.
No sabía explicar el sentimiento que la invadía, no se podía expresar con palabras pero era algo que notaba, que estaba allí. Quizás era que habían pasado demasiadas cosas en esos últimos meses y nadie parecía haber asimilado tantos cambios del todo.
Todo era tan distinto a como era el año anterior… Lo que confirmaba su teoría de que Sumire era el centro de gravedad; se había marchado y al marcharse todo se descontroló y ahora al regresar de nuevo todo volvía a moverse para colocarse de nuevo en su sitio.
Había pasado una semana de la vuelta a las clases después de las vacaciones de invierno y de nuevo habían sucedido cambios muy importantes.
El más importante de todos fue la expulsión de Kabuto del instituto. Nadie había dicho nada oficialmente, simplemente Kabuto no se incorporó a las clases después de las vacaciones y se dijo que había sido trasladado pero Jisei sí que sabía la verdad.
Alguna ventaja tenía que tener salir con uno de los profesores.
- ¡Jisei! ¡Jisei! – su madre golpeaba la puerta con los nudillos - ¿Estás bien, Jisei?
- Si, sí, estoy bien – respondió tras asustarse un poco ante la insistente llamada de su madre. Estaba tan concentrada en su meditación y en sus cartas que no había oído que la llamasen.
- Ha venido Iruka ¿Le dejas pasar?
- Claro, pasad – contestó poniéndose en pie y acercándose a la ventana para subir la persiana. La luz le molestó ligeramente y parpadeó.
- Me habías preocupado – habló su madre tras abrir la puerta – Sabes que me preocupo cuando tardas en contestar.
- Si, ya lo sé, lo siento. Pasa, Iruka ¿Cómo es que has venido?
- He comprado unos dulces para la merienda – respondió el profesor mostrando una cajita atada con un fino cordón.
- Trae – Rika casi le quitó la caja – Los llevo al comedor. Voy a hacer té para acompañar.
- Ahora vamos, mamá. Pasa, Iruka, no te quedes en la puerta. Voy a recoger todo esto.
Jisei cerró la puerta y sonrió a Iruka.
- No deberías cerrar, tu madre puede mosquearse.
- Pero es que no quiero que, por casualidad, me vea besándote. Me da un poco de vergüenza ¿Por qué has venido?
- Te echaba mucho de menos – dijo cogiendo la cara de Jisei entre sus manos – Verte como te veo en el instituto y no poder… decirte nada, ni mirarte, es una tortura.
Jisei se empinó para besarle y después de hacerlo le dio unos golpecitos en el pecho.
- Eso te pasa por fijarte en alumnas, Umino. Te toca aguantarte, como a mí, es nuestro impuesto por no hacer las cosas como se deben hacer.
- Así que ahora hay que pagar impuestos por enamorarse. Pues ya pago bastantes viéndote tonteando todos los días con tus compañeros.
- Yo no tonteo.
- Pero ellos si – Jisei rompió a reír - ¿De qué te ríes?
- Me encanta que te pongas un poco celosillo pero te advierto que no soporto a los celosos obsesivos, o sea que procura que no se te vaya la pinza.
- Lo único bueno que tiene tu traslado al St. Madeleine es que no veré a los moscones rodeándote. Ojos que no ven…
- Y que es un colegio de chicas, eso también ayuda ¿Eh? Bien, ya están mis cartitas recogidas, ahora guardo la manta y nos vamos a tomar esa merienda.
- ¿Qué es lo que estabas haciendo? ¿Tus brujerías?
- ¿Pero qué dices? Estaba echándome las cartas, tengo muchas dudas y buscaba una respuesta.
- ¿Qué clase de dudas?
- Sobre todo en general. Los ánimos entre mis amigos están bastante alterados.
- Ya. Me imagino que por lo de Kabuto.
- Es que no es para menos. No lo pueden evitar, las pruebas están ahí y la imaginación también.
No es que Iruka fuera un cotillo que andase contando los secretos del instituto a todo el mundo pero la familia de Jisei era prácticamente su familia y sabía que Jisei no iba a contárselo a nadie.
- Recuerda que… - comenzó a hablar Iruka.
- Sabes que no se lo voy a decir a nadie, lo sabes, y no es por falta de ganas porque ganas de decirlo y que todo el mundo lo sepa, tengo y muchas, pero sabes que no lo haré.
- Ya lo sé. Confío en ti – dijo abriendo la puerta para salir de la habitación.
- De todas formas muchos ya se imaginan que Kabuto ha sido expulsado, algunos por pura lógica, como Shikamaru y otros porque los hay como Sakon, Ukon o Zaku que hablan de más. Tampoco es que ellos lo sepan a ciencia cierta pero han escuchado rumores y también sacan sus conclusiones, como que Kabuto está en la cárcel o que ha huido a otro país.
- Si, la imaginación no tiene límites.
- Esté donde esté Kabuto espero que se lleve su merecido. El universo no puede dejarle sin castigo ¿Crees que volverá y querrá vengarse?
- No creo. De todas formas no tienes que preocuparte por eso.
- No sé yo, pero bueno, si tú lo dices… ¿Y si Orochimaru le ayuda?
- Hasta el momento Orochimaru no ha dado señales de vida, quiero decir que no ha aparecido para ayudarle, ni nada.
- Pobre Kabuto, en el fondo me da un poco de pena, Orochimaru le ha utilizado y luego no le ayuda, también es triste.
- Así aprenderá a no fiarse de gente que se dedica a dudosas actividades. Kabuto es joven y está a tiempo de rectificar y cambiar.
- ¿Tu qué crees que le harán? ¿Le llevarán a la cárcel?
- No lo sé, pero me imagino que… no sé, quizás una multa o… es que no tengo ni idea, pero al fin y al cabo él solo ha sido el recadero de Orochimaru… la verdad, ni idea, lo mismo tiene que cumplir un servicio social para la comunidad… no sé. Voy a ver si Rika necesita ayuda.
- No hace falta – apareció Rika llevando una bandeja con una tetera, unos vasos y el plato de dulces – Sentaos a la mesa y vamos a disfrutar de estos dulces. Siempre has sido muy detallista, Iruka, lo que pasa es que me temo que como sigas trayendo bollos y dulces voy a terminar poniéndome muy gorda. Ah, Jisei ¿A que no sabes a quien he visto hoy en la peluquería? A Megumi.
- ¡No me digas! – se sorprendió Jisei - ¿Y que se cuenta?
- Puff, de todo, no te puedes imaginar lo enfadada que está.
- Megumi – se dirigió Jisei a Iruka – Es la madre de Kikyo. Ya sabes que es la mujer de uno de mis primos; es que tengo primos muy mayores.
- Si, ya me contasteis que tu abuela tuvo bastantes hijos y tu padre es el pequeño.
- Es más pequeño de alguno de sus sobrinos. Bueno ¿Y qué te ha contado?
Esa era otra de las cosas también Jisei tenía ganas de decir. Ella sabía bastante del tema de Kikyo y de porqué había sido trasladada de instituto a pesar de lo avanzado del curso. La versión oficial era que se habían mudado de ciudad pero Jisei sabía que esa no era la verdadera razón.
- Ha contado, pues todo eso que ya ha contado a la familia. Que por lo visto a Kikyo le hacían bullying en el instituto y que todo el mundo la tenía una envida horrorosa.
- ¿Eso ha dicho? – preguntó Iruka.
- Si, sí. Estaba muy indignada, dice que el instituto tiene fama de bueno pero que todo es solo apariencia, dice que sería bueno en su época, cuando era director Sarutobi, pero ahora solo está lleno de chusma y delincuentes, desde que admitieron a los alumnos de la academia del tipo raro ese, Orochimaru, y además vino gente de otras ciudades se ha convertido en lo peor de lo peor.
- Así que eso es lo que va diciendo… - reflexionó Jisei.
Jisei reconocía que un poco mal si se habían portado con ella en el instituto, pero es que se lo merecía, no se puede ir drogando a tus compañeros… bueno, estuviese mal o bien lo que hicieron ya no tenía remedio.
La verdad es que Kikyo no pudo más con la presión y terminó confesando a sus padres lo que había hecho ¿Fue causa de la "maldición" que tenía por pisar el piercing de Pain? ¿Era porque no paraban de sucederle cosas malas? Quizás era porque quienes creían saber lo que había pasado poco a poco iban separándose de ella o quizás solo porque esa conciencia que tenía, esa que no podía callar y que por más que se decía que ya había pasado todo, se empeñaba una y otra vez en recordarle que no había estado bien.
- Pero lo importante es que confesó lo que había pasado – hablaba Iruka con su madre. Jisei se sorprendió al darse cuenta que se había ensimismado reflexionando sobre todo lo que había pasado y se había perdido parte de la conversación – Es lo que tenía que hacer y gracias a eso se tuvieron pruebas para expulsar a Kabuto.
- Pero espero que no se haya metido en un lio con ese chico – se preocupaba Rika – Por lo que decís no tiene pinta de ser muy buena persona.
- No creo que vaya a atreverse a hacerle daño a una chica. Una cosa es traficar con drogas y otra cosa sería atentar contra alguien. Hay una línea muy débil, pero yo creo que Kabuto aún no la ha traspasado y que está a tiempo de no hacerlo.
- Al final los padres de Kikyo no son tan permisivos como ella decía – comentó Jisei – Seguramente han obligado a Kikyo a confesar.
- Claro que si – aseguró Rika – Eso es así ¡Pues menudo es tu primo como para no hacer nada! Lo que hizo Kikyo fue algo muy grave, pero mucho, hizo daño a esa chica y podía haber sido peor. No se puede ser tan inconsciente e irresponsable y estoy segura de que algún castigo le ha caído, lo que pasa es que Megumi es como es y no va a decir en público que su hija drogó a una compañera, es más fácil inventarse eso del bullying, queda mejor.
- Y claro, no puede volver al instituto – añadió Jisei.
- Pues sí, su madre va diciendo por ahí que le han hecho bullying y que por eso lo ha dejado – reafirmó Rika – Y que de todas formas no parece apropiado que vuelva, seguramente en el instituto también la han expulsado ¿No, Iruka?
- No sé qué decir porque sus padres pidieron el traslado inmediato pero seguramente se le hubiese impuesto una sanción bastante importante.
- Lo que yo digo. La habrían expulsado, es lo lógico.
- Y que también ella no soportaría estar en el mismo instituto que Sakura – añadió Jisei – Bueno, y que nadie conocido. Luego están los "subordinados" de Kabuto, que lo mismo esos sí que la tomaban con ella, de algunos de esos no me fiaría yo ni un pelo, por ejemplo de Ukon, ese sí que es capaz de hacerla daño.
- Cierto – asintió Iruka – Ha sido lo mejor que deje el instituto ¿Y te ha dicho a qué instituto la trasladan? – preguntó a la madre de Jisei.
- Sí. Es que se mudan por lo visto. Han comprado una casa más grande en las afueras, en una zona mejor y más lujosa.
- ¿Entonces se mudan de verdad? – se asombró Jisei.
- Sí. Por lo visto eso es cierto. Ya tenían ganas de mudarse, creo que lo llevaban pensando varios meses y con todo esto se han decidido. Ahora Kikyo va a ir a un instituto privado, mucho mejor, dónde vamos a parar – dijo con burla.
- ¡Menos mal! – suspiró Jisei – Ya estaba temiéndome que terminaría en el St. Madeleine y la volvería a tener de compañera – miró el reloj que había colgado en la pared – Voy a arreglarme, me tengo que marchar ya, hoy tenemos ensayo y debe ser especial porque Tsunade nos ha convocado junto con los "otros". Lo mismo nos quiere decir el día de la representación ¿Tu sabes lo que nos va a decir?
- Si, si lo sé, pero no puedo decírtelo. No tengo que estropear la sorpresa. Solo te aconsejaré que no llegues tarde.
- Hummh – le miró haciendo una graciosa mueca con la boca – Que sospechoso eres. Que rabia me da no ver tu aura ¿No me acompañas un poco?
- Es que he quedado con Kisuke. Debe estar a punto de venir. Vamos a ir a tomar algo.
- Pues se está retrasando – comentó Jisei mirando de nuevo el reloj.
- Ya no debe tardar – aseguró Rika.
Después de arreglarse y despedirse de su madre, Iruka y su hermano, que acababa de llegar, Jisei salió a la calle rumbo de nuevo al instituto mientras seguía reflexionando sobre todo lo que había pasado durante esas vacaciones de invierno.
Que Kabuto y Kikyo ya no fueran más al instituto había sido impactante pero no había sido lo único importante.
Aquellas vacaciones habían sido muy especiales para varios de sus amigos y para ella misma.
Aquel Año Nuevo había sido el primero que pasó con Iruka en su casa, no como invitado, si no como parte de su familia, como su novio, aunque fuera un secreto que no podía contar aún, no fuera a ser que de alguna forma esa noticia llegase a quien no debía llegar.
Seguro que el año que empezaba iba a ser estupendo. Iba a ser el más importante para Shikamaru y Akane porque iban a nacer sus hijos y empezaban una nueva etapa de su vida, Ino se estaba recuperando, Ryuko y Chouji parecían ir cada vez mejor, se veía a Hinata feliz y con una firme determinación, Neji, que se había ido a pasar unos días a China, a conocer a su familia materna y de paso a pensar sobre sí mismo, había vuelto que parecía otro, renovado… eran muchas cosas las que estaban cambiando y auguraban muchos más cambios.
- ¡Jisei! ¡Estamos aquí! - la llamó Sumire desde una esquina.
Allí estaban, como siempre, esperándola sus amigas, Ryuko y Sumire. No estaba Ten-Ten porque había quedado con Kiba un poco antes para practicar béisbol.
Se acercó a ellas imaginando cual iba a ser el tema de conversación que mantuviesen mientras caminaban. Como ya empezaba a ser habitual desde hacía unos días hablarían de nuevo de Kabuto y Kikyo. Jisei empezaba a pensar que ese iba a ser el tema de conversación por el resto de los tiempos o, en su defecto, hasta que nacieran los bebés de Akane y Shikamaru.
- ¡Hola Jisei! – saludó Sumire con su sonrisa habitual - ¿A que no sabes lo que le ha dicho Chouji a Ryuko? Anda, Ryu-chan, díselo, díselo.
- A ver, Ryuko, venga, dímelo – sonrió también Jisei.
- Pues me ha dicho que Ino está genial y que Kushina le ha dicho que seguramente vuelva a Konoha muy pronto.
- ¿Has visto? – la interrumpió Sumire - ¡Ino se está curando!
- Lo que pasa es que dice que ahora no quiere irse del pueblo de Shikamaru – continuó Ryuko.
- Será que no quiere enfrentarse a la vida real – reflexionó Jisei – Lo mismo le da miedo recaer, a lo mejor en el pueblo de Shikamaru se siente protegida porque está lejos de lo que le provocó la presión que le hizo dejar de comer.
- ¿Tú crees? – curioseó Sumire.
- No sé, es solo algo que se me ha pasado por la cabeza de pronto. O quizás es que allí se siente útil cuidando a la abuela de Shikamaru y a Akane.
- ¡Qué bien nos lo pasamos cuando fuimos a ver a Akane! – cambió de tema Sumire - ¿A que si, Ryu-chan? Qué pena que no pudieses venir, Jisei.
- Ya me hubiera gustado ver a la gordita, ya.
Llegando al instituto se encontraron con Gaara, Hinata y Naruto, que estaba tan emocionado o más que Sumire con la idea de que Ino iba a regresar pronto. El y Hinata se unieron a Ryuko y Sumire hablando de lo bien que se lo habían pasado esos días de vacaciones en el pueblo de Shikamaru, en la nieve, aunque a Naruto te tocase trabajar, que era para lo que él estaba allí.
Gaara y Jisei terminaron andando unos pasos por detrás de ellos. Era algo premeditado que provocó Jisei porque hacía unos días que el aura de Gaara le llamaba la atención y deseaba preguntarle algo.
- Gaara, no te ofendas por lo que te voy a preguntar, ya sabes que yo soy una persona extraña que dice cosas extrañas, pero es que noto tu aura muy… diferente.
Gaara la miró con el mismo gesto habitual en él, tampoco es que comprendiera a que se refería, pero claro, Jisei era peculiar y ya no le extrañaba que dijeses esas cosas, al principio pensaba que era por hacerse la interesante pero luego descubrió que no, que es que ella era así.
- ¿Por casualidad no estarás celoso? – preguntó directamente Jisei.
Gaara ahora la miró aún más confuso.
- ¿Has hablado con Temari? – preguntó con gravedad.
- No, pero tu pregunta me dice que he dado en el clavo. Esto, Gaara ¿Puedo hacerte algo que suelo hacerle a Kankuro?
- ¿El qué?
Jisei no respondió, ni espero el permiso, levantó la mano y dio una colleja a Gaara.
- ¿Pero a qué viene esto? – se quejó el chico.
- A que te lo mereces ¿Cómo puedes estar celoso de Naruto?
- ¿Y por qué supones que estoy celoso de Naruto?
- Porque lo veo, porque lo noto, veo como miras a Naruto, porque he tenido un sueño muy extraño, me lo han dicho las cartas y noto el dolor que refleja tu aura. Gaara, por favor, estás muy raro de unos meses para acá, estás como asustado.
- Tengo mis razones.
- A ti te gusta Hinata y estás saliendo con ella, supongo que te sientes feliz y tienes miedo de que esa felicidad se acabe.
- Es más complicado que eso – Gaara no tenía ganas de hablarle a Jisei de todos sus miedos, el miedo que tuvo a no ser hijo de su padre, el miedo a heredar la esquizofrenia, el miedo a ser un celoso compulsivo como su padre y hacer daño a Hinata como él hizo daño a su madre – Tú no sabes nada de mí y… hay momentos en los que creo que no me merezco la felicidad.
- Pues ni que hubieras sido un terrorista.
- Traté mal a personas que no lo merecían. Es complicado y no tengo ganas de recordar el pasado pero…
- Eres un exagerado pero da igual, a lo que iba, ya lo pasaste bastante mal en tu infancia ¿No crees que ahora mereces que el universo te compense con algo de felicidad? No me gustan esos celos, Hinata no se lo merece y menos que estés celoso de Naruto ¡Por favor, Gaara, que es Naruto! Aunque estuviese enamorado de Hinata, que no lo está, él nunca te haría daño. Además ¿No ves lo feliz que es con Ino?
- Ya lo sé pero… es muy complicado.
- Si yo te entiendo. Entiendo ese sentimiento. Es lo que se siente cuando empiezas a salir con alguien que estuvo enamorado durante mucho tiempo de otra persona, siempre piensas que aún siente algo o que te va a comparar o que solo te está utilizando para olvidarla ¿A que si? Es lo que le pasa a Sasori con Sakura o incluso a Ino con Naruto, porque si, porque Ino también puede pensar que Naruto la está utilizando para olvidar a Sakura ¿Eso te resulta extraño?
- Si, porque Naruto nunca haría algo así.
- Ni Hinata. Es Hinata de quien hablamos, es imposible que… Mira, te voy a contar una cosa. Hinata siempre ha admirado mucho a Naruto, todos, salvo Naruto, nos dábamos cuenta y tenía que ver como Naruto iba continuamente detrás de Sakura, seguro que le dolía pero no decía nada. Hinata es una chica muy guapa y también tenía a chicos interesados detrás de ella, no te creas que has sido el primero, muchos chicos le escribían cartas y… Lo que quiero decir es que Hinata podría haber salido con quien quisiese, chicos guapos e interesantes, había otros que no pero bueno, podría haber salido con quien quisiese, incluso con Kiba, pero no lo hizo porque ella no es así, ella no utilizó a nadie para…
- Lo sé, lo sé – la interrumpió Gaara – Pero es que ella y Naruto hacen muy buena pareja y a veces pienso que si yo no estuviese al final hubiesen terminado juntos.
- A lo mejor – se encogió de hombros – Quien sabe. No sabemos lo que puede pasar. Yo creo que existen muchas dimensiones donde tenemos vidas distintas. Estoy convencida de que hay una dimensión donde Naruto y Hinata son pareja y felices y también Sasuke y Sakura, incluso estoy convencida de que si en esa dimensión no existe Akane, Shikamaru saldría con Temari, y si tampoco existe Sumire no sé qué sería de Kankuro y tú no se con quién estarías, quizás con Matsuri… pero eso no importa porque nuestro mundo es este y aquí las cosas son así, Naruto es feliz con Ino, Hinata esté enamorada de ti y… bueno, este es nuestro mundo.
Habían llegado al gimnasio del instituto y entraron. Sumire llamó la atención de Jisei, algo estaba enseñando Stella y parecía interesante. Jisei se separó de él para ver que era aquello. Gaara observó a los que allí estaban, casi todos los alumnos de 2-1 y 2-2. Miró a Hinata y Hinata le miró a él y le sonrió.
Quizás tenía razón Jisei.
- ¡Buenas tardes, chicos! - entró en el gimnasio Tsunade acompañada de Shizune, que iba cargada con varias carpetas, Anko y Ebisu.
- ¡Cuánta gente traes, abuela! – gritó Naruto - ¿Es que hemos hecho algo malo?
- ¡Cállate, Naruto! – le regañó Sakura - ¡Siempre estás diciendo tonterías!
- ¿Estamos todos? – preguntó Anko.
- Estamos muchos – contestó Tobi.
- Vamos a pasar lista – comentó Tsunade a Shizune mientras junto con los profesores se dirigía al centro del gimnasio.
- ¡Silencio! – gritó Anko – Vamos a pasar lista, así que guardar silencio.
- ¿Por qué vais a pasar lista? – preguntó Suigetsu.
- Queremos saber cuántos estáis presentes – respondió Ebisu.
Salvo por los que ya sabían que no estarían, no faltaba nadie.
- Bien – habló Tsunade – Me encanta que estéis todos, porque esto que tenemos que deciros es muy importante.
- ¿Nos habéis quitado la sanción, ttebayo?
- Que más quisierais vosotros. A ver, los directores de ambos proyectos, que den un paso al frente – Shikamaru y Sasori así lo hicieron – Ah, es cierto, Akane y Kabuto eran los otros directores ¿No teníais ayudantes?
- Si – contestó Shikamaru – Neji y Sakura son prácticamente los que se han ocupado de todo.
- Nosotros no – habló Sasori – Kabuto y yo nos apañábamos bien.
- En fin, es igual. Chicos tengo que deciros que traigo malas noticias.
- ¿Cómo que malas noticias? – se alteró Kiba mientras algunos protestaban, otros se quejaban y la mayoría hablaba entre ellos.
- ¡Pero eso no es justo, ttebayo!
- ¡Nosotros estamos dando todo lo mejor de nuestra juventud! – protestó Lee.
- ¡Silencio! – voceó Anko - ¿Es que no podéis dejar que terminemos?
- ¿Cómo vamos a tener paciencia después de lo que habéis dicho? – gruñó Sakon.
- Piensa, sensei – habló Tayuya – Que nos hemos dejado los cuernos en esta sanción de mierda.
- ¡Vale! – interrumpió aquellas protestas Tsunade - ¡Haced el favor de tranquilizaos y dejarme terminar! – esperó unos segundos a que terminaran de hablar y guardaran silencio de nuevo – Así me gusta. A ver, yo creo que no habéis hecho un mal trabajo en general aunque… vamos a ver… el grupo de teatro ¿Me pasas el expediente, Shizune?
- Toma – dijo pasándole una carpeta de cartulina de color azul.
- El grupo de teatro no lo ha hecho mal, yo estoy bastante satisfecha con los resultados. Recibo vuestros informes puntualmente y muy bien explicados; supongo que eso es obra de Sakura o de Neji, no hay duda. Estáis bien organizados y habéis cumplido parte de lo que se os exigía. Trabajáis en equipo y para el bien de todo el grupo, os habéis esforzado en conseguir que todos y cada uno participasen de forma equivalente. Elegisteis una obra de teatro clásica, como se os pidió, una elección muy acertada, por cierto y la estáis adaptando con cuidado y respeto. Hasta ahí todo está muy bien.
- ¿Y cuál es el "pero", Tsunade-sama? – se quejó Kankuro – Porque ahí hay un "pero".
- Todo a su tiempo. Shizune, pásame ahora el del concierto -Shizune le pasó ahora una carpeta igual que la anterior pero de color verde - Muy buen trabajo también. Muy organizado. A pesar de que en si erais dos grupos bastante dispares y que no cooperabais para nada habéis sabido adaptaros. También os habéis organizado para que todos participasen, incluso os habéis ayudado enseñando a tocar instrumentos a quienes no sabían y a cantar. Muy buen trabajo en equipo.
- Pero también hay un "pero" – intervino esta vez Suigetsu.
- Hay varios "peros" – habló Ebisu.
- Ya empezamos… - se quejó Temari.
- Empiezo por el grupo del concierto – continuó hablando Tsunade.
- ¡Eh, que a nosotros se nos ha muerto un miembro! – protestó Ukon.
- ¿Te quieres callar, pedazo de mierda? – le retó con desprecio Tayuya - ¿No ves que estás metiendo la pata, capullo?
- ¡A callar! – les advirtió Ebisu – Prosigue, Tsunade-sama.
- Sabemos que habéis tenido una baja muy dolorosa y también ahora faltan Kabuto, Kikyo, Misaki y Deidara – resopló Tsunade – Sabemos todo eso y no tiene nada que ver con lo que voy a deciros. Como he dicho antes, habéis trabajado bien y muy organizados pero aún no habéis elegido las canciones que vais a interpretar, si vais a tener un tema en concreto, un nexo común y cómo será la representación.
- Eso estábamos a punto de decidirlo ya – se quejó Ukon.
- Y tampoco se necesita tanto tiempo para aprenderse unas canciones y hacer la puesta en escena – puntualizó Tsuchi.
- Yo solo expongo cómo va el proyecto – comentó Tsunade – En cuanto al grupo de teatro, repito que lo habéis hecho muy bien, es cierto que lo vuestro ha sido en cuanto a organización algo más trabajoso que el grupo del concierto. No le quito méritos al grupo del concierto, ellos tenían a cambio que dedicar más tiempo a prepararse ellos mismo para la representación, algunos tuvieron que aprender a modelar su voz y otros a manejarse decentemente con instrumentos de música, lo que requiere dedicación y lo que se diría "dar clases de música".
- Si, vamos, que los del concierto son la repera – se quejó Ten-Ten – Y han trabajado muchísimo, vale.
- Repito que lo vuestro ha sido más trabajoso en cuento a organización. Habéis tenido que trabajar preparando una obra de teatro, decidir que hacíais cada uno, elegir escenarios, decorados, vestuario, iluminación y prepararos como actores, todo eso mientras cumplíais con lo que se os pedía como añadido. A juicio del consejo del instituto, vosotros teníais más culpa que el otro grupo en los hechos del curso pasado porque casi siempre erais los que iniciabais los disturbios.
- ¡Eso no es justo, ttebayo!
- ¡Naruto, cállate! – le recriminó Anko.
- No importa lo que sea justo, Naruto – continuó Tsunade – El consejo tomó su decisión y no ayudó el que este curso también habéis sido muy conflictivos.
- Pero… - comenzó a protestar Naruto.
- Pero nada, Naruto, no vamos a discutir ahora eso. Lo que quiero decir es que aparte de la representación habéis tenido una serie de castigos que cumplir extra y los habéis hecho, además lo vuestro requería unos gastos no cubiertos por el instituto y tuvisteis que conseguir dinero y eso requería hacer otras actividades. En resumen, lo habéis hecho muy bien pero eso os ha retrasado y no han comenzado lo que son propiamente los ensayos de la obra. Aún no tenéis ni siquiera listo el libreto con la adaptación.
- Eso es cierto – respondió Shikamaru – Pero como dices, Tsunade-sama, nos hemos visto interrumpidos constantemente con otras actividades pero el libreto está prácticamente terminado y todavía quedan dos meses para la representación , tiempo más que suficiente para aprendérnoslo.
- Y si hemos dedicado mucho tiempo a ensayar – añadió Sakura – Hemos ensayado con el libreto original y hemos hecho expresión corporal y dado clases de interpretación para actuar bien y también ejercicios para superar el miedo escénico y la vergüenza.
- Lo sabemos. Todo eso lo sabemos y por mí, por nosotros, por el resto de profesores, todo es correcto y os aseguro que yo os dejaría continuar con vuestro ritmo. Estamos seguros de que al final lo conseguiríais.
- ¿Entonces qué pasa? – casi gritó Lee - ¿Qué problema hay?
- Esto huele muy mal – se oyó gruñir a Suigetsu.
- El problema es que Danzou y el consejo opinan que la sanción que os pusimos como castigo a los incidentes ocasionados el curso anterior, pues… - prosiguió hablando Tsunade - No es suficiente – de nuevo los murmullos y las protestas se extendieron entre todos los alumnos – A ver, dejadme terminar ¡Silencio!
- ¿Pero qué quieren que hagamos más? – se quejó Kankuro.
- Dejad que os lo explique. En su momento, los profesores sugerimos esta sanción porque creímos que os vendría bien, os mantendría ocupados y os enseñaría a trabajar en equipo. Era, simplemente un castigo, teníais que venir dos veces por semana y ya que teníais que venir pues tendríais que hacer algo de servicio social para la comunidad, es decir, preparar el festival de fin de curso, eso además os haría tener que esforzaros y…
- Y así no teníais que ocuparos vosotros, que morro – habló con sarcasmo Zaku.
- No lo vais a entender, se trataba de que trabajaseis juntos para un bien común y… da igual, no tenemos tiempo para explicaciones largas.
- Eso – intervino Kiba – Dinos de una vez que más tenemos que hacer.
- Como he dicho antes, Danzou y el consejo opinan que la sanción no es suficiente y puesto que este curso habéis seguido causando incidentes, consideran que, para demostrar que vais aprendiendo valores positivos, tendréis que demostrar que sois capaces de colaborar juntos los dos grupos.
- ¿Qué es lo que quieres decirnos exactamente? – inquirió Gaara – Creo que no te entendemos muy bien.
- Ya colaboramos juntos en un proyecto común – aclaró Sakura.
- No, Tsunade no se ha explicado bien – intervino Ebisu – Os lo voy a decir yo. Lo que Danzou y el consejo os exige ahora es que demostréis que realmente habéis mejorado. Es cierto que en los últimos meses han disminuido los incidentes desde que mezclamos los dos grupos.
- ¡Claro! – habló alegre Sumire - ¡Porque nos estamos haciendo amigos!
- Si, bueno, pues de eso se trata – explicó Tsunade – De ver cuanta amistad hay o más bien si ya sois capaces de colaborar juntos sin mataros. Ahora los planes para el festival de fin de curso han variado.
- ¿Cómo que han variado? – preguntó Sasori.
- Si, ya no va a haber un concierto y una obra de teatro.
- Entonces ¿Qué va a haber? – se interesó Temari.
- Un musical – los alumnos volvieron a cuchichear entre ellos sin comprender muy bien a lo que se refería la directora – Me refiero a que ahora, los dos grupos, ya que tenéis preparado lo de afinar voces y actuar pues ahora tenéis que iniciar un nuevo proyecto que incluya todo eso y que os permita colaborar.
- No entendemos muy bien – aseguró Konan.
- A ver – habló con voz alta e impaciente Anko – Es muy fácil. El grupo del concierto ya puede dejar de ir pensando en las canciones que iban a tocar porque no va a haber concierto y los de teatro ya pueden dejar de preparar el libreto y los ensayos porque no habrá obra de teatro. Este año en lugar de dos representaciones, música y teatro, va a haber una sola, un musical, que incluye música y teatro. No creo que sea tan difícil de entender.
- ¿Y quién va a hacer eso? – interrogó Stella.
- Pues vosotros – respondió Tsunade – Ahora os vais a unir como buenos amigos y juntitos, todos juntitos vais a preparar un musical. Tenéis dos meses para hacerlo, yo creo que os sobra tiempo si os organizáis bien.
- ¿Quieres decir que después de tanto prepararnos la obra de teatro, después de tantos meses de ensayos y empezar a preparar decorados, ahora nos cambias la representación? – cuestionó completamente incrédula Sakura.
- ¿Y después de tantos meses preparándonos y aprendiendo a no desafinar, ahora vamos a hacer otra cosa? – opinó también Karin.
- ¿Hemos malgastado todos estos meses en proyectos que no van a tener lugar? – protestó Shikamaru.
- Tomarlo como que todos estos meses os han servido para aprender a organizaros. Vosotros habéis aprendido técnicas de teatro y vosotros de música y ahora os vais a unir y vais a usar lo que habéis aprendido para ofrecer un gran musical.
- ¿Quieres decir que adaptemos la obra de teatro para que sea un musical? – preguntó Sasuke.
- No, no quiero decir eso. Podría ser pero no, eso os llevaría más tiempo, tendríais que hacer las canciones o al menos adaptar la letra y escoger la música… no, eso es muy complicado. Simplemente tenéis que escoger un musical, uno de tantos que hay y… representarlo.
- Os aconsejamos que tengáis en cuenta varios puntos – intervino de nuevo Ebisu – Como por ejemplo que tenga parte actuada y parte musical, que no se enteramente cantado y que tenga números musicales donde pueda participar mucha gente, aunque sea bailando y si además, hay varios intérpretes, mejor.
- Es decir – concluyó Tsunade – Que busquéis un musical donde puede participar todo el mundo.
- Os vamos a pasar una lista de musicales que podéis escoger – habló Shizune a la vez que sacaba de una carpeta unos folios y se los daba a Sasori – Repártelos.
- Pensarlo bien – concluyó Tsunade – Si tenéis dudas porque no conocéis algún musical y queréis preguntar algo los directores o sus ayudantes pueden pasar por el despacho de orientación. Confío en vosotros y en que demostréis que si sois capaces de colaborar juntos, que habéis aprendido a trabajar en equipo… confío de verdad en vosotros y en que lo conseguiréis… suerte.
Y así fue como de nuevo los alumnos se quedaron completamente confundidos, mirando alucinados la lista que les habían dado, sin comprender muy bien lo que había pasado, con un sentimiento enorme de frustración y sin creerse que ahora prácticamente debían volver a empezar desde cero.