lunes, 18 de agosto de 2014

45. Las promesas tienen que cumplirse

Fue en una tarde de primavera, no hacía ni calor, ni frío y una suave brisa primaveral traía perfume de flores...
Así era como Shikamaru recordaba aquel día. Miraba con melancolía aquel trozo de césped donde había vivido tantas sensaciones nuevas. Aquel día él estaba recostado en ese rincón escondido del parque, allí los niños que jugaban no le molestaban demasiado y él podía dedicarse a mirar el cielo relajadamente cuando una presencia fue a irrumpir en su paz, su mente y su vida.
"Es curioso como cuando una persona te interesa se te agudizan los sentidos y eres capaz de verla en la lejanía entre una multitud, reconoces su voz, sus pasos, su perfume... curiosas facultades que de pronto se nos desarrollan. Aquella presencia, que él conocía perfectamente se sentó en silencio a su lado.
El sonreía, lo hacía porque se acordaba que cuando conoció a Akane lo hizo solo porque era amiga de Ryuko, la chica que le gustaba a su mejor amigo... Akane no era perfecta, no era la chica más guapa del mundo, se metía con él porque decía que era un vago, discutían sobre el machismo y las mujeres, siempre estaba organizándolo todo... vale, Akane no era perfecta pero al fin y al cabo él siempre pensó que la perfección era muy problemática.
- Shikamaru - oyó decir a la chica casi en un susurro.
- Dime - contestó sin abrir los ojos.
- Quiero decirte algo.
- Te escucho.
- Es que me da un poco de... en fin, no quiero que te rías de mi, ni te molestes, ni te sientas incómodo.
Ante aquellas palabras Shikamaru se incorporó para mirarla directamente.
- ¿Por qué iba a hacer todo eso?
- Yo te considero mi amigo y no me gustaría que dejáramos de serlo.
- ¿Por qué íbamos a dejar de serlo?
- Prométeme que no te reirás.
- No lo haré.
- Promételo.
- Esta bien, pesada, lo prometo.
- Shikamaru, tu me gustas, no se porqué pero me gustas.
Aquella afirmación le pilló de improviso y sintió como un vuelco en el corazón.
- ¿Ves como no me río? - susurró con voz temblorosa.
- No quiero que te sientas mal, esto no significa nada es qu...
Hizo que callase poniendo dos dedos en sus labios.
- Chist... es que no he terminado de hablar, no corras tanto, polvorilla.
Akane le regaló una mirada entre temerosa y confundida.
- No me río de ti, ni me molesto, ni me siento incómodo porque tú también me gustas…"
Un golpe en el hombro le sacó de sus pensamientos.
- ¡Lo siento! - dijeron unos niños. Shikamaru miró el balón que le había golpeado - ¡Lo sentimos!
Respiró hondo mientras continuaba mirando aquel trozo de césped. Se sentía triste y melancólico ¿dónde había quedado todo? Pero ese rincón no había sido solo el mudo testigo de esa declaración... había habido tantas palabras, ilusiones, promesas... y lágrimas... Se sentó al pié del árbol apoyándose en él, si, allí mismo estaba hace más de un año, con Akane tumbada con la cabeza apoyada en sus piernas y él jugueteando con sus mechones naranjas.
"- ¿Hoy no miras las nubes? - sonreía la chica.
- No.
- ¿Por qué?
- Porque he encontrado algo mejor que mirar.
- Shika...
- No te lo voy a decir, no pienso decirte porqué miro las nubes.
- Es porque no lo sabes, seguro, las miras solo por mirarlas, yo lo se.
- A lo mejor - sonrió - O a lo mejor porque me recuerdan a ti, Kumoyuki.
- Hum... no lo creo.
- Hablando de mirar el cielo ¿querrás venir al festival del Tanabata conmigo?
- Aun queda mucho.
- Colgaremos nuestros deseos, luego te llevaré al mejor lugar para ver las estrellas, tú las mirarás y yo veré su brillo en tus ojos.
Akane se incorporó poniéndose de rodillas a su lado. Puso las manos en sus mejillas y le beso con uno de esos besos suaves que tenían el don de causar un extraño cosquilleo en Shikamaru.
- ¿Desde cuando eres tan cursi? Pareces un tonto.
- Será porque me siento muy tonto."
Shikamaru sentía como si le estrangularan el corazón,,, todavía dolía, dolía mucho, a pesar del tiempo que había pasado, de todo lo que había sucedido... dolía ¡Que tontos podíamos llegar a ser cuando nos enamoramos por primera vez!
- ¿Es una cita? - preguntaba Akane sonriendo.
- Es una promesa.
- Es una promesa - repitió tristemente.
Bien, pues aunque fuera con un año de retraso cumpliría su promesa.
Sai, caminando en silencio al lado de Misaki le acompañaba hasta su casa.
- Bien, aquí es - dijo Misaki parándose frente a una casa unifamiliar - No hacía falta que me acompañases, ya te lo dije.
- Se me ha dicho que eres mi responsabilidad y que debo cuidarte.
- Te lo tomas todo demasiado en serio. No creo que la psicóloga se refiriese a que malgastes tu tiempo conmigo.
- Con mi tiempo yo hago lo que me da la gana, no es porque me lo haya dicho nadie.
- De verdad, no hace falta que te molestes tanto - Misaki parecía impaciente y nervioso.
- Estás vivo por mi culpa, según parece, he arruinado tu vida obligándote a vivir cuando tú no lo deseabas.
- Tampoco tienes que tomártelo tan enserio, es algo teórico.
- La psicóloga lo ha dicho muy claro: es culpa mía, por eso ahora tengo que ir a esas sesiones contigo.
- Lo lamento.
- No lo lamentes, estoy aprendiendo mucho, no comprendo muy bien las razones de la psicóloga pero aprovecho lo que hacemos.
- Ahora no solo mi vida es una mierda si no que he arruinado la tuya.
Sai le miró a los ojos, Misaki tenía una mirada muy triste, eso era algo que intrigaba mucho a Sai ¿por qué siempre tenía esa mirada? ¿Tan terrible era su vida para querer terminar con ella? Sai no comprendía que podía llevar a una persona a querer acabar con todo en lugar de intentar cambiar lo que fuera.
- ¡Ya era hora que llegaras! - una mujer morena y bastante atractiva salió gritando y enfurecida de la casa. Se acercó a Misaki con los ojos llenos de ira.
- Lo siento madre, he tenido que ir al psicólogo - respondió con miedo Misaki.
- Al psicólogo, oh, pobrecito que ha tenido que ir al psicólogo - habló en un tono que Sai no supo discernir si era desprecio o burla - ¡Y a tu madre que la zurzan! ¿Verdad? ¡Anda y a ver si se muere de una vez!
- Madre por favor - habló muy apurado Misaki - Que hay gente delante.
- ¡Ah! ¡Por favor no me dejes en ridículo delante de mis amigos! Claro ¡y a mi que me den! ¿No? ¿Sabes el tiempo que llevo esperándote? ¿Es que no puedes dejar de pensar en ti mismo? Tu padre ha venido, necesitaba tu ayuda y tú no estabas.
- ¡No es mi padre! - gritó de pronto medio llorando y con toda su rabia - ¡No le llames así!
Sai no salía de su asombro. Le daba la sensación de que aquella escena no debía presenciarla.
- Misaki - dijo casi con miedo - Yo me voy ya.
Una figura masculina salió de la casa. Sai se quedó mirándole lleno de confusión, sin poder creer lo que estaba viendo ¿aquel era el hombre con el Misaki había dicho que vivía su madre?
- ¿Orochimaru? - pronunció lleno de incredulidad.
- Es el novio de mi madre - contestó en voz baja Misaki - No quería que te enterases.
Desde luego que la vida tenía casualidades, estaba claro que el mundo era muy pequeño.
Orochimaru se quedó mirando fría y fijamente a Sai para luego dejar salir una pequeña y siniestra sonrisa.
- ¿Quien es este chico? - dijo con tono sarcástico - ¿Tu nuevo novio?
- ¡No! El solo es un compañero del instituto.
- Buenas tardes señor - habló Sai sonriendo, le pareció que era lo más educado aunque no tuviese en mucha estima a aquel hombre, ese que había sido el líder de esa especie de secta a la que Sasuke se unió.
- Entra en casa Misaki - habló severamente - Y tu - Se dirigió a la mujer - Estás dando el espectáculo, entra también.
- Si, ya vamos - contestó en un tono completamente sumiso la mujer - Vamos, entra - y agarró fuertemente del brazo a Misaki, Sai pudo ver como a pesar de la sumisión que parecía demostrar, el agarre era violento, lleno de rabia.
- Hasta mañana - se despidió Sai, Misaki le dirigió una mirada aterrada que sin saber porqué le encogió el corazón.
Una vez dentro de la casa Orochimaru se acercó a Misaki e hizo un gesto a la mujer que rápidamente desapareció.
- Bien Misaki - dijo Orochimaru con voz sinuosa - Como siempre tu dando problemas a todo el mundo.
Misaki no dijo nada, se limitó a bajar la mirada. Lo que menos deseaba era que Orochimaru se enterase de que tenía que ir a sesiones con una psicóloga y encima un compañero tenía que acudir con él.
- Has vuelto a ser malo - parecía reír en sus palabras el hombre - Y ya sabes lo que te pasa cuando eres malo y lo que te mereces.
Misaki levantó la vista orgulloso, mirando a Orochimaru con toda la altivez que puso.
- ¿Te atreves a desafiarme? - gruñó molesto Orochimaru.
- De todas formas lo harás ¿no? Pues no te daré el gusto de verme humillado.
Por toda respuesta, Misaki recibió una tremenda bofetada que le hizo perder ligeramente el equilibrio.
7 de Julio, Tanabata.
Las calles de Konoha estaban adornadas con banderitas de colores, los árboles parecían vestidos para una fiesta llenos de adornos y ya empezaban a verse papelitos con deseos escritos colgados.
De camino al instituto, como casi cada día, Akane se encontró con Ryuko, Jisei y Ten-Ten. Esta vez no estaba Sumire, de nuevo se había hecho un esguince en el tobillo, esta vez la causa fue un traspiés en la piscina de Sasuke y de nuevo Kankuro volvía a llevarla al instituto en su moto.
Caminaron hablando de sus cosas como cada día.
- ¿Vais a ir al festival? - preguntaba Ten-Ten.
- Yo es que tengo que ir con mi familia - respondía Jisei - Hemos quedado con un amigo de mi hermano - Suspiró inconscientemente porque el amigo de su hermano con el que habían quedado era Iruka, ya era mala suerte que tuviera que verle cuando más quería evitarlo.
- ¿Algún bombón? - preguntó Akane sonriendo maliciosa.
- No. Solo es un amigo de Kisuke.
- ¿No será ese castaño de melenitas que está tan mono? Ese que a veces he visto por tu casa - continuaba con la misma malicia.
Jisei la miró de reojo bastante mosqueada.
- Pues si... es ese.
- Oh... entonces no puedes faltar a la cita.
- ¿Quien es? ¿Quien es? - Ten-Ten la miraba con los ojos brillando.
- Un bomboncito - respondió Akane . Lástima que ella ya le ha echado el ojo que si no...
- ¡No digas tonterías! - la cortó Jisei - Es un amigo de la familia.
- Claro, claro, entre amigos hay más confianza ¿Y tu Ryuko? ¿Vas a ir con Chouji, verdad? Ahora sois prácticamente una pareja formal.
- Si, pero es que... Tú lo has dicho, solo prácticamente. Akane tienes que venir con nosotros.
- ¿Quien? ¿Yo?
- Por favor, por favor, por favor…
- ¿Pero cómo voy a ir con vosotros?
- Ya sabes que mi madre no quiere que salga con él y habrá mucha gente en el festival, seguro que alguien nos ve y se lo dice a mis padres.
- Y me quieres llevar a mí de carabina.
- Porfa, porfa...
- ¿No irá el vago del ciervo también? Porque esto me está oliendo a trampa rastrera contra mí persona.
- No, él no puede. De veras, él tiene otros planes... un compromiso importante o algo así.
- Si algo así como Ino.
- ¿Eso te molesta? - esta vez la maliciosa era Jisei.
- Por mi puede ir con quien quera.
- ¿Vendrás conmigo? - insistió Ryuko.
- ¿Pero tú estás bien de lo tuyo? ¡Como voy a ir con vosotros!
- Por favor, si nos vamos a divertir, si Chouji y yo no nos besuqueamos ni nada, si somos unos sosillos, de veras que no somos empalagosos.
- Pues deberíais serlo.
- Que no te vamos a poner incómoda, anda, ven conmigo, iremos como tres amigos.
- No, iremos como una parejita y una vela... ¡que no! ¿Y tu, Ten-Ten?
- Hoy es el cumpleaños de Kiba y yo...
- ¡Es verdad! Es el cumpleaños del cachorro ¿ya tienes su regalo? - se interesó Jisei.
- Quería dárselo esta noche.
- Uy, uy, uy... esto suena interesante - Akane se frotó las manos - ¿Le darás un beso?
- ¡Calla tonta! Aunque no creas que no lo he pensado.
- Je, je, je - la risita de Akane sonaba muy burlona - Esto se pone interesante.
- Que no, que no... que solo lo pensé... ¡ay, mira que cosas me haces decir!
- ¿Y por qué no vais con Chouji y Ryuko? Una cita doble estaría bien - propuso Akane.
- ¿Y entonces vendrías? - volvía a insistir Ryuko.
- Si claro, ya no iría con una pareja, si no con dos, sujeto dos velas y así mantenga las manos ocupadas ¡pero que pesada eres!
- Dile a Shino que te acompañe - habló Jisei.
- A Shino no le gustan los festivales, ha dicho que irá a buscar luciérnagas.
- Sumire no puede ir por lo de su pie - continuaba Jisei - Podemos decírselo a Kankuro.
- Quita, quita... no se porqué pero ese me da miedo.
- ¿Entonces no irás al festival? - preguntó Ten-Ten.
- Me quedaré en casa... o a lo mejor voy a buscar luciérnagas con Shino.
- ¿Y Sasuke? - terció Jisei.
- Irá con Sakura, supongo.
- No - intervino Ten-Ten - Va a ir con Karin y los otros dos.
- ¡Ven con nosotros! - suplicó Ryuko - Por favor ¿que te cuesta?
- Una úlcera me estas costando, pelma.
- ¿Que tal chicas? - saludó alegre Kiba.
- ¡Kiba! ¡Feliz cumpleaños! - saludaron varias a la vez.
- Mis besos. Tenéis que darme mis besos - exigió el chico.
Todas abrazaron y dieron un par de besos al chico, alguna le tiró también de las orejas.
- Cachorro malcriado - repetía Shino.
- Tú ya tuviste tu día, hoy es el mío - protestó Kiba.
Fueron casi de los primeros en entrar en el aula. Pocos minutos después aparecieron Kankuro y Sumire.
- Ya está bien Kankuro ¿dónde os habíais metido? - le interrogó Ten-Ten.
- Hola, hola... estaba enseñándole unas cosas a Sumire... y no penséis mal, eran las decoraciones de los árboles... malpensados.
En ese momento entraban Chouji, Shikamaru e Ino enganchada a este último.
- Vamos Shika, te prometo que lo pasarás bien.
- No puedo Ino, de veras que no.
- ¿Pero que tienes que hacer? Si este años nuestros padres nos han dado permiso para no ir a esa barbacoa que organizan.
- Pues algo, tengo algo que hacer.
- ¿Con quien vas a ir? ¿Con esa guarrona?
- Ino, primero: no insultes a Temari y segundo: no, no voy con ella.
- ¿Pues con quien?
- Ya te he dicho que tengo algo que hacer.
- Te arrepentirás... ya lo verás.
Shikamaru dejó su cartera con bastante mal humor, le fastidiaba mucho que Ino llegase a comportarse así, ella no era de esa manera, esa malita obsesión suya con adelgazar la estaba empezando a cambiar, bien sabía él que solo se comportaba así porque quería que le consiguiese más pastillas y era algo que no soportaba, lo consideraba humillante para ella.
Sintió la mirada de Akane clavándose en él. Suspiró y se acercó a ella.
- Buenos días, calabacita.
- Buenos días, Bambi.
- ¿Tienes algún problema conmigo?
- Si, tu mera presencia envía vibraciones negativas que perturban mi paz interior.
- ¿Que has dicho? - intervino Chouji sin poder evitarlo al oír tal frase.
- Que la pongo nerviosa - aclaró Shikamaru - Oye, tengo un pequeño problema y necesito tu ayuda - en ese momento entraba el profesor de turno - Bueno, luego te lo cuento.
- Bueno ¿para qué necesitas mi ayuda? - se acercó curiosa a él durante un cambio de clases.
- ¡Ah! Si… es que quiero quedar con una chica y necesito que me asesores.
Akane se quedó helada ¿Ahora le decía que iba a salir con una chica?
- ¡Eh! ¡Akane! ¿Me ayudarás o no?
- ¿En qué quieres que te ayude? - le gritó con bastante mal tono.
- Pues… tú eres una chica… dime como puedo hacerlo.
- ¿Quieres que te diga como pedirle salir a una chica? ¿Crees que eso lo se yo? Para tu información, zoquete, nunca le he pedido una cita a una chica.
- Pero eres una chica ¿no? Sabrás las cosas que te gustan.
Por toda respuesta Akane le propinó una enorme colleja.
- ¡Eres tonto Nara! ¡Más tonto y no naces! - y volvió a su asiento.
En el siguiente cambio de clase, Shikamaru volvió a insistir.
- Por favor, Akane, tienes que ayudarme.
- ¿Pero ayudarte a qué? - le gritó
- Tú eres una chica y sabes lo que le gusta a las chicas.
- ¿Y?
- Es que quiero hacer las cosas bien ¿A ti como te gustaría que te pidieran salir?
- Creo que eres aún más tonto de lo que pensaba.
- ¿Cómo te gustaría que apareciera tu príncipe azul?
Akane se sintió muy molesta, a punto estaba de ponerle las manos en el cuello y apretar, pero se contuvo y respiró hondo.
- Cómprale un ramo de flores - susurró.
- ¿Flores? ¿A ti te gustan las flores?
- Y un peluche.
- ¿Un peluche?
- ¿Qué pasa? ¡A mi me gustan los peluches! ¿No me pueden gustar los peluches?
- No… si… ¿Quedamos esta tarde y me ayudas?
- ¿Qué? - esta vez el grito de Akane retumbó por toda la clase, eso ya era el colmo de lo que tenía que oír.
- Para que me ayudes.
- ¿Qué quieres? ¿Qué te pague las flores? ¿O que le pida salir en tu nombre? Mira… mejor me alejo de ti antes de que no pueda controlarme y… ¡No te me acerques y no me hables en todo el día!
Shikamaru sonreía, el primer paso de su plan había sido un éxito.
Durante la hora de la comida a Shikamaru aún le quedaba un cabo suelto que atar, así que fue a hablar con Kiba y le separó de sus compañeros habituales.
- ¿A que viene este secreto?
- Hoy es tu cumpleaños ¿no? Pues toma, un regalo.
- ¿Qué es?
- Son unos vales, es para que invites a Ten-Ten esta noche a cenar, es un sitio estupendo, sirven el mejor sushi.
- ¿Y para que me los das?
- Para que invites a Ten-Ten, pero tiene que ser hoy.
Kiba miraba los vales como si fuera la cosa más rara que hubiese visto en su vida.
- Te lo voy a explicar Kiba, quiero que tú y Ten-Ten nos acompañéis a cenar esta noche.
- ¿A quien?
- A mí, a Chouji, a Ryuko y a Akane.
- Pero no lo entiendo.
- A ver como te lo explico. Quiero ir la festival con Akane pero ella no va a querer ir conmigo. La conozco, se lo que va a pasar por su cabeza, es muy testaruda y desconfiada pero si vamos con otras personas la cosa cambia, se sentirá más segura. Si vamos solo con Chouji y Ryuko será incómodo, pensará cualquier cosa desde que quiero que se sienta mal hasta que lo han liado ellos, pero si vais tú y Ten-Ten la cosa cambia. Vosotros no sois una pareja de enamorados empalagosos, ni siquiera estáis saliendo, iremos tres parejas, si, pero no lo parecerá y ella se sentirá más cómoda ¿a ti te gusta Ten-Ten, no?
- Bastante.
- ¿Y no quieres ir con ella al festival? No tiene que ser una cita de novios, seremos solo un grupo de amigos que van a divertirse.
- ¿Y no sería mas fácil que quedásemos toda la panda?
- Jisei va con su familia, Sumire está lesionada, Shino no puede, Sai ha quedado con alguien... sé que no lo entiendes pero hazme ese favor, no es tan horrible ¿con quien ibas a ir tu?
- Bueno, pensaba ir con Naruto, Sakura, Lee y esperaba que Ten-Ten viniese, si.
- Pues entonces. Lo pasaremos bien, incluso os dejaremos un rato a solas.
Shikamaru le guiñó un ojo.
- Lo que entiendo es que Akane te gusta.
Shikamaru resopló ¿para qué se esforzaría tanto en explicarle las cosas?
- Bueno pues vale, si así lo quieres, así será. Akane me gusta, es eso, me gusta y quiero llevarla al festival a ver si pillo cacho ¿te convenzo así?
- ¡Lo sabía! ¡lo sabía! ¡Quieres enrollarte con ella! Tú eres mucho de enrollarte con tías.
- Eres tan agudo que me has descubierto - ironizó. Kiba le palmeó la espalda.
- ¡Eres un crack, tío! Hay que ver como conoces a las tías y lo que les gusta pero Akane es un hueso duro de roer... claro que te ayudo pero ¿Ten-Ten querrá ir conmigo?
- Pregúntaselo y saldremos de dudas. Yo diría que si.
- ¿Cómo lo sabes?
- Porque es tan enredona como las demás. Vamos, ve y díselo ¡compórtate como un hombre! ¡Ah! Una cosa más, a Akane no le digáis ni media palabra de esto, deja que yo se lo diga o se estropeará todo, ya sabes la manía que me tiene.
- Vale, vale, lo que tu digas, aquí tú eres el genio.
Kiba fue hasta donde Ten-Ten comía junto a Sumire y Lee.
- ¿Has terminado de comer Ten-Ten? Es que quiero enseñarte algo.
- Venga, enséñamelo.
- Es que... es algo... privado.
- Bueno - dijo Ten-Ten levantándose ante las risitas de Lee y Sumire - Vamos a ver que es eso.
Kiba y Ten-Ten se subieron a un enorme árbol que había en los jardines del instituto, tenían la costumbre de subirse allí cuando querían hablar o simplemente disfrutar de la compañía del otro. Kiba se sentía muy a gusto con Ten-Ten, era una de las pocas chicas con las que de verdad se podía sentir bien, casi como si fuera un chico.
A Ten-Ten también le gustaba estar con Kiba, era un chico alegre y cariñoso, fiel como un perrillo y nunca le fallaba, además aunque no lo pareciese, Kiba era muy bueno escuchando.
- ¿Vas a ir al festival esta noche? - le preguntó mirándola de reojo.
- Pues... - Ten-Ten no sabía que responder, ella esperaba ir con él y darle su regalo - Depende.
- ¿De qué?
- Es que no se. Podría ir con Neji y Hinata pero van Gaara y Temari, a lo mejor molesto, claro que podría ir con Lee pero va con Naruto y Sakura y la verdad no me apetece mucho aguantar a esos dos bailándole el agua a Sakura. Sumire tampoco va a salir , no se si ir a su casa un rato a hacernos compañía mutuamente - dijo con la esperanza de que Kiba le propusiese ir con el grupo que fuera a ir él.
Bueno, vale, pensó Kiba, el panorama no parecía muy alegre. Guardó silencio.
- ¿Y tu, Kiba?
- Es mi cumpleaños.
- Supongo que tendréis fiesta en casa.
- No, ya soy muy mayor para eso, o eso dice mi madre.
Ten-Ten pensaba como decirle que fuera con ella sin que él llegase a pensar que le pedía una cita porque con los chicos nunca se sabe, sus cabezas están llenas de ideas lujuriosas.
- Veo, veo - dijo de pronto Kiba.
Ten-Ten dejó salir una risita, ya estaban de nuevo con aquel juego que habían inventado cuando tenían que decirse algo y no sabían como empezar.
- ¿Que ves? - respondió.
- Veo un regalo que alguien me ha hecho y me gustaría compartir. Te toca.
- Veo, veo.
- ¿Que ves?
- Veo un regalo que quiero darle a un amigo.
- Veo, veo.
- ¿Que ves?
- Veo a la chica con la que quiero ir al festival esta noche - Kiba tragó saliva - ¿Me acompañarás?
- Veo, veo.
- ¿Que ves?
- Al chico con el que quiero ir al festival.
Los dos sonrieron como tontos.
- Shikamaru me ha regalado un par de vales para un restaurante de sushi, mira.
- ¿Shikamaru?
- Si, Chouji y Ryuko van a ir y creo que él está pensando invitar a alguien, podríamos ir nosotros ¿no?
- ¿Con ellos?
- A lo mejor prefieres que vayamos con Naruto o con Neji.
- No, no, está bien - Ahora si que podría darle el regalo sin ningún problema - Está muy bien.
- Oye, pero por lo que parece Akane aún no sabe que va a salir con Shika así que… guarda el secreto.
- Por supuesto.
Ten-Ten sabía que Shikamaru lo tenía todo planeado. Ella ya sabía que Shikamaru quería llevar a Akane a ver las estrellas y todo aquello era parte de su plan para convencerla y seguro que todo aquello era parte de una estrategia para lograr lo que deseaba, no le cabía duda... eso le daba igual, lo importante era que ella pensaba pasárselo genial.

44. Collage de sentimientos

Después de la jornada de convivencia algunas cosas habían cambiado y otras no tanto.
Algunos, como Sakura o Karin eran capaces de mirar a ciertos miembros de la otra clase de distinta forma. Otros seguían pensando lo mismo que al principio y unos pocos incluso habían sacado provecho. Aunque la tónica general era que poco había cambiado, al menos, como decían los profesores, habían descargado adrenalina y los ánimos parecían más calmados.
Lo que parecía no haber variado eran sus situaciones sentimentales, si acaso, como le sucedía a Jisei, había empeorado.
Jisei no quería pensarlo, evitaba hacerlo pero aquel maldito pensamiento se colaba continuamente en su mente: Iruka había dicho que saldría con Anko-sensei, si lo había dicho y ella lo había escuchado. En la penumbra de su habitación sacó una pequeña manta que colocó en el suelo, encendió un palito de incienso, puso una música suave y se sentó cruzando las piernas... tenía que relajarse y conseguir mantener su mente el blanco.
Inspiraba profundamente y expiraba con lentitud "respiro paz" se decía "expulso el desasosiego" y se lo repetía varias veces... ¿Que clase de cita tendrían? ¿Sería solo de amigos o de algo más? ¿Besaría Iruka a Anko? ¿Se quedarían solo en ello o llegarían más lejos?... No, no, no... ya estaban esos pensamientos perturbándola otra vez y eso no podía ser; ella siempre se había caracterizado por, de todas sus amigas, ser la mas razonable, la mas realista y la mas pragmática, ella no se dejaba llevar nunca por romanticismos ni sensiblerías y sin embargo ese sentimiento hacia Iruka la descolocaba completamente.
Respiró de nuevo profundamente. Se acabó, aquello tenia que acabar, no entendía porqué ese maldito desasosiego, Iruka era un hombre joven y que ella supiese completamente normal, eso quería decir que tendría sus necesidades como cualquier hombre joven y normal ¿por qué no iba a poder hacer lo que le viniese en gana? ¿había algo que se lo impidiese? ¿algo que le atase a ella? no, pues entonces... El estaba en todo su derecho de hacer lo que quisiese, igual que ella... anda y que disfrutase.
Tenía que acostumbrarse, tenía que hacerse a la idea. Y no pasaba nada, todo era normal y ella también tenía que actuar como la chica joven que era y no quedarse lamentándose. Esa situación solo tenía dos soluciones posibles: o le olvidaba e intentaba seguir con su vida o se lanzaba al riesgo y eso no lo iba a hacer; por nada del mundo perjudicaría a Iruka. Ella no era una boba enamorada que solo piensa en si misma, no, ella sabía que se jugaban mucho, que no eran solo Iruka y Jisei, que no se trataba de intentar conquistar a un chico; el trabajo de Iruka podía peligrar y no solo eso, no solo le expulsarían del instituto si se enterasen, es que seguramente no encontraría trabajo como profesor de nuevo. Su situación no era sencilla pero ella tenia paciencia, mucha paciencia y esperaría a graduarse... si, quedaban unos meses... después ya vería si seguía sintiendo lo mismo por él.
Para Iruka las cosas no eran tan fáciles como Jisei pensaba.
Cada día que pasaba se encontraba más y más confundido. De pronto se sentía desbordado por un montón de sentimientos contradictorios ¿Que sentía por su alumna? Tenía la sensación de que aquellos sentimientos no habían surgido de golpe, que llevaban ya meses creciendo dentro de él, metidos en un tarro, hasta que de pronto la tapa del tarro saltó y ya no pudo controlarlos.
Tumbado en su cama, mirando al techo se preguntaba que estaba mal en él ¿Estaba mal fijarse en una alumna? Desde luego que si, eso era algo que nunca tenía que haber pasado pero sin embargo había pasado.
Conoció a los Nagashiyama, una familia encantadora que le abrió las puertas de su casa, se hizo amigo de Kisuke, es más, se sentía parte de esa familia. El, que había perdido a sus padres cuando era un niño, encontró algo muy valioso que no quería perder. Ya no se trataba solo de su trabajo, era mucho más, una presión que le oprimía al pensar que esas personas podrían creer que abusaba de su confianza.
Y sin embargo había pasado.
Suponía que era precisamente por esa confianza que cogió con los Nagashiyama había sucedido todo. Si no hubiera comenzado a tratarlos no habría conocido a Jisei como persona; para él hubiese seguido siendo simplemente una alumna pero claro, comenzó a tratarla, a conocerla y a mirarla de forma distinta... eso no hubiera pasado de no relacionarse con ella.
Suspiró y volvió a preguntarse que estaba mal en él.
Y algo estaba mal, no había duda.
Había salido con Anko, una mujer muy atractiva, simpática y alegre y por lo que parecía le agradaba estar con él. Todo iba bien, no podía quejarse, Anko era muy divertida y también algo descarada, desde el principio de la cita dejó muy claro sus intenciones, ella no salía con cualquiera, solo con quien le interesaba y no salía por salir, para ella las citas no eran tomar unas copas y ya, ella quería divertirse y disfrutar... ¿había algo de malo en querer disfrutar? Lo había dicho muy claro.
- Me gustas Iruka y me gusta disfrutar y coger lo que me gusta.
Anko siempre era así, apasionada, llena de energía. Iruka se dejó llevar por ese apasionamiento, por la mirada de Anko, por su cuerpo sinuoso... él era un hombre joven y la sangre hervía por sus venas y cuando Anko le besó se dejó sumergir en esas sensaciones maravillosas.
Todo parecía ir bien, él mismo le propuso ir a su casa y ella accedió. Todo iba bien hasta que de pronto, sin saber por qué, la imagen de Jisei se instaló en su mente. Quizás fue una frase, quizás una caricia... lo único que supo es que a partir de ese momento ya no pudo quitarla de su mente.
...Besaba a Anko mientras se preguntaba si Jisei reaccionaría igual ante sus besos, si su piel respondería ante sus caricias, se preguntaba como serían sus gemidos... pero era a Anko a quien escuchaba.
Presa de una desesperación que le dominó y no podía controlar tapó inconscientemente la boca de Anko con una de sus manos.
"Cállate" pensó "No es a ti a quien quiero escuchar"
Se asustó de si mismo y su reacción y permaneció inmóvil. Anko retiró la mano que le tapaba la boca.
- ¿Qué demonios te pasa?
- Lo siento Anko... creo que es mejor que te vayas.
- ¿Me estás echando?
- Lo siento... lo siento... lo siento...
No era capaz de decir otra frase. La vergüenza y la desesperación parecían atragantársele en la garganta.
- ¿Pero que te pasa ahora?
- No lo se... lo siento...
- ¿Es que no te gusto?
- No es eso.
- ¡Podías habérmelo dicho desde el principio!
- No es eso, de verdad.
Anko le miró molesta y llena de furia.
- ¿Sabes que debería partirte la cara?
- Hazlo... me lo merezco.
De pronto Anko soltó una enorme carcajada.
- ¡Ya se lo que te pasa! ¡Estás enamorado de otra!
- No... - Iruka iba a decir que no era eso pero se quedó mudo pensándolo ¿estaba enamorado? ¿era eso lo que le pasaba?
- Mira, vamos a dejarlo así. Por suerte has reaccionado a tiempo y te ha entrado esa... tontería. Me hubiera sentado peor que me hubieses utilizado.
- Yo no te he utilizado.
- ¡Porque no te ha dado tiempo! Vale... vamos a tranquilizarnos, no pareces en condición de razonar.
- Anko, lo siento, no se que me ha pasado.
... Al final Anko se había marchado bastante molesta e Iruka estaba allí, tumbado en la cama, seguro de que algo no estaba bien en él.
Las primeras luces del alba inundaban la habitación. Temari, sentada en un sillón del cuarto de Itachi le observaba dormir. Se le veía tranquilo, relajado, tumbado boca abajo cubierto tan solo por una sábana de color beige... todo parecía en armonía, todo parecía perfecto, sin embargo Temari se sentía inquieta.
Lo primero que le preocupaba era el tema de sus hermanos. Había pasado la noche fuera, no era la primera vez que lo hacía pero si la primera en que no buscaba ninguna escusa, ni daba explicaciones, así que podía imaginarse cualquier reacción viniendo de ellos. Seguramente Kankuro estaría pensando alguna barbaridad y Gaara la miraría con su gesto huraño, pero eso le daba igual, ya era mayorcita... bueno, eso creía ella, por lo menos siempre se sintió mayor, claro que ahora se daba cuenta de que aún no era la mujer madura que pensaba... aún le quedaba mucho por aprender.
Y de nuevo estaba allí, presa de esa atracción que sentía hacia Itachi.
Se suponía que iban a hablar sobre su situación, ella estaba dispuesta a dejarle las cosas claras, no quería seguir así, llevar esa doble vida la empezaba a agobiar pero terminaron dejándose llevar, como siempre, por esa maldita atracción que parecía magnetizar sus cuerpos, por esa necesidad de sentir la calidez de la piel de Itachi, por oler su aroma e impregnarse de él. Era su maldito vicio, su droga, algo que le creaba adicción y de lo que no sabía como huir.
Y para colmo él había dicho esas malditas palabras.
Le había costado, salieron de su garganta de forma apresurada y casi dolorosa, parecía que las tuviera atragantadas y no quisiese pronunciarlas pero ellas salieron... tuvieron que salir para fastidiarlo todo y confundir aún mas a Temari.
Malditas y cochinas palabras.
Son solo dos palabras pero significaban demasiado.
¿Y de verdad eran ciertas? ¿De verdad podía Temari confiar en su sinceridad?
"Te amo"... mira que eran simples y sencillas y hasta parecen fáciles de pronunciar y de escuchar y sin embargo ¿como esas dos simples palabras podían causar tanta confusión?
Siempre pensó que eran palabras hermosas que al escucharlas se sentiría feliz.
Pero no se sentía feliz... o si... no sabía como se sentía... confundida, atemorizada... ¿cómo se sentía? ¿que había sentido al escucharlas? ¿Miedo? ¿Felicidad? ¿Incredulidad? Quizás fuera una mezcla de todo.
¿Y que sentía ella? ¿Era amor lo que sentía por él? ¿Estaba segura de que era amor?
Después de decir aquellas palabras, Itachi la miró expectante, quizás esperaba su reacción, quizás esperaba que ella también las pronunciase pero Temari no pudo hablar, ni reaccionar, se quedó completamente bloqueada... Itachi pareció entender su aturdimiento porque simplemente sonrió y volvió a besarla.
Maldito Itachi ¿Por qué tenía que mostrarse ante ella de una forma tan cálida? ¿Por qué siempre eran tan frío con todo el mundo menos con ella?
Todos hablaban de él, todos, pero nadie le conocía realmente... solo ella.
Dos palabras... dos malditas palabras habían descolocado el mundo de Temari.
Y los días pasaban dentro de su monotonía.
Los alumnos, a parte de su conflictos personales andaban preocupados por los exámenes parciales y en especial los de 2-2 con los ensayos de su obra de teatro.
Shikamaru y Akane seguían con sus habituales cambios de opinión sobre cualquier cosa, en esta ocasión debatían si cambiar o no la época en la que sucedía la historia y se planteaban sin situarla en un mundo fantástico, la edad media o una época más moderna. Ino andaba muy ocupada diseñando el vestuario, Sai dibujaba bocetos de los decorados… en general todos tenían algo que hacer.
Era muy temprano.
Sai, como era habitual en él, emprendía el camino hacia el instituto. Sai era minucioso y meticuloso en todo. La vida de Sai siempre seguía la misma rutina, raras veces la variaba, poco imaginaba el giro que estaba a punto de dar.
En su camino hacia el instituto Sai siempre pasaba por delante de una vieja fábrica abandonada y nunca, en todos los meses que llevaba haciendo ese camino, nunca había visto a nadie por allí, por eso se extrañó al divisar una figura en la azotea de aquella fábrica... alguien estaba al borde, apoyado en los tubos de metal que debían llegarle aproximadamente por la cadera. Aquella figura llamó mucho la atención de Sai, había algo extraño, no sabía decir el que pero algo no parecía bien.
El viento movía los cabellos de Misaki. Con los ojos llenos de lágrimas miraba desde esa azotea al horizonte, no le encontraba sentido a vivir sin tener motivos, por más pequeños que fuesen; ya estaba cansado de soportarlo todo. Se sentía mareado, una gran somnolencia empezaba a embriagarle, seguramente las pastillas que había tomado estaban empezando a hacer efecto, pero él quería estar seguro de morir, por eso estaba allí, para asegurarse de que moría, si las pastillas no eran suficiente el golpe al estrellar su cuerpo contra el suelo desde esa altura lo haría y si el golpe no era suficiente, las pastillas ayudarían.
Se acabó, ya lo único que deseaba era que todo terminase. Se acabaron las burlas, se acabaron los reproches, se acabó el acoso... el dolor... todo.
Solo tenía que dejarse caer, ya estaba mareado, solo tenía que dejar que la gravedad le atrajese.
Cerró los ojos y se dejó llevar sin oponer resistencia... empezaba a caer...
Pasaron varios segundos y aún no sentía el impacto. Abrió sus ojos y se dio cuenta de que no había caído ni 10 cm. Estaba flotando, o al menos eso parecía. Se sentía en un espacio sin gravedad, como si pudiera volar. De pronto sintió que alguna fuerza desconocida le atraía, cada vez más, de regreso al edificio. Fue entonces cuando notó que alguien había detenido su caída.
El peso del cuerpo de Misaki y la fuerza con la que Sai le atrajo hacia sí hicieron que por inercia este cayera hacia atrás con Misaki encima de él.
Sai respiraba fuertemente, había hecho un gran esfuerzo pero se sentía satisfecho por haber conseguido salvar a ese loco suicida a pesar de que por unos momentos pensó que le arrastraría en su caída. Misaki le miró confundido, no podía enfocar bien la vista ¿quien era? ¿por qué le había salvado?
- ¿Cómo te encuentras? - preguntó Sai sin estar seguro de que esa pregunta fuera la apropiada.
Misaki seguía mirándole intentando reconocerle pero los párpados le pesaban... le pesaban mucho.
Fue entonces cuando notó como le zarandeaban, parecía que quisieran despertarle de aquel sueño que se iba apoderando de él... oía voces, voces que no entendía...
En el aula algunos se extrañaban de la tardanza de Sai, lo normal era que siempre fuera uno de los primeros en llegar y comentaban su ausencia. No era el caso de Chouji, él estaba nervioso y pensando en sus propios asuntos.
- Terminarás por ponerme nervioso a mi también - le dijo con su habitual tono de desgana Shikamaru.
- ¿Crees que le gustará?
- Por supuesto que le gustará, ya deja de ponerte nervioso.
- No estoy nervioso por eso, es por "lo otro".
- Todo irá bien, todo irá bien.
- Akane - Chouji se giró para mirar a su compañera - ¿Cómo es que no ha venido Ryuko contigo hoy?
- Ay Chouji, ya te lo he dicho, si es que no me escuchas... Todos sus cumpleaños lo primero que hace es ir a felicitar a su abuela.
- ¿Pero no está su abuela muerta?
- Chouji por dios, tranquilízate... Su abuela nació el mismo día que ella y siempre, todos los años, iban juntas muy temprano al templo para pedir salud; ahora que su abuela no está ella acude al cementerio... es una tradición suya.
Ryuko caminaba todo lo deprisa que podía, se había entretenido demasiado en el cementerio, de echo se había quedado dormida mientras se lamentaba por la ausencia de su abuela, la persona más importante para ella, quien la había criado, educado y acompañado en todo momento. Era raro quedarse dormida en medio del cementerio pero ella lo había hecho y no solo eso, si no que había tenido el sueño más extraño de toda su vida.
Cuando Ryuko entró en el aula lo primero que vio fue a Akane lanzando un borrador contra Shikamaru que, con su habitual mala puntería, casi termina dándole a ella.
- Maldita cabezota - se quejaba el chico.
- ¡Akane! ¡A ver si afinamos! - exclamó.
- ¡Feliz cumpleaños, Ryuko! - Akane se lanzó a abrazarla.
- ¿Es el cumpleaños de Ryuko? - preguntó emocionada Sumire a Jisei.
- Si... vamos a felicitarla.
Sumire se levantó tan deprisa que tropezó con las patas de la mesa y cayó al suelo provocando la risa de Jisei.
- ¿Pero Sumire, que haces?
- Nada, estoy bien... el suelo que quería darme un beso.
Todo el mundo fue a felicitarla. Ryuko se sentía muy emocionada. Chouji esperó pacientemente a que la fueran dejando. Cuando al fin la vio libre se acercó a ella.
- Feliz cumpleaños, Ryuko.
- Gracias Chouji.
- Yo... te he traído un regalo, es una tontería, espero que lo aceptes - le ofreció una caja envuelta en papel de regalo dorado.
- ¿Es para mi?
- No - intervino Akane - Es para mi, pero te lo puedes quedar tu... ¡vamos pava! ¡ábrelo!
- No. Lo abriré en la hora del almuerzo ¿comeréis con nosotras, verdad?
- Pues claro.
Ryuko estaba feliz. Ahora si que se sentía importante. Llevaba unos días bastante deprimida pensando que ella no servía para nada y que solo era una molestia para todos los demás pero ahora se sentía valiosa.
- Jisei tengo que contarte algo. Antes he tenido como una visión. No se si era un sueño o una alucinación... era algo muy raro... he hablado con mi abuela.
- Será que la hechas mucho de menos.
- Pero es que me mostraba el mundo sin mí.
- ¿El mundo sin ti? ¿Eso existe? - preguntó Sumire.
- He visto como seríais si yo no hubiera existido... ¡Jisei, cuanto me alegro de que no seas una pija!
- ¿Yo era una pija?
- Y no eras amiga de Akane, ni de Ten-Ten, eras amiga de las Barbie-girl
- ¿Yo? ¿Una de las Barbie? ¿Y mi cerebro regia?
- Además te liabas con Iruka... ya ves que tontería.
- Pues si que es tonto, si - decía Akane mirando de reojo a Jisei.
- Y te ibas a escapar con él y todo.
- ¿Eso era una alucinación o el culebrón de la mañana? - ironizó Shikamaru - A lo mejor te dormiste viendo la tele.
- Y Akane era novia de Shino y le besaba y no veas como.
- O a lo mejor has olido pegamento - continuó en el mismo tono Shikamaru - Dicen que se alucina igualmente.
- Y tú, Shika, salías con Temari pero te faltaba algo.
- ¿Sentido común? - ironizó ahora Akane - ¡Ah, no! Eso es lo que le faltaba a Temari.
- Y no discutías con Akane, tampoco erais amigos, erais indiferentes el uno con el otro... era muy triste, pero lo peor ha sido Chouji... ¡Chouji, no dejes nunca de comer entre horas! ¿vale?
- ¿Eh? Bueno, vale.
- He descubierto que la vida es muy bonita... es rara pero es mi vida y creo que merece la pena estar viva.
Nadie comprendía nada y se preguntaban que habría soñado para decir todas aquellas incongruencias, pero bueno, daba igual porque se la veía feliz y radiante como pocas veces.
Ryuko pasó la mañana preguntándose que sería lo que aquel papel dorado envolvería, se sentía muy nerviosa e intrigada pero se aguantó las ganas de abrirlo, incluso durante la comida, a los pies de un árbol, siguió sin hacerlo.
- ¡Ya hemos comido! - exclamó de pronto Sumire - ¡Venga, por dios, abre de una vez el regalo!
- No seas cotilla - la recriminó Ten-Ten - Tú ábrelo cuando quieras ¡pero que sea pronto!
- Mira que las chicas sois curiosas - comentó Kankuro.
- Como si tú no te murieras de curiosidad - añadió Jisei.
- Es un poco... como que da corte abrirlo delante de todo el mundo - habló Shino.
- Que corte ni corte - intervino Akane - Los regalos son para abrirlos y si son de un chico su obligación en hacerlo delante de sus amigas.
- Vale, vale, voy a abrirlo.
Ryuko comenzó a desenvolverlo rompiendo el papel, Chouji la miraba nervioso.
- ¡Es precioso! - gritó emocionada Sumire al ver lo que era: un joyero de madera con mariposas grabadas.
- Mi padre me ayudó - dijo Chouji con bastante vergüenza.
- Las mariposas tienen que ver con su nombre - explicó Shikamaru.
- ¿Lo has hecho tú? - le interrogó Akane.
- ¡Como mola! - exclamó Kiba - Menudo artista estas hecho.
- Eres un fiera - añadía Kankuro.
- Es... - Ryuko se sentía como acalorada, seguramente estaría roja como un tomate - Es precioso.
- Es divino - dijo Jisei - Y lo mejor es que lo ha has hecho tu. Es todo un detalle Chouji.
- ¡Que bonito, que bonito! - continuaba emocionada Sumire - Se me ponen los pelillos de punta de la emoción. Mirad como es verdad, como escarpias.
- Yo estoy tan emocionada que creo que se me van a escapar las lagrimillas - decía Ten-Ten.
- Pues si que os ponéis tontas pronto - se quejó Kankuro.
- Tu calla, insensible - le apremió Jisei - Lo bonito es que se lo ha hecho él para ella, pensando en ella.
- ¿De veras te gusta? - preguntó tímidamente Chouji.
- Esto - Shikamaru se puso en pie - Creo que este momento necesita algo de intimidad ¿no?
- ¡Ah, si, claro! - dijo Jisei también levantándose.
- Uy si... anda Kiba... vamos a... jugar a la pelota - Ten-Ten se levantó tirando de su compañero.
- ¿Dónde vais todos? - preguntó Ryuko.
- Al servicio - contestó Sumire - ¿Quien me acompaña?
En ese momento Sasuke se acercó a ellos.
- Hola ¿os vais?
- Es que ya sabes, las chicas vamos en grupo al servicio - respondió Akane - ¿Querías algo?
- Bueno si, yo quería proponerte algo, Akane.
- ¿A mi?
- Bueno y a todos. Es que… ya hace bastante calor ¿no?
- ¿Quieres que nos desnudemos? - rió Kankuro.
- ¿Tu tienes calor, Akane? - dijo Shikamaru con un tono bastante burlón.
- ¿Un concurso de camisetas mojadas? - volvió a hablar Kankuro, Jisei le propinó una colleja - ¡Ahu!
- Quería invitaros a que vengáis mañana a mi casa a pasar la tarde, hemos preparado la piscina y podríamos refrescarnos.
- ¿Nos invitas a tu casa? - Sumire se acercó mucho a él mirándole fijamente - ¿Tienes piscina?
- ¿A la mansión de los Uchiha? - añadió extrañadísima Ten-Ten.
- ¿Quieres fardar de piscina? - preguntó Kiba algo molesto.
- No. Solo pensé que sería agradable.
- ¿Y tus padres? - se interesó Jisei.
- Ya se lo comenté. No hay problema, ellos no van a estar. Mi hermano tampoco. Solo me piden que nos portemos educadamente.
- Eso excluye fiestas salvajes, Kankuro - Jisei le dirigió una mirada severa.
- ¿Estas seguro que quieres invitarnos a todos? - Shikamaru continuaba con su tono burlón.
- Voy a invitar también a Sakura, Ino y Naruto ¿os molesta?
- No claro - habló Akane - Es tu casa ¿Pero de verás nos quieres invitar?
- Piénsalo Uchiha - inquirió Shikamaru - A lo mejor no quieres invitar a tanta gente.
- ¿Podemos ir todos? - se apresuró a preguntar Sumire - ¿Puedo ir yo? ¿Y Ten-Ten?
- No - interrumpió Kiba - Ten-Ten no puede ir.
- ¿No puedo ir?
- No porque... has quedado conmigo.
- ¿He quedado contigo?
- Claro ¿no te acuerdas? Dijiste que cuando fuera a ir a algún criadero vendrías conmigo.
- Cachorro malcriado - comentó Shino.
- ¡Ostras Shino! - gritó Kankuro - Estas tan callado que se me había olvidado que estas aquí.
- Pero Shikamaru si puede ir ¿verdad Shika? - decía Kiba palmeando la espalda del mencionado.
- Claro, no me puedo perder ver a Akane en bikini - Shikamaru sonrió y se puso al lado de Akane pasando su brazo por los hombros de la chica - No queremos perdérnoslo ¿verdad?
- Yo no puedo ir - se apresuró Jisei al ver como los dos chicos se dirigían unas miradas heladoras - Tengo que ir al Templo.
- Yo también tengo cosas que hacer - añadió Shino.
- ¿Que cosas? - le interrogó Kiba.
- Cosas.
- Yo si iré - dijo Kankuro - No molestaré, supongo.
- ¿Y vosotros? - Sumire se dirigió a Chouji y Ryuko.
- Eso ya se verá, a lo mejor ellos tienen otros planes - contestó Shikamaru.
- Pero tú si vendrás ¿no? - preguntó Sasuke a Akane.
- Claro, Me parece una gran idea, odio el calor, estoy deseando darme un baño y soy bastante abusona, no me lo tienes que repetir dos veces.
- Bien - sonrió Sasuke.
- ¿No se extrañará Sakura de que nos invites a nosotros? - de pronto esa idea había asaltado la mente de Akane.
- No, porque les he dicho que después de la convivencia y tratarte me caes muy bien.
- ¿Pero yo puedo ir? - insistió Sumire.
- Claro. ¿Sabéis dónde esta mi casa?
- Ven machote - dijo Shikamaru cogiéndole de la nuca - Cuéntanoslo por el camino, tenemos que dejar a esta parejita a solas, venga, vamos todos, recoged vuestras cosas.
Chouji y Ryuko les vieron marcharse.
- Esto... Ryuyo... yo, yo quería proponerte algo.
Un enrojecimiento podía verse en las orejas de Chouji, Ryuko comenzó a sentirse intranquila.
- ¿Sucede algo malo?
- No, es que yo he estado pensando que tu y yo... que... en fin... que nos conocemos bastante... tú me conoces, ya sabes como soy y creo que tienes que saber que tú... que tu me gustas... creo haberlo dicho en más de una ocasión.
- Bueno, tú también me gustas.
- Pero yo me refiero a gustar de... Ryuko quiero que salgamos juntos... como pareja... ya está, ya no he dicho, no era tan difícil. Me gustas Ryuko y creo que estamos haciendo un poco el tonto y deberíamos salir de una vez y dejarnos de miraditas y esas cosas.
El corazón de Ryuko comenzó a palpitar de forma acelerada.
- Ahora supongo que a lo mejor quieres burlarte de mi... puedes hacerlo sin problema, ya estoy acostumbrado a que las chicas os burléis de mi.
Ryuko no sabía exactamente que decir, aquel arrebato de Chouji la había dejado sin habla, ella estaba acostumbrada a que se comportara siempre de forma recatada y sin embargo ahora lo soltaba todo de golpe, casi sin respirar.
- Sabía que no te reirías de mi - continuó algo abatido Chouji - Tu no eres de las que hacen eso. No te preocupes, te lo pondré fácil: somos amigos, muy amigos y estamos bien siendo amigos, mejor olvidemos esto y sigamos siendo amigos.
- No - dijo de improviso la chica haciendo que Chouji la mirase confundido. Ryuko tragó saliva, tenia que ser fuerte y dejarse de timideces e inseguridades ridículas - Quiero salir contigo, de hecho estaba deseando que me lo pidieses.
La expresión de la cara de Chouji cambió en unas décimas de segundo.
- ¿Quedamos mañana?
- ¿Para ir a la casa de Sasuke?
- No... tú y yo solos.
- De acuerdo, no me gustan las piscinas, no me gusto en bañador y no se nadar.
Misaki abrió los ojos y lo primero que vio fue un techo blanco. Se sentía débil y mareado y le dolía la garganta y el estómago. Notó que tenía algo en el brazo, miró, por lo que se veía no estaba muerto, a no ser que a los muertos les pusieran suero o lo que fuera aquella bolsa que goteaba lentamente.
- ¿Cómo te encuentras? - oyó una voz que le resultó familiar. Dirigió su mirada hacía dónde provenía - Menudo susto le has dado a todo el mundo - continuó hablando Sai sentado en una silla cerca de la cama.
- ¿Sai? ¿Que haces aquí?
- Si, soy yo. Me han pedido que me quedase aquí. Ya han avisado a tu madre pero parece ser que no puede venir aún.
- ¿Qué han avisado a mi madre? ¿Por qué? ¿Que hago aquí? ¿Me trajiste tú?
- No. Yo solo llamé a la ambulancia.
La puerta de la habitación se abrió y una mujer que para Sai resultaba muy conocida entró, éste se levantó para saludarla.
- Señora Namikaze, buenos días.
- Buenos días Sai - saludó la madre de Naruto - Gracias por quedarte aquí. Ya he hablado con la directora del instituto para justificar tu ausencia. Bien - dijo sonriendo a Misaki - Veo que te has despertado ya. Yo soy Kushina Namikaze, psicóloga del hospital y supongo que tú eres Misaki Hanakiri ¿no? ¿Cómo te encuentras?
- Fatal.
- Me imagino. Te han tenido que hacer un lavado de estómago. No te asustes, no estoy aquí para recriminarte nada pero dime ¿eras consciente de las pastillas que te tomaste?
Misaki sentía la cabeza embotada y las imágenes de lo que había pasado se agolpaban todas a la vez.
- Estabas a punto de suicidarte cuando él te detuvo - dijo señalando a Sai ante la expresión de desconcierto de Misaki, quien de golpe recordó todo lo sucedido. Miró a Sai.
- De nada - sonrió Sai, esperando agradecimiento de parte del chico.
- ¿Por qué…? – balbuceó Misaki mientras su mirada se nublaba por las lágrimas.
- ¿Cómo que "por qué"? Por haberte salvado la vida - contestó Sai volviendo a sonreír.
- ¿Por qué me detuviste? – Misaki comenzó a llorar; sentía rabia e impotencia mezclada con tristeza y confusión.
Sai le miró muy confundido, se suponía que él había hecho algo bueno, le había salvado la vida, debería estarle agradecido.
- Yo solo quería que todo acabase. Solo quiero dejar de sufrir ¡Y ahora encima me tomaran por loco! - la voz de Misaki era triste y muy amarga.
- Tranquilízate Misaki - habló la doctora - Yo estoy aquí para ayudarte, no vas a estar solo.
- ¿Por qué me detuviste? ¿Por qué? - gritó con resentimiento.
- Si quieres pegarle lo haces cuando salgas del hospital - habló la psicóloga sin dejar de sonreír.
- ¿Me tiene que pegar después de lo que he hecho? - comentó Sai cada vez más confuso.
- ¿No crees que si se intentó suicidar, era porque quería morir?- habló de nuevo Kushina de forma monótona.
- Pero entonces ¿debía haberle dejado tirarse?
- Mira Sai, cuando una persona no quiere vivir normalmente es por algo. Tú no sabes que tipo de vida es la que Misaki lleva para haber querido acabar con ella ¿Por qué le detuviste, Sai? - preguntó con dulzura.
- Porque debía hacerlo, fue… un impulso - Se giró hacia Misaki - Perdón por detener tu muerte.
-¿Estás conciente de que él quería morir y tu impediste que lograra lo que deseaba y que al hacerlo has prolongado su sufrimiento?- Preguntó con calma Kushina.
Sai suspiró y contestó con fastidio afirmativamente moviendo la cabeza.
- ¡Perfecto! - exclamó Kushina – Pues, Sai, ya que es tu culpa que él esté vivo me parece que ahora la vida de Misaki te pertenece - explicó con una sonrisa radiante y muy confiada - Desde ahora es tu responsabilidad.